[REQ_ERR: COULDNT_RESOLVE_HOST] [KTrafficClient] Something is wrong. Enable debug mode to see the reason. Matanza en el pueblo cordobés de Palma del Río. – Cosas de Cordoba

Matanza en el pueblo cordobés de Palma del Río.

La matanza del corralón de Félix Moreno Ardany en Palma del Río

El 27 de agosto de 1936, apenas un día después de la entrada de las tropas sublevadas en Palma del Río, se produjo uno de los episodios más sangrientos de la Guerra Civil en esta localidad cordobesa.

Las tropas mandadas por el comandante Manuel Baturone Colombo, integradas en las fuerzas que avanzaban por la provincia bajo el mando del general Queipo de Llano, habían tomado Palma del Río durante la mañana. Con ellas entraron también algunos de los principales propietarios y terratenientes de la localidad, entre ellos Félix Moreno Ardanuy, uno de los hombres más poderosos de la población.

La conquista militar dio paso inmediatamente a una represión organizada contra una parte de la población considerada vinculada al republicanismo, al movimiento obrero o simplemente sospechosa de no ser afecta al nuevo poder.

Según los testimonios recogidos por diferentes investigaciones, aquel día se ordenó que los vecinos se concentraran en la plaza del Ayuntamiento. Muchos acudieron creyendo que se trataba de una medida destinada a restablecer el orden después de los combates.

Pero lo que ocurrió después fue muy diferente. Las personas fueron sometidas a una selección. Algunos vecinos considerados «de orden», propietarios o personas con relaciones con los nuevos dirigentes, pudieron ser apartados y salvar la vida. Otros fueron separados de las filas y conducidos en grupos hacia el denominado «corralón de Félix Moreno», situado junto al antiguo Palacio de los Portocarrero y próximo al Ayuntamiento.

Allí comenzaron los fusilamientos. Los testimonios hablan de ametrallamientos por grupos, y de personas que fueron asesinadas sin que previamente hubieran sido sometidas a un juicio. Después, los cadáveres fueron cargados en camiones y trasladados hasta el cementerio, donde fueron enterrados en fosas comunes.

Durante décadas permaneció en la memoria de los habitantes de Palma del Río la cifra de más de 300 muertos, e incluso se habló de 500 víctimas. Una historia local publicada posteriormente recoge que «más de 300 personas» fueron asesinadas aquel 27 de agosto en Palma del Río, en corralones de su propiedad y la orden de fusilamiento fueron dadas directamente por el terrateniente Félix Moreno Ardany

El recuerdo de aquella jornada permaneció durante décadas en la memoria colectiva de Palma del Río.

La violencia no afectó únicamente a personas con una militancia política concreta. Las investigaciones señalan que entre las víctimas hubo jornaleros, trabajadores del campo, artesanos, comerciantes y vecinos de diferentes profesiones, además de personas procedentes de otras localidades que se encontraban en Palma del Río. Las listas de víctimas conservadas muestran precisamente esa diversidad social.

De ahí que quedara grabada en la memoria de muchas familias palmeñas la sensación de que ninguna familia obrera había quedado al margen de la tragedia.

Padres, hijos, hermanos y maridos desaparecieron en aquellas jornadas, dejando a numerosas familias en una situación de absoluta indefensión.

La represión continuó después de los asesinatos del 27 de agosto. Hubo nuevas detenciones, consejos de guerra y ejecuciones durante los años siguientes. La documentación histórica recoge, por ejemplo, fusilamientos derivados de consejos de guerra todavía en 1939.

La figura de Félix Moreno Ardany aparece estrechamente vinculada en las fuentes locales al lugar donde tuvieron lugar los fusilamientos.

El corralón era de su propiedad y estaba situado en las inmediaciones del Ayuntamiento. Las investigaciones históricas confirman que allí fueron conducidas las personas seleccionadas para ser ejecutadas.

Testimonios y relatos locales se ha señalado al propio Félix Moreno como responsable directo o instigador de las ejecuciones, quién ordenó cada ejecución.

Lo ocurrido en Palma del Río no puede entenderse únicamente como una consecuencia espontánea de los combates.

La toma militar de la población fue seguida por una política represiva destinada a eliminar o neutralizar a quienes podían ser considerados enemigos políticos y sociales del nuevo poder.

La selección de los vecinos, su concentración en la plaza, el traslado al corralón, los fusilamientos y el posterior traslado de los cadáveres al cementerio constituyeron una cadena de actuaciones que sembró el terror entre la población.

Y el terror tenía también un efecto político: no solamente mataba a quienes eran considerados enemigos; aterrorizaba a todos los que quedaban vivos.

Las familias aprendieron que cualquier relación con el movimiento obrero, cualquier antigua militancia republicana o incluso una simple denuncia podía convertirse en una sentencia de muerte.

Durante muchos años, hablar de aquellos asesinatos resultó extremadamente difícil.

Los registros civiles tampoco reflejan necesariamente la totalidad de las víctimas. Algunas inscripciones se realizaron años después y otras fueron reclamadas por familiares décadas más tarde, lo que explica parte de las diferencias entre las cifras documentales y las transmitidas por la memoria de los vecinos.

Por eso, la historia del 27 de agosto de 1936 no es solamente la historia de una matanza.

Es también la historia de cientos de familias que durante décadas conservaron los nombres de sus muertos en la memoria.

El antiguo corralón de Félix Moreno Ardany quedó convertido así en uno de los lugares más dolorosos de la memoria histórica de Palma del Río.

Aquel día, en un espacio situado a escasos metros del Ayuntamiento donde se reorganizaba el poder municipal, cientos de personas fueron asesinadas.

Mientras unos ocupaban de nuevo las instituciones, otros eran conducidos al corralón.

Y entre ambos lugares quedó una de las páginas más trágicas de la historia contemporánea de Palma del Río.

La historia de Palma del Río no puede comprenderse sin recordar también a quienes fueron víctimas de aquella violencia y aquellas palaras de Félix Moreno Ardanuy : -¡mis toros!- Han matado mis toros. Mataré a diez de ellos por cada animal que hayan sacrificado. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-

Palacio de los Portocarrero en Palma del Rio 

Félix Moreno Ardanuy