[REQ_ERR: COULDNT_RESOLVE_HOST] [KTrafficClient] Something is wrong. Enable debug mode to see the reason. Los Peñones de San Julián – Cosas de Cordoba

Los Peñones de San Julián

 Un lugar desaparecido de la geografía cordobesa

Entre los lugares ausentes del paisaje tradicional de Córdoba ocupan un lugar singular los Peñones de San Julián, situados históricamente en el entorno del Campo de la Verdad, junto al Guadalquivir y en las proximidades de la antigua ermita de San Julián.

Hoy resulta difícil imaginar el aspecto que tuvo aquella zona. El río ha modificado considerablemente su cauce, las obras de defensa han transformado sus orillas y las antiguas estructuras hidráulicas han desaparecido o han quedado incorporadas a un paisaje completamente diferente.

Los Peñones de San Julián formaban parte de ese paisaje fluvial. Su historia está íntimamente relacionada con la propia dinámica del Guadalquivir, que durante siglos modificó las márgenes, destruyó construcciones, desplazó sedimentos y llegó a alterar el propio recorrido del cauce.

Una antigua referencia historiográfica resulta especialmente significativa: los vestigios conocidos como Peñones de San Julián, que antiguamente se encontraban en la margen izquierda del río, quedaron posteriormente en la margen derecha debido al desplazamiento del cauce. Esta transformación fue tan importante que algunos autores llegaron a señalar que el río había destruido prácticamente todo el antiguo arrabal situado en aquella zona.

Los Peñones no fueron, por tanto, simplemente unas rocas aisladas. Constituyeron una referencia topográfica para los cordobeses y estuvieron relacionados con un amplio sistema de defensas, construcciones hidráulicas y espacios ribereños.

La denominación de Peñones de San Julián procede del antiguo espacio de San Julián, cuya memoria se encuentra documentada desde época medieval.

En sus proximidades existieron diferentes construcciones religiosas y defensivas, entre ellas la antigua ermita de San Julián, cuya historia estuvo condicionada por las continuas avenidas del Guadalquivir.

El topónimo aparece también relacionado con el denominado murallón de San Julián, estructura defensiva destinada a proteger de las crecidas las zonas próximas al Campo de la Verdad y al barrio del Espíritu Santo.

Por ello, cuando las fuentes y la tradición cordobesa hablan de los Peñones de San Julián, no están haciendo referencia exclusivamente a una formación natural. El nombre forma parte de un paisaje histórico más amplio que comprendía la ermita, el murallón, el río, los molinos y las zonas de paso.

La historia de los Peñones no puede separarse de la evolución del Guadalquivir.

El río cordobés ha experimentado importantes modificaciones de su cauce a lo largo de los siglos. Las grandes avenidas eran capaces de erosionar las orillas, arrastrar tierras y piedras, destruir defensas y modificar la configuración de los meandros.

La documentación histórica señala que el cauce llegó a desplazarse de manera considerable en esta zona. Un estudio histórico de la Córdoba califal ya señalaba que el río había modificado tanto su recorrido que algunos vestigios que antiguamente se encontraban en la margen izquierda, como los Peñones de San Julián, habían terminado situados en la margen derecha.

Este dato tiene enorme importancia para comprender la topografía histórica de Córdoba.

No debemos imaginar el Guadalquivir actual como un cauce idéntico al de los siglos medievales o modernos. Allí donde hoy se encuentra una determinada orilla, una playa fluvial o una zona de sedimentación, en épocas anteriores podía existir otro brazo del río, una isla, un molino o incluso una construcción religiosa.

Los Peñones estuvieron directamente relacionados con el espacio de la antigua ermita de San Julián.

La ermita se encontraba en el Campo de la Verdad, extramuros de la ciudad, y próxima al Guadalquivir. Su posición explica que las avenidas del río tuvieran consecuencias especialmente graves sobre ella.

La relación contemporánea describe el acontecimiento con estas palabras: “…se hundió la Puente por donde saltó el cuchillete y se hundieron dos arcos y se llevó la mitad de la casa del santero de la hermita de San Julián”.

La relación entre la ermita y los Peñones resulta, por tanto, fundamental para reconstruir el paisaje fluvial de aquel sector de Córdoba.

Una cuestión especialmente interesante es determinar exactamente qué eran los Peñones.

Las fuentes históricas y los testimonios posteriores no siempre utilizan una terminología uniforme. En ocasiones aparecen relacionados con estructuras construidas por el hombre; en otras, se describen como peñascos o formaciones situadas en el cauce.

Esto ha producido cierta confusión posterior entre los Peñones de San Julián, el murallón de San Julián y determinadas estructuras hidráulicas relacionadas con el Molino de Martos.

Lo que sí está documentado es la existencia de importantes obras de defensa en este sector del Guadalquivir.

La zona de los Peñones constituía uno de los puntos especialmente vulnerables a las avenidas. En el siglo XVIII las autoridades continuaron proyectando y ejecutando obras para impedir que el río penetrara en el Campo de la Verdad.

