
Estos cañones apuntan al sureste, hacia Reino de Granada, probablemente como símbolo del papel defensivo que jugaron los los Gutiérrez de los Ríos en la defensa de Castilla
El 24 de junio de 1657, en pleno conflicto entre la monarquía hispánica y la Inglaterra de Cromwell, el almirante inglés Robert Blake, uno de los marinos más temidos de su tiempo, intentó forzar la entrada en el puerto de Cádiz al mando de una escuadra que poco antes había hostigado las costas de Málaga. Su objetivo era claro: interceptar y capturar los preciados galeones de la Flota de Indias que regresaban de América cargados de oro, plata y otros productos coloniales.
Sin embargo, Blake se topó con una férrea resistencia encabezada por el cordobés Diego Gutiérrez de los Ríos y Guzmán, II conde de Fernán-Núñez, gobernador de Sanlúcar de Barrameda y jefe principal de las galeras de la costa andaluza. Gracias a su rápida intervención y conocimiento estratégico del litoral, el conde frustró el intento de desembarco inglés, obligando a la escuadra enemiga a retirarse.
No satisfecho con la defensa del puerto, Gutiérrez de los Ríos ordenó perseguir a la flota inglesa, que ya había alcanzado una flotilla de galeones procedentes del Nuevo Mundo. En una arriesgada acción naval, las galeras españolas interceptaron y atacaron a los ingleses, logrando salvar el valioso cargamento de los galeones y capturar varias naves enemigas. El enfrentamiento supuso una importante derrota para los británicos, en la que el propio Robert Blake resultó herido de gravedad, falleciendo días después antes de poder regresar a Inglaterra. Esta fue una de las pocas derrotas significativas de su carrera naval, y un golpe para la marina inglesa.
Como trofeo de aquel episodio, el conde de Fernán-Núñez llevó a su villa natal un cañón y ocho bombardas capturadas en combate, que fueron conservadas durante más de un siglo como símbolo del valor y la defensa del imperio español. Estas piezas artilleras se custodiarían en una de las dependencias del antiguo castillo de Fernán-Núñez, donde se convirtieron en parte de la memoria colectiva del pueblo.
Sin embargo, el devastador terremoto de Lisboa de 1755, que afectó seriamente buena parte del suroeste peninsular, provocó el derrumbe parcial del castillo. Años más tarde, durante la construcción del nuevo palacio neoclásico de Fernán-Núñez, erigido por Carlos José Gutiérrez de los Ríos, VI conde y I duque de Fernán-Núñez y biznieto del vencedor de Blake, aquellas piezas fueron empotradas en una de las torres del nuevo edificio, conservándose hasta hoy como un singular testimonio de aquel episodio heroico en defensa de la soberanía de la Monarquía Hispánica. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-
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Dime
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