
El sacerdote ahorcado en la Corredera
El 15 de septiembre de 1810, en plena ocupación francesa de Córdoba durante la Guerra de la Independencia, el presbítero cordobés Francisco de Sales Ramírez y Gámiz fue ejecutado en la plaza de la Corredera por orden del general francés Charles-Antoine Morio de L’Isle aunque la documentación y la tradición cordobesa atribuyen la orden al barón de Godinot, gobernador general de los Reinos de Córdoba y Jaén. Su muerte quedó incorporada a la memoria histórica de la ciudad como uno de los episodios más dramáticos de la ocupación napoleónica.
La figura de Francisco de Sales ha llegado hasta nosotros, sobre todo, gracias al relato de su sobrino Luis María Ramírez de las Casas-Deza y a la obra de Teodomiro Ramírez de Arellano, Paseos por Córdoba. Este último reproduce con detalle las circunstancias de su detención y ejecución, así como la memoria que posteriormente se conservó de aquel sacerdote.
Francisco de Sales Ramírez y Gámiz habría nacido en Córdoba hacia 1761, hijo de Luis Ramírez y Cárdenas y Apolonia Antonia Gámiz, cuando tenía aproximadamente cinco años, sufría una grave dificultad para hablar, hasta el punto de que sus padres temían que pudiera quedar mudo.
La familia acudió en peregrinación a la ermita del Santísimo Cristo de las Ánimas, situada junto al Campo de la Verdad. Allí, ante la imagen venerada y después de contemplar los numerosos exvotos que daban testimonio de favores atribuidos al Cristo, hicieron una promesa: si su hijo recuperaba el habla, lo dedicarían al servicio de la Iglesia y celebraría allí su primera misa.
Según el relato tradicional, el niño comenzó posteriormente a hablar y sus padres mandaron realizar un exvoto que recordaba el supuesto milagro. Francisco de Sales siguió la carrera eclesiástica y, ya adulto, cumplió la promesa familiar. En 1785 celebró su primera misa en la ermita del Cristo de las Ánimas. Ramírez de Arellano presenta este episodio como el origen de la vocación sacerdotal de quien décadas después moriría violentamente durante la ocupación francesa.
Cuando se produjo la ejecución de Francisco de Sales, Córdoba llevaba varios años sometida a las circunstancias extraordinarias provocadas por la invasión napoleónica. La ocupación francesa había alterado profundamente la vida política, administrativa y social de la ciudad.
En 1810, las autoridades francesas ejercían un fuerte control sobre Córdoba y sobre buena parte de la provincia. El barón de Godinot desempeñaba el cargo de gobernador general de los Reinos de Córdoba y Jaén, y su administración utilizaba medidas de vigilancia y represión para impedir cualquier actividad considerada subversiva.
La situación era especialmente delicada porque las noticias sobre partidas guerrilleras, movimientos de tropas españolas y posibles levantamientos circulaban continuamente por la ciudad. La población vivía entre el miedo, la incertidumbre y la esperanza de que las fuerzas que se organizaban pudieran recuperar Córdoba.
En este ambiente se produjo el episodio que acabaría con la vida de Francisco de Sales.
Según el relato de Ramírez de Arellano, la mañana del 15 de septiembre de 1810, Francisco de Sales se encontró en la calle del Pilero —que el propio cronista identifica con la actual zona de Mateo Inurria— con una religiosa exclaustrada.
Las medidas adoptadas por las autoridades francesas habían afectado a las comunidades religiosas, y la mujer temía verse obligada a regresar a su convento. Durante la conversación, Francisco de Sales le habría comunicado que se esperaba la llegada de partidas formadas en favor de la independencia española procedentes de la zona de Lucena.
La noticia adquirió una dimensión política mucho mayor de la que probablemente esperaba el sacerdote. La religiosa recelando el que la hiciesen tornar a la clausura. Temerosa de volver a su convento pasó a seguida a ver al general Godinot, que habitaba en las casas de los marqueses de Villaverde, rogándole la permitiera marcharse con la división francesa. Y según Ramírez de Arellano, terminó proporcionando el nombre de Francisco de Sales. Poco después, los soldados se dirigieron a su domicilio, situado en el número 1 de la calle Pedregosa, actualmente integrada en el entorno de la calle Blanco Belmonte. La propia tradición local conserva la identificación de esta casa como el lugar donde residía el sacerdote antes de su detención.
Francisco de Sales fue conducido ante Godinot. El sacerdote no negó haber transmitido la noticia. La respuesta del gobernador francés fue inmediata.
La existencia de una orden escrita refuerza este episodio. Se conserva referencia bibliográfica a un manuscrito de 1810, fechado el 15 de septiembre y firmado por el barón de Godinot, cuyo contenido ordenaba ahorcar al presbítero Francisco Ramírez por haber difundido en Córdoba la noticia de que las tropas españolas entrarían en la ciudad al día siguiente.
La orden presentaba la ejecución como una medida destinada a impedir la propagación de rumores considerados subversivos y advertía de que otras personas podían sufrir la misma suerte.
