
El 28 de junio de 1789, en un contexto marcado por las preocupaciones morales y el control del orden público propio del final del Antiguo Régimen, el Alcalde mayor primero, José Pinto Cebrián elevó un escrito al monarca Carlos IV solicitando la supresión de las ferias que se celebraban en Córdoba, entre ellas la tradicional feria de ganado. Este documento constituye un testimonio revelador de las tensiones existentes entre las prácticas festivas populares y las autoridades civiles y eclesiásticas de la época.
Las ferias de ganado, además de su evidente función económica como espacios de intercambio comercial, eran también puntos de encuentro social que congregaban a gentes de muy diversa procedencia. En ellas no solo se negociaban reses, sino que se desarrollaba una intensa vida paralela marcada por el ocio, el consumo de alcohol, los juegos y otras actividades que, a juicio de ciertos sectores, derivaban con frecuencia en altercados, excesos y comportamientos considerados inmorales.
Es precisamente este clima el que motiva la petición de José Pinto Cebrián, quien en su escrito denuncia los “escándalos” que se producían durante la celebración de dichas ferias. Bajo este término se englobaban realidades diversas: riñas, desórdenes públicos, prácticas consideradas indecorosas e incluso situaciones que podían poner en riesgo la seguridad y la moral colectiva. La solicitud de supresión no debe entenderse únicamente como una medida puntual, sino como parte de una tendencia más amplia en la política ilustrada, orientada a la regulación de las costumbres y a la imposición de un mayor control social.
El reinado de Carlos IV coincidió, además, con un periodo de transición en el que las ideas reformistas convivían con estructuras tradicionales. En este sentido, la petición de suprimir las ferias refleja también el intento de las élites de imponer un modelo de comportamiento más disciplinado, frente a unas manifestaciones populares que escapaban en gran medida a su control.
No obstante, la posible suspensión de la feria de ganado no solo implicaba consecuencias en el plano moral o social, sino también en el económico. Estas ferias constituían un elemento fundamental para la economía local y comarcal, facilitando el comercio de ganado y el sustento de numerosos sectores. Por ello, cualquier intento de eliminación generaba inevitablemente tensiones entre quienes priorizaban el orden y la moral pública y aquellos que dependían de estas actividades para su subsistencia.
En definitiva, el escrito de 1789 pone de manifiesto un conflicto característico de su tiempo: el enfrentamiento entre la cultura popular festiva y los esfuerzos de las autoridades por regularla, ofreciendo una valiosa ventana para comprender la sociedad cordobesa de finales del siglo XVIII. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-

fotografia del documento envíado al Rey Carlos IV,