[REQ_ERR: COULDNT_RESOLVE_HOST] [KTrafficClient] Something is wrong. Enable debug mode to see the reason. La muerte de un miliciano: Robert Capa y el misterio de Espejo – Cosas de Cordoba

La muerte de un miliciano: Robert Capa y el misterio de Espejo

El 5 de septiembre de 1936, en plena Guerra Civil española, el fotógrafo húngaro Endre Ernő Friedmann, conocido mundialmente por el seudónimo de Robert Capa, realizó una de las fotografías más famosas y controvertidas de la historia del fotoperiodismo: Muerte de un miliciano. La imagen muestra a un combatiente republicano en el instante en que parece recibir un disparo y caer hacia atrás, con el fusil todavía en su mano.

La fotografía se convirtió inmediatamente en un símbolo de la Guerra Civil española y, con el paso del tiempo, en una de las imágenes más reconocibles de la fotografía de guerra del siglo XX. Durante décadas se afirmó que había sido tomada en Cerro Muriano, en el frente de Córdoba, y que el miliciano retratado era Federico Borrell García, «El Taino», un joven anarquista natural de Benilloba (Alicante) que combatía en las milicias de la CNT. Sin embargo, ambas afirmaciones han sido cuestionadas posteriormente y todavía forman parte de uno de los grandes debates de la historia de la fotografía.

La fuerza de la imagen reside precisamente en su aparente inmediatez. Capa parece haber captado el instante exacto en que la muerte alcanza al combatiente. No hay pose heroica ni composición convencional: solamente un hombre que pierde el equilibrio ante la violencia de la guerra.

Publicada por primera vez en la revista francesa Vu el 23 de septiembre de 1936, la fotografía adquirió rápidamente una enorme difusión internacional. La imagen parecía condensar en un solo instante toda la tragedia de la guerra: la juventud, el ideal político, la violencia y la muerte.

Capa se convirtió así en uno de los grandes fotógrafos de guerra del siglo XX. Su célebre principio de acercarse al peligro —«si tus fotografías no son suficientemente buenas, no estás suficientemente cerca»— encajaba perfectamente con la imagen que proyectaba de sí mismo: el fotógrafo que se arriesgaba junto a los combatientes para mostrar al mundo la realidad del campo de batalla.

Pero precisamente esa extraordinaria fuerza simbólica ha hecho que la fotografía sea también objeto de una investigación constante.

¿Quién era el miliciano? Durante muchos años, el hombre de la fotografía permaneció anónimo. En la década de 1990, el historiador alcoyano José María Azkárraga propuso identificarlo como Federico Borrell García, «El Taino».

Borrell había nacido en Benilloba en 1912 y militaba en las Juventudes Libertarias. Murió el 5 de septiembre de 1936 en el frente cordobés. La coincidencia de la fecha y del lugar general de la contienda contribuyó a consolidar la identificación.

Sin embargo, esta atribución nunca llegó a quedar demostrada de manera concluyente. El documental La sombra del iceberg, estrenado en 2007, examinó el caso y cuestionó tanto la identidad de Borrell como la interpretación tradicional de la fotografía. A través de testimonios, documentación y análisis forenses, sostuvo que el hombre de la fotografía no podía identificarse con seguridad con Borrell.

El problema se complicaba aún más porque existen fotografías de otros milicianos tomadas durante aquellos mismos días y porque la apariencia física del hombre retratado no permite establecer de manera definitiva su identidad.

Durante décadas se dio por sentado que Muerte de un miliciano había sido tomada en Cerro Muriano, donde Capa y su compañera, la fotógrafa Gerda Taro, se encontraban cubriendo el frente de Córdoba.

Sin embargo, investigaciones posteriores han señalado que el paisaje visible en la fotografía coincide con el entorno de Espejo, localidad situada aproximadamente cincuenta kilómetros al sur de Cerro Muriano. El investigador José Manuel Susperregui realizó un estudio detallado de la orografía y comparó el paisaje que aparece en la fotografía con otros lugares del frente cordobés. Sus conclusiones situaron la fotografía en las proximidades de Espejo y no en Cerro Muriano.

Esta cuestión es fundamental porque cambia considerablemente la interpretación tradicional de la imagen.

La fotografía ya no sería necesariamente el testimonio directo de una muerte ocurrida durante la batalla de Cerro Muriano. Podría tratarse de una imagen realizada en los alrededores de Espejo, donde había milicianos republicanos, pero en circunstancias diferentes de las que tradicionalmente se habían contado.

¿Fue una fotografía preparada? Aquí aparece la cuestión más controvertida.

Desde la década de 1970 algunos investigadores comenzaron a plantear que la fotografía podía haber sido escenificada. La hipótesis sostiene que el miliciano no estaría cayendo después de recibir un disparo, sino que habría adoptado una posición determinada para que Capa pudiera fotografiarlo.

