[REQ_ERR: SSL] [KTrafficClient] Something is wrong. Enable debug mode to see the reason. Osio de Córdoba – Cosas de Cordoba

Osio de Córdoba

Fachento de la pintura de Osio del pintor Ángel María de Barcia, que se encuentra en el Museo Diocesano de Córdoba

Osio de Córdoba fue el obispo que marcó el rumbo del cristianismo

Osio nació de Córdoba en 256 y murió en Sirmio (actual Sremska Mitrovica, Serbia) en 357. Se cree que provenía de una familia acomodada, lo que le permitió recibir una formación sólida en teología y retórica. Fue elegido obispo de Córdoba en torno al año 295, convirtiéndose en una de las figuras eclesiásticas más influyentes del cristianismo del siglo IV, tanto en Hispania como en el Imperio Romano.  Obispo de la ciudad durante más de medio siglo y consejero espiritual del emperador Constantino el Grande.

Su papel histórico está íntimamente ligado al Concilio de Nicea, el primero de carácter ecuménico en la historia de la Iglesia. Convocado por Constantino para resolver la crisis provocada por el arrianismo —doctrina que negaba la divinidad eterna de Cristo—, Osio presidió las sesiones en nombre del emperador y fue uno de los principales defensores de la fórmula “consubstancial al Padre” para definir la naturaleza de Cristo, que quedó recogida en el Credo Niceno, que el mismo redacto.

Antes de ese momento decisivo, Osio ya había mostrado su relevancia. Según algunas fuentes, asistió al primer Concilio de Elvira en Hispania, donde se fijaron normas disciplinarias pioneras para la Iglesia. Su prestigio era tal que Constantino lo escogió como mediador en disputas teológicas por todo el imperio.

Tras la muerte de Constantino, su hijo Constancio II favoreció el arrianismo. Osio, ya muy anciano, se negó a firmar cualquier condena contra Atanasio de Alejandría, uno de los principales defensores de la ortodoxia nicena.

Por esta resistencia, fue desterrado a Sirmio. Algunos relatos indican que, bajo presiones extremas y con más de 100 años, firmó una fórmula de fe ambigua, aunque su postura general fue de oposición a la herejía arriana. Regresó a Córdoba poco antes de morir hacia el 357, probablemente con más de un siglo de edad.

En Córdoba, su memoria ha perdurado como símbolo de fe, integridad y liderazgo intelectual. Aunque no fue declarado oficialmente santo por la Iglesia católica, como si lo hizo la Iglesia ortodoxa, es venerado localmente y recordado como el gran obispo que llevó la voz de Córdoba a decidir el rumbo del cristianismo universal.

La ambigüedad de los testimonios hizo que su figura fuera vilipendiada durante siglos, con una auténtica damnatio memoriae en la historiografía eclesiástica. Solo a partir del siglo XIX, con estudios como los de Menéndez Pelayo, comenzó su rehabilitación. Hoy, la Iglesia ortodoxa lo venera como santo y la diócesis de Córdoba ha solicitado su recuperación como tal ante el Dicasterio de las Causas de los Santos, que desde 2019 estudia su caso.

Osio de Córdoba dejó una huella profunda en la historia: Fue mediador clave entre la Iglesia y el Imperio Romano. Presidió el concilio que definió la doctrina trinitaria. Su figura simboliza la defensa de la ortodoxia frente a presiones políticas. En Córdoba, su memoria ha inspirado templos, calles y estudios históricos. Es recordado como uno de los grandes arquitectos del cristianismo universal, aunque nunca fue canonizado oficialmente. En la historia de la ciudad, Osio representa la primera gran figura cordobesa de proyección internacional, un hombre cuya influencia cruzó fronteras y siglos. Soledad Carrasquilla caballero. sccc.-

Monumento al Obispo Osio en la plaza de Capuchinas de Córdoba, realizado por el escultor Lorenzo Coullaut Valera