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Fray Juan de Córdova: soldado, misionero y lingüista en el Nuevo Mundo
Juan de Córdova nació en la ciudad de Córdoba, en el año 1503, en el seno de una familia vinculada a la milicia y la religión. Desde joven recibió formación en latín y humanidades, lo que le permitió desarrollar una notable capacidad lingüística y un profundo interés por las letras. Sin embargo, antes de consagrarse a la vida religiosa, Juan de Córdova llevó una existencia marcada por la espada y el servicio militar.
Durante el reinado de Carlos I de España, se alistó en el ejército imperial y participó en las Guerras de Flandes, conflictos que enfrentaron a la Monarquía Hispánica con los Países Bajos rebeldes. En esas campañas alcanzó el grado de alférez en los Tercios, ganando fama por su valor y disciplina. Según algunas fuentes, concluyó su carrera militar participando en la Batalla de Lepanto, donde habría servido entre los contingentes españoles que combatieron bajo el estandarte de la Liga Santa contra el Imperio Otomano.
Tras su etapa militar, Juan de Córdova ingresó en la Orden de Predicadores (dominicos), orden caracterizada por su rigor intelectual y su compromiso con la evangelización. Fue destinado a Nueva España, donde los dominicos desarrollaban una intensa labor misionera entre los pueblos indígenas del sur del virreinato.
Ya en América, se unió a la expedición de Francisco Vázquez de Coronado, que partió desde México hacia el norte en busca de las legendarias Siete Ciudades de Cíbola, símbolo de las riquezas fabulosas del Nuevo Mundo. Aquella expedición fue una de las mayores gestas exploratorias del siglo XVI, aunque terminó sin hallar las míticas ciudades. Aun así, dejó en Juan de Córdova una huella profunda sobre la diversidad cultural y lingüística de los pueblos indígenas.
De regreso en Oaxaca, fue elegido provincial de la Orden Dominicana, cargo que ejerció con severidad y austeridad extremas. Su celo reformador, sin embargo, le acarreó conflictos dentro de la comunidad, y dos años después fue depuesto del cargo por “exceso de rigor”. Algunos cronistas sugieren que durante este periodo regresó brevemente a España, y que fue entonces cuando pudo haber tomado parte en la Batalla de Lepanto, antes de volver definitivamente al virreinato de Nueva España.
Los últimos años de su vida los pasó retirado en el convento de San Jerónimo Tlacochahuaya, en el actual estado de Oaxaca, donde murió en 1595, a edad muy avanzada.
Su legado intelectual es inmenso. Fray Juan de Córdova fue uno de los más notables lingüistas misioneros del siglo XVI. Dedicó gran parte de su vida al estudio del idioma zapoteco y de la cultura de este pueblo indígena. Fruto de sus investigaciones redactó dos obras fundamentales:
“Vocabulario castellano-zapoteca”, uno de los primeros diccionarios bilingües del continente americano. “Arte del idioma zapoteco”, una completa gramática en la que describe las estructuras, la pronunciación y las particularidades del idioma.
En estas obras, Córdova no solo estudió la lengua, sino también las costumbres, creencias y calendario zapotecos, aportando una visión etnográfica inédita para su tiempo. Comparó incluso la lengua zapoteca con el hebreo, convencido de que todos los idiomas poseían una dignidad y una riqueza espiritual propias.
Para él, la evangelización debía hacerse en la lengua del otro, con respeto y conocimiento profundo. Sostenía que el predicador no podía imponer su idioma, sino hablar el del pueblo al que deseaba convertir, “con total dominio y pureza”. Esta visión lo coloca entre los primeros defensores del respeto lingüístico y cultural dentro de la misión cristiana en América.
Fray Juan de Córdova, soldado y fraile, explorador y humanista, representa la compleja síntesis del siglo XVI español: la espada y la cruz, la conquista y la palabra, el rigor religioso y la curiosidad intelectual. En su obra y en su vida se entrelazan la fe, la ciencia y el respeto por la diversidad del mundo recién descubierto. Soledad Carrasquilla caballero. sccc.-

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