Inauguracion en Cadiz de los puentes José León de Carranza y de la Constitución de 1812

Los dos puentes de la Bahía de Cádiz: dos inauguraciones, dos épocas y dos maneras de entender una obra pública
La Bahía de Cádiz ha contemplado en menos de medio siglo la inauguración de dos grandes puentes que han marcado la historia de las comunicaciones de la provincia: el puente José León de Carranza, inaugurado en 1969, y el Puente de la Constitución de 1812, popularmente conocido como «La Pepa», abierto al tráfico en 2015.
Dos infraestructuras levantadas para unir Cádiz con Puerto Real y el resto de la península, pero cuyas inauguraciones reflejan dos momentos históricos muy distintos y, sobre todo, dos maneras diferentes de entender la relación entre las obras públicas y los ciudadanos.
El Puente José León de Carranza fue inaugurado el 28 de octubre de 1969. Su construcción había supuesto una auténtica revolución para las comunicaciones de la provincia. Hasta entonces, para llegar por carretera a Cádiz era necesario rodear buena parte de la bahía o recurrir a los enlaces marítimos.
La nueva infraestructura, de unos 1.400 metros de longitud, incorporaba además un sistema móvil que permitía elevar sus hojas para facilitar el paso de los grandes buques hacia la Carraca, los astilleros Bazán y la zona interior de la bahía
Aquel día, el ministro de Obras Públicas, Federico Silva Muñoz, accionó los mandos de la cabina de control para poner en funcionamiento el mecanismo levadizo. Cuando los dos brazos móviles descendieron y quedaron alineados en posición horizontal, se produjo una imagen que quedó grabada en la memoria colectiva de los gaditanos.
Los alcaldes de Cádiz y Puerto Real avanzaron desde cada extremo hasta encontrarse en el centro del puente y fundirse en un abrazo simbólico que representaba la unión definitiva de ambas orillas.
Tras ellos, miles de vecinos comenzaron a recorrer a pie la nueva infraestructura.
Familias enteras, trabajadores, jóvenes y ancianos caminaron sobre el asfalto recién inaugurado. Muchos cruzaron desde Cádiz hacia Puerto Real; otros hicieron el recorrido contrario. Era una celebración compartida por toda la bahía. Durante unas horas el puente perteneció a la gente antes que a los automóviles.
Aquella imagen simbolizaba una obra concebida para acercar poblaciones y acortar distancias físicas y emocionales.
Casi medio siglo después, el 24 de septiembre de 2015, se inauguró el segundo gran enlace de la Bahía: el Puente de la Constitución de 1812, diseñado por el ingeniero Javier Manterola.
Con sus más de cinco kilómetros de longitud, una altura libre de 69 metros para permitir el paso de grandes embarcaciones y un espectacular vano principal de 540 metros, se convirtió en uno de los mayores puentes atirantados de Europa y en una de las obras de ingeniería más ambiciosas realizadas en España en el siglo XXI.
Su construcción había comenzado en 2007 y se prolongó durante ocho años. La inversión superó ampliamente los 500 millones de euros y estuvo marcada por retrasos, dificultades técnicas y debates políticos sobre su coste y utilidad.
El día de la inauguración, sin embargo, la escena fue muy distinta a la vivida en 1969.
Por razones de seguridad, el tráfico quedó completamente restringido. No hubo miles de ciudadanos cruzando el puente ni un encuentro multitudinario entre las dos orillas de la bahía.
El entonces presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, presidió el acto institucional en el centro de la estructura acompañado por autoridades y responsables de la obra.
El alcalde de Cádiz asistió al acto desde el extremo gaditano. El alcalde de Puerto Real, en desacuerdo con el formato de la ceremonia y con determinadas decisiones relacionadas con la infraestructura, decidió no acudir.
Finalizado el acto protocolario, el presidente regresó a Madrid sin atravesar completamente el puente.
Aquella imagen generó numerosos comentarios y comparaciones con la inauguración del puente Carranza. Muchos ciudadanos recordaron cómo en 1969 los protagonistas habían sido los vecinos de la bahía, mientras que en 2015 el acto quedó reducido a una ceremonia institucional mucho más distante de la participación popular.
Quizá ambas inauguraciones sean el reflejo de dos épocas distintas.
La primera mostró una infraestructura convertida en acontecimiento ciudadano, donde los habitantes de Cádiz y Puerto Real fueron invitados a recorrer el puente como auténticos protagonistas.
La segunda destacó la dimensión técnica y política de una obra de ingeniería monumental, pero dejó una sensación de distancia entre la infraestructura y la población a la que estaba destinada a servir.
Nunca sabremos con certeza si aquella ausencia de participación popular en la inauguración de «La Pepa» respondió exclusivamente a motivos de seguridad, a exigencias protocolarias o a una combinación de ambos factores.
Lo cierto es que las fotografías de ambas jornadas hablan por sí solas.
En una aparecen miles de personas caminando sobre el puente recién abierto, celebrando la unión de dos orillas.
En la otra, una de las mayores obras de ingeniería de España es inaugurada prácticamente en solitario por las autoridades.
Dos momentos separados por cuarenta y seis años.
Y dos formas muy distintas de entender la relación entre una obra pública y el pueblo que la financia, la contempla y la utiliza cada día. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-