
A mediados del siglo IX, en el contexto de la expansión marítima andalusí, un grupo de navegantes procedentes de la localidad de Pechina emprendió una expedición que los llevaría a establecer uno de los enclaves más singulares de la presencia andalusí en Europa occidental. Tras arribar al golfo de Saint-Tropez, en la región de Provenza, remontaron el curso del Ródano y llevaron a cabo incursiones sobre importantes núcleos como Arlés y Fréjus, extendiendo sus acciones por Marsella, el Valentinois y el Viennois. Finalmente, se asentaron de forma estable en un territorio que denominaron Farajšanit, conocido en las fuentes latinas como Fraxinetum.
Desde este enclave, identificado con la actual La Garde-Freinet, los andalusíes construyeron una fortificación que les permitió consolidar su dominio y proyectar su influencia hacia el interior. En poco tiempo lograron controlar enclaves estratégicos como Toulon, Niza e incluso alcanzar Grenoble. Este asentamiento no solo tenía un carácter militar, sino también económico y cultural, configurándose como una especie de “isla” dentro del mundo franco, tal como reflejan algunos mapas andalusíes de la época. El territorio bajo su control incluía además zonas como Saint-Tropez y la península de Ramatuelle.
Según el geógrafo Ibn Hawqal, los habitantes de Fraxinetum no se limitaron a la actividad militar, sino que desarrollaron prácticas agrícolas y pesqueras, introduciendo innovaciones desconocidas hasta entonces en la región. Este dato refuerza la idea de que no se trataba únicamente de un enclave de saqueo, sino de una auténtica colonia con vocación de permanencia.
En el año 931, el rey Hugo de Arlés emprendió una ofensiva contra Fraxinetum con apoyo de una flota bizantina. El uso del temido fuego griego permitió superar la resistencia naval andalusí, facilitando la toma del enclave. Sin embargo, lejos de suponer el fin de su presencia, los andalusíes lograron negociar su continuidad, convenciendo al monarca de la utilidad estratégica de su alianza en el complejo tablero político del momento.
A partir de entonces, ampliaron notablemente su radio de acción, penetrando en los Alpes y controlando pasos clave entre Borgoña e Italia. Sus incursiones alcanzaron territorios como Embrun y Grésivaudan, extendiéndose incluso al Piamonte, donde destruyeron monasterios como el de Oulx y amenazaron ciudades como Asti y Acqui. También atacaron la abadía de San Galo y establecieron posiciones avanzadas en el Valais suizo, como en el actual San Mauricio. Este dominio de rutas alpinas les otorgó una gran capacidad de influencia y control del tránsito comercial y militar. Aunque no existen cifras exactas, se estima que el número de esclavos capturados y exportados desde Fraxinetum pudo alcanzar cifras muy elevadas.
En el ámbito diplomático, destaca la misión de Juan de Gorze, enviado en 956 por el emperador Otón I ante el califa Abderramán III, con el objetivo de frenar las incursiones procedentes de Fraxinetum. Este episodio pone de manifiesto la conexión del enclave con el Califato de Córdoba. De hecho, el historiador Ibn Hayyan menciona que, en 939, tras acuerdos entre Abderramán III y líderes francos, se remitió copia de los tratados a Nasr ibn Ahmad, comandante de Farajšanit, lo que sugiere una cierta subordinación o al menos vinculación política con el poder omeya.
El episodio que marcó el principio del fin tuvo lugar en 972, cuando los andalusíes capturaron al abad de Cluny. Este hecho provocó una fuerte reacción entre la nobleza local, que organizó una coalición liderada por el conde de Provenza, Guillermo I de Provenza, junto a otros señores como Arduin Glaber. Tras varios intentos fallidos anteriores, la ofensiva definitiva culminó en la batalla de Tourtour en el año 973, donde los andalusíes fueron derrotados y expulsados definitivamente de la región. Para entonces, aquel pequeño grupo inicial había crecido considerablemente, consolidando durante décadas una presencia sorprendentemente duradera en territorio europeo.
A pesar de su desaparición, el recuerdo de Fraxinetum perduró como un episodio singular de contacto, conflicto e intercambio entre el mundo islámico y el cristiano en la Europa medieval. Un último intento de repetir una empresa similar tuvo lugar en 1047, cuando otro grupo andalusí atacó las islas Lérins, cerca de Cannes, aunque sin lograr el éxito ni la permanencia de sus predecesores. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-
Acuarelas de Farajšanit
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