Esta teoría ha sido defendida por distintos investigadores, entre ellos José Manuel Susperregui, quien considera que las fotografías de la secuencia y el paisaje de Espejo permiten cuestionar seriamente la versión tradicional. Otros especialistas, sin embargo, han defendido la autenticidad de la fotografía y han argumentado que no existe una prueba definitiva de que fuese preparada.

Por ello, conviene hablar de una controversia todavía abierta, y no afirmar como hecho demostrado que Capa falsificó la escena. La cuestión de si el miliciano estaba realmente siendo abatido en ese instante o estaba representando una caída continúa siendo objeto de debate.

Existe además otra incógnita: ¿fue realmente Robert Capa quien hizo la fotografía? Robert Capa no era solamente Endre Friedmann. El nombre era un seudónimo utilizado por Friedmann y asociado estrechamente a Gerda Taro, fotógrafa alemana de origen judío y su compañera sentimental y profesional.

Ambos trabajaron juntos durante la Guerra Civil española y compartieron inicialmente la marca «Robert Capa». Por este motivo, algunas fotografías realizadas por uno u otro fueron publicadas bajo ese nombre.

Investigaciones posteriores han planteado la posibilidad de que Muerte de un miliciano pudiera haber sido tomada por Taro. La cuestión se ha relacionado especialmente con el tipo de cámara utilizado y con la presencia de ambos fotógrafos en el mismo escenario. No obstante, esta hipótesis tampoco puede considerarse definitivamente demostrada. Estudios posteriores han establecido que Taro estuvo junto a Capa durante la realización de la secuencia de fotografías del frente cordobés, lo que mantiene abierta la discusión sobre la autoría concreta de algunas imágenes.»

Uno de los episodios más fascinantes relacionados con esta historia fue la recuperación de los negativos que durante décadas permanecieron desaparecidos.

En realidad, la llamada «maleta mexicana» no era propiamente una maleta, sino un conjunto de tres cajas que contenían 126 rollos de película y más de 4.500 negativos realizados durante la Guerra Civil por Robert Capa, Gerda Taro y David Seymour, «Chim». Los negativos habían permanecido durante décadas en México y finalmente llegaron al International Center of Photography de Nueva York.

El hallazgo fue extraordinario para la historia de la fotografía. Permitió recuperar miles de imágenes de la Guerra Civil y estudiar con mucho mayor detalle el trabajo de los tres fotógrafos.

Pero existe una paradoja: el negativo original de Muerte de un miliciano no apareció entre los materiales recuperados. Por tanto, la llamada «maleta mexicana» no resolvió definitivamente el misterio de la fotografía. Sí aportó, en cambio, numerosas imágenes de la misma época y de los mismos escenarios que han permitido reconstruir mejor los movimientos de Capa y Taro.

Las investigaciones sobre el paisaje han dado una importancia extraordinaria a Espejo, localidad cordobesa que aparece así vinculada a una de las fotografías más famosas de la historia.

La identificación del escenario con los alrededores de Espejo no significa necesariamente que la fotografía sea falsa. Una cosa es determinar dónde se hizo una fotografía y otra muy distinta demostrar cómo se produjo el instante que representa.

Precisamente aquí reside el misterio. Si la fotografía fue tomada en Espejo, queda por determinar qué sucedió exactamente ante la cámara: si Capa captó la muerte real de un combatiente, si fotografió una maniobra o ejercicio de los milicianos, o si la escena fue preparada expresamente para la cámara.

La investigación histórica ha demostrado que una fotografía puede ser auténtica como objeto y, al mismo tiempo, no representar necesariamente de forma literal el acontecimiento que durante décadas se creyó que mostraba.

Sea cual sea la respuesta definitiva, Muerte de un miliciano ha superado hace mucho tiempo la condición de simple fotografía de guerra.

La imagen se ha convertido en un símbolo universal de la muerte en combate y en una representación visual de la tragedia de la Guerra Civil española. Su fuerza no depende únicamente de saber quién era aquel hombre, quién accionó exactamente el disparador o si la escena fue espontánea o preparada.

Quizá su verdadera importancia reside precisamente en las preguntas que continúa provocando.

Cerro Muriano, Espejo, Federico Borrell, Robert Capa y Gerda Taro forman hoy parte de una historia llena de incertidumbres. Y esa incertidumbre, lejos de disminuir el valor histórico de la fotografía, nos recuerda que las imágenes no son la historia misma: son testimonios que debemos interpretar, contrastar y someter a la investigación.

Más de noventa años después, aquel miliciano continúa cayendo ante nuestros ojos. Y todavía no sabemos con absoluta certeza quién era, dónde cayó ni qué ocurrió exactamente en aquel instante. La fotografía permanece. El misterio también. Soledad Carrasquilla Caballero sccc.-

Fotografía de Tobert Capa, Muerte de un Miliciano.

Artículo sobre Guerra Civil España de la revista Vu

Escultura Freedom is not Free de Yigal Tumarkin en Netanya, Israel