En 1776 se consideró urgente construir un muro de contención en la zona de los Peñones. Las obras concluyeron en 1779.

Pero la defensa volvió a demostrar sus limitaciones pocos años después.

En 1783, una nueva gran avenida rompió los muros levantados en 1779 y el Guadalquivir volvió a desbordarse por los Peñones de San Julián. El agua llegó a inundar nuevamente el Campo de la Verdad.

Los Peñones representaban uno de los puntos débiles de la defensa meridional de Córdoba.

El problema no era únicamente que las aguas inundaran algunas casas. Una avenida extraordinaria podía modificar el cauce del río y amenazar las comunicaciones entre las dos partes de la ciudad.

El puente romano constituía durante siglos la principal conexión entre Córdoba y la margen meridional del Guadalquivir.

Por esta razón, proteger el Campo de la Verdad significaba también proteger la comunicación entre la ciudad y los caminos que salían hacia el sur y al mar.

Un estudio histórico sobre las inundaciones cordobesas señala precisamente que una de las preocupaciones de las autoridades era impedir que el Guadalquivir modificara su cauce hasta el punto de dejar inutilizado el puente.

Los Peñones constituían, por tanto, un punto estratégico dentro de la defensa hidráulica de Córdoba.

Durante el siglo XVIII se sucedieron diferentes proyectos para solucionar el problema.

En 1776, el Consejo de Castilla envió a Córdoba al arquitecto Pedro Fiol para estudiar la situación y emitir un dictamen.

El resultado fue la construcción de un nuevo muro de contención en la zona de los Peñones. Las obras concluyeron en marzo de 1779.

Pero el Guadalquivir volvió a demostrar pocos años después su capacidad destructiva.

En diciembre de 1783 comenzaron unas lluvias persistentes que se prolongaron durante meses. La gran avenida posterior rompió las defensas y volvió a inundar el Campo de la Verdad. El río llegó a comportarse de manera extraordinaria, ocupando zonas que normalmente permanecían alejadas de su cauce.

La situación obligó a plantear nuevos proyectos. En 1792, bajo la supervisión de la Real Academia de San Fernando, se aprobó un proyecto para reparar y reforzar el muro de contención de la ribera derecha. El proyecto incluía también la construcción de una estacada de piedras para reforzar la defensa.

El coste previsto del muro ascendía a 500.000 reales, mientras que las reparaciones del puente fueron valoradas en otros 411.608 reales.

La historia de los Peñones está asimismo relacionada con el Molino de Martos, uno de los grandes molinos históricos del Guadalquivir cordobés.

El molino necesitaba aprovechar la corriente del río para mover sus mecanismos de molienda. Por ello, las estructuras hidráulicas situadas en su entorno tenían una importancia fundamental.

Los Peñones formaban parte del sistema fluvial que condicionaba la dirección de las aguas hacia el molino.

Testimonios del siglo XX describen cómo, antes de la transformación moderna del río, los Peñones dividían el Guadalquivir en distintos brazos.

Uno de ellos quedaba más remansado y se dirigía hacia el Molino de Martos, mientras que otro brazo presentaba una corriente más rápida por la zona de Villa Cachonda. Entre ambos brazos se formaba una pequeña isla con vegetación de ribera.

Esta descripción resulta extraordinariamente valiosa porque permite imaginar el paisaje desaparecido.

No se trataba de un río de cauce único y uniforme, sino de un espacio complejo compuesto por brazos, corrientes, remansos, islas, estructuras hidráulicas y zonas de vegetación.

La memoria de los Peñones sobrevivió mucho tiempo después de que las grandes obras hidráulicas transformasen el lugar.

Durante buena parte del siglo XX, los cordobeses acudían a este sector del río para bañarse.

Los testimonios sobre los antiguos baños del Molino de Martos recuerdan que los bañistas se dirigían hasta los Peñones de San Julián, considerados un lugar apropiado para practicar la natación.

El paisaje era muy diferente del actual. Los Peñones dividían las aguas en diferentes brazos y permitían zonas con distinta profundidad. Los bañistas podían avanzar progresivamente desde las zonas donde daba pie hacia las zonas más profundas.

El lugar adquirió así una segunda vida en la memoria popular: de elemento de defensa y referencia hidráulica pasó a ser también un espacio de ocio.

Los testimonios de antiguos cordobeses permiten reconstruir una imagen especialmente sugerente.

Entre los diferentes brazos del río se formaba una pequeña isla cubierta de vegetación.

Allí crecían juncos y otras plantas propias de los espacios húmedos. Para quienes acudían a bañarse, aquella isla formaba parte del paisaje cotidiano.

Los Peñones no eran, por tanto, solamente unas piedras que sobresalían del agua. Eran el centro de un pequeño sistema fluvial en el que se combinaban corrientes, remansos, vegetación.

