[REQ_ERR: SSL] [KTrafficClient] Something is wrong. Enable debug mode to see the reason. Luis de Góngora y Argote – Cosas de Cordoba

Luis de Góngora y Argote

El poeta mayor de Córdoba

El día 23 de mayo de 1627 moría en Córdoba Luis de Góngora y Argote, una de las figuras más altas de la poesía española y universal, máximo representante del Siglo de Oro y creador de una de las corrientes literarias más influyentes de la lengua castellana: el culteranismo o gongorismo.

Había nacido también en Córdoba, el 11 de julio de 1561, en la calle de Las Pavas, en una casa propiedad de su tío Francisco de Góngora, racionero de la Catedral, situada en el lugar que hoy ocupa el número 10 de dicha calle.

Era hijo de Francisco de Argote, juez de bienes confiscados por el Santo Oficio de Córdoba, y de Leonor de Góngora, perteneciente a una familia hidalga y culta de la ciudad.

La Córdoba en la que nació Góngora era todavía heredera del esplendor intelectual del Renacimiento andaluz y de la profunda huella humanista que convivía entre conventos, iglesias, palacios y la poderosa Catedral levantada dentro de la antigua mezquita omeya.

Desde joven mostró una inteligencia brillante y un carácter complejo. Las crónicas lo describen durante su juventud como hombre alegre, aficionado a las fiestas, libertino en algunos aspectos de su vida e incluso pendenciero. Gustaba de los naipes, de la música, de las reuniones sociales y del ingenio verbal, cualidades que más tarde aparecerían reflejadas tanto en su poesía satírica como en sus letrillas populares.

Estudió en Salamanca, donde profundizó en las humanidades clásicas y comenzó a adquirir la sólida formación latina que marcaría toda su obra. Muy pronto empezó a destacar como poeta dentro de los círculos cultos de su tiempo.

Su producción poética abarca romances, sonetos, letrillas, composiciones satíricas y grandes poemas mayores que revolucionaron para siempre la literatura española.

Con el tiempo se convirtió en el máximo exponente de la corriente literaria que más tarde recibiría el nombre de culteranismo o gongorismo, caracterizada por: el uso de metáforas complejas, abundantes cultismos latinos, hipérbatos extremos, musicalidad refinada, y una extraordinaria riqueza sensorial y estética.

La influencia de Góngora fue inmensa. Su obra sería imitada no solo en España, sino también en Europa y América, especialmente en la poesía barroca hispanoamericana. Como si se tratara de un autor clásico latino, sus poemas comenzaron a ser comentados, analizados y objeto de exégesis ya en vida del propio poeta.

En 1603 se encontraba en la corte, trasladada entonces a Valladolid, buscando mejorar su siempre difícil situación económica. Allí escribió algunas de sus más célebres e ingeniosas letrillas y consolidó amistad con el poeta antequerano Pedro Espinosa.

Fue también en esos años cuando surgió la famosa enemistad literaria con Francisco de Quevedo, uno de los enfrentamientos intelectuales más célebres de la literatura española.

Quevedo satirizó cruelmente a Góngora en numerosos poemas, burlándose de su aspecto físico, de su afición al juego y de la oscuridad de sus versos. Góngora respondió con igual dureza y brillantez verbal. Aquella rivalidad simbolizó el choque entre dos concepciones distintas del barroco literario.

Instalado definitivamente en Madrid a partir de 1617, fue nombrado capellán real de Felipe III. Sin embargo, el cargo no solucionó sus constantes problemas económicos. Su correspondencia refleja continuas deudas, enfermedades y dificultades materiales que lo acompañaron prácticamente hasta el final de su vida.

Entre sus obras mayores destacan: Soledades, Fábula de Polifemo y Galatea, numerosos sonetos, romances, y letrillas satíricas y populares.

Especialmente las Soledades provocaron una auténtica conmoción literaria en su tiempo por su complejidad estilística y audacia expresiva.

 Marcelino Menéndez Pelayo distinguió tradicionalmente dos etapas en la obra gongorina: el llamado «Príncipe de la Luz», correspondiente a una primera época más clara y accesible, compuesta por romances y letrillas admirados incluso por los neoclásicos; y el «Príncipe de las Tinieblas», surgido a partir de 1610, cuando Góngora desarrolla una poesía mucho más compleja y hermética.

Según Menéndez Pelayo, el punto de inflexión habría sido la composición de la oda A la toma de Larache, iniciándose entonces la etapa más oscura y difícil del poeta.

Durante siglos, esa parte de la obra gongorina fue duramente criticada e incluso censurada. Ignacio de Luzán llegó a considerarla ejemplo de exceso y artificio barroco.

Sin embargo, esta interpretación fue desmontada en el siglo XX por Dámaso Alonso, quien demostró que la complejidad estilística ya estaba presente desde los primeros poemas de Góngora y que su evolución hacia formas más audaces fue en realidad un proceso natural y coherente.

Dámaso Alonso devolvió así a Góngora el lugar central que merecía dentro de la literatura española.

Tras su muerte en Córdoba el 23 de mayo de 1627, el poeta cayó parcialmente en el olvido durante siglos, eclipsado por las críticas y la fama de oscuridad de su obra.

Pero todo cambió en 1927, cuando la Generación del 27 celebró el tricentenario de su muerte.

Poetas como Federico García Lorca, Rafael Alberti, Jorge Guillén, Gerardo Diego, Dámaso Alonso o Vicente Aleixandre reivindicaron a Góngora como un creador moderno, revolucionario y profundamente innovador.

Aquella generación redescubrió al poeta cordobés y lo devolvió al centro de la literatura española, limpio ya de las viejas sátiras y de la sombra de sus detractores.

No fue casual que aquel homenaje tuviera lugar en gran parte en Andalucía y Córdoba, la ciudad donde había nacido el poeta que transformó para siempre el idioma castellano.

Desde entonces, Luis de Góngora volvió a ocupar el lugar que le corresponde: el de una de las voces más originales, complejas y universales de la poesía en lengua española. Soledad Carrasquilla Caballero. Sccc.-



Urna que contiene los restos mortales de Luis de Góngora, en la Capilla de S. Bartolomé adosada al muro de la quibla de la Mezquita de Córdoba.