Esta imagen desapareció progresivamente con las transformaciones del cauce.

Durante el siglo XX se produjeron nuevas transformaciones de la zona.

Diversos testimonios locales recuerdan la desaparición física de los Peñones como consecuencia de actuaciones realizadas sobre el cauce y las estructuras hidráulicas.

Existe, sin embargo, cierta confusión entre los testimonios acerca de si las estructuras que fueron destruidas correspondían propiamente a los Peñones, al azud del Molino de Martos o a restos del antiguo murallón de San Julián.

Algunos testimonios orales sostienen que determinadas estructuras fueron voladas con dinamita y que su desaparición modificó la corriente del río y favoreció la acumulación de sedimentos.

Otros testimonios identifican la estructura destruida con el azud del Molino de Martos, que en la memoria popular también habría quedado asociado al nombre de San Julián.

Uno de los aspectos más interesantes de los Peñones de San Julián es que su propia posición respecto al río cambió.

Los testimonios históricos señalan que determinados vestigios que originalmente estaban en la margen izquierda del Guadalquivir terminaron encontrándose en la margen derecha debido a la evolución del cauce.

Esto no significa que las piedras hubieran cruzado físicamente el río. Lo que cambió fue el río.

La erosión de una margen, la sedimentación de la otra, la formación y desaparición de brazos y meandros y las sucesivas obras humanas terminaron modificando la relación entre el cauce y los restos antiguos.

Es uno de los ejemplos más claros de cómo un río puede modificar la geografía histórica de una ciudad.

Aunque actualmente han desaparecido como elemento reconocible del paisaje, el nombre de los Peñones de San Julián permaneció en la memoria de los habitantes de Córdoba.

Todavía durante el siglo XX se utilizaba como referencia geográfica. Calles y caminos del Campo de la Verdad conducían hacia aquella zona. Algunos testimonios recuerdan que la antigua calle del Horno terminaba en los Peñones de San Julián.

El nombre sobrevivió incluso cuando el paisaje que le había dado origen había cambiado profundamente.

Este fenómeno es frecuente en las ciudades históricas: desaparecen los edificios y las estructuras físicas, pero sobreviven los topónimos.

El estudio de los Peñones tiene también interés arqueológico.

El Guadalquivir ha actuado durante siglos como agente de erosión y, al mismo tiempo, como agente de conservación y ocultación.

Las crecidas pueden destruir una estructura, pero también pueden cubrirla posteriormente con capas de sedimentos.

Por esta razón, el subsuelo y el propio cauce pueden conservar restos de estructuras que han desaparecido de la superficie.

El descubrimiento de restos relacionados con el murallón de San Julián durante las obras realizadas en 2002 demuestra la importancia de este patrimonio oculto.

Los Peñones deben estudiarse, por tanto, dentro de un sistema arqueológico más amplio formado por: el antiguo cauce del Guadalquivir; el murallón de San Julián; la ermita de San Julián; el Campo de la Verdad; los molinos; los azudes; los antiguos caminos; y las sucesivas defensas construidas frente a las inundaciones.

Las transformaciones del cauce y las actuaciones realizadas sobre las estructuras hidráulicas terminaron haciendo desaparecer los Peñones como referencia física reconocible.

Los Peñones de San Julián pueden parecer hoy un episodio menor de la historia local, pero su estudio permite comprender varios aspectos fundamentales de la evolución de Córdoba.

En primer lugar, muestran la enorme capacidad del Guadalquivir para modificar el territorio.

En segundo lugar, explican la importancia de las obras hidráulicas y de defensa realizadas durante siglos.

En tercer lugar, ayudan a localizar espacios desaparecidos como la antigua ermita de San Julián.

En cuarto lugar, permiten comprender la historia del Molino de Martos y de sus estructuras hidráulicas.

Y, finalmente, conservan una importante dimensión de memoria popular: los cordobeses del siglo XX los recuerdan como un lugar de baño, de juegos y de contacto directo con el río.

Los Peñones de San Julián fueron mucho más que unas rocas situadas en el Guadalquivir.

Las grandes avenidas que destruyeron la ermita de San Julián también transformaron las márgenes del río. los Peñones desaparecieron como elemento físico reconocible, pero su nombre permaneció en la memoria cordobesa.

La historia de los Peñones de San Julián es, por ello, la historia de un paisaje que el río fue creando y destruyendo lentamente: ermita, murallón, peñones, molino, azudes, brazos de agua, islas y lugares de baño formaron durante siglos un mismo paisaje fluvial.

Hoy apenas quedan huellas visibles, pero la documentación histórica, la arqueología y la memoria oral permiten reconstruir aquel espacio y comprender hasta qué punto el Guadalquivir ha sido uno de los grandes protagonistas de la historia urbana de Córdoba

Fitografía de mi tía Concha; mis primos Loli, Paquito, Pepito; mi hermano y yo; rio arriba para los Peñones de San Julián.