Este documento resulta especialmente importante porque permite separar el núcleo documental del episodio de algunos detalles transmitidos posteriormente por la tradición.
La ejecución tuvo lugar en la plaza de la Corredera, uno de los espacios públicos más importantes de Córdoba. La elección de este lugar no fue casual: una ejecución pública tenía también una evidente función ejemplarizante. No se trataba únicamente de castigar al acusado, sino de advertir al conjunto de la población sobre las consecuencias que podían tener la difusión de noticias, la colaboración con las fuerzas españolas o cualquier manifestación considerada contraria a la autoridad ocupante.
Ramírez de Arellano cuenta que el obispo Pedro Alcántara Trevilla, habría intentado intervenir para evitar la ejecución. Según el cronista, cuando el obispo llegó a la altura de la Cruz del Rastro ya escuchó las campanas de San Pedro anunciando la agonía del sacerdote.
El relato transmite así una imagen de enorme dramatismo: mientras el obispo intentaba llegar a tiempo para impedir la muerte, las campanas de la parroquia anunciaban que la sentencia ya había sido ejecutada.
Después de la ejecución, Godinot ordenó que su decisión se hiciera pública. El texto de la orden, reproducido por Ramírez de Arellano, explicaba que Francisco Ramírez había sido condenado por difundir la noticia de que los insurgentes entrarían en Córdoba y de que se habían solicitado raciones para ellos.
La disposición no se limitaba al caso concreto. Su finalidad era también advertir al resto de los cordobeses.
La amenaza era clara: cualquier persona que propagase noticias semejantes podía correr la misma suerte.
La existencia de esta orden permite comprender el episodio dentro del sistema de control político y militar de la Córdoba ocupada. La ejecución no fue presentada por la autoridad francesa como un acto privado, sino como un castigo público destinado a mantener el orden y disuadir a quienes pudieran favorecer o apoyar a las fuerzas españolas.
Tras la marcha de las tropas francesas, la memoria del sacerdote adquirió un significado diferente. Lo que la autoridad ocupante había presentado como castigo por difundir noticias subversivas fue reinterpretado por la memoria local como un ejemplo de resistencia y de fidelidad a la causa antinapoleónica.
Ramírez de Arellano relata que inicialmente se había pensado colocar una inscripción en la casa donde había vivido Francisco de Sales explicando el motivo de su ejecución. La familia habría solicitado que no se colocara, pues consideraba que podía resultar deshonrosa. Con el paso del tiempo, sin embargo, aquella misma muerte sería contemplada como motivo de honor y recuerdo.
La memoria de Francisco de Sales quedó especialmente vinculada a la parroquia de San Pedro, donde fue enterrado y donde posteriormente se colocó una lápida de mármol en su recuerdo, en el centro de la capilla mayor.
La propia Basílica de San Pedro conserva hoy la memoria de Francisco Ramírez y Gámiz y de su enterramiento, aunque algunas referencias divulgativas modernas contienen errores sobre el militar responsable de la ejecución; la tradición histórica y la documentación de la orden de 1810 señalan al barón de Godinot.
La historia de Francisco de Sales Ramírez y Gámiz debe situarse dentro de un contexto mucho más amplio. La Córdoba de 1810 era una ciudad sometida a una autoridad militar extranjera, en un momento en el que las noticias sobre movimientos de tropas y partidas españolas podían tener consecuencias inmediatas.
La investigación histórica contemporánea confirma que el periodo estuvo marcado por una fuerte inestabilidad política y por constantes problemas de orden público. La provincia de Córdoba experimentó enfrentamientos, movimientos guerrilleros y medidas de vigilancia y represión por parte de las autoridades ocupantes.
En ese contexto, la muerte de Francisco de Sales adquiere una dimensión que supera la biografía individual. Su caso muestra hasta qué punto una conversación aparentemente privada podía transformarse en un asunto político y militar en una ciudad ocupada.
No fue un militar ni un jefe guerrillero. Fue un sacerdote de Córdoba que transmitió una noticia que consideraba cierta y que, según la documentación conservada, fue condenado por ello por la autoridad francesa.
La historia de Francisco de Sales Ramírez ha llegado hasta nosotros a través de distintas capas de memoria.
Por un lado, existe un núcleo documental especialmente sólido: su ejecución tuvo lugar el 15 de septiembre de 1810, en Córdoba; la orden del barón de Godinot; y se conserva referencia a una orden escrita y firmada en esa misma fecha en la que se dispone el ahorcamiento del presbítero Francisco Ramírez.
Por otro lado, muchos detalles biográficos y narrativos proceden de la tradición recogida décadas después por Ramírez de Arellano en Paseos por Córdoba. Es el caso de la historia de su recuperación del habla, la promesa realizada por sus padres ante el Cristo de las Ánimas, la conversación exacta con la religiosa, las palabras atribuidas a Godinot, la reacción del obispo o algunos pormenores de los últimos momentos del sacerdote. Estos elementos tienen un enorme valor para estudiar la memoria histórica cordobesa, pero deben distinguirse de aquello que podemos considerar directamente documentado.
Más de dos siglos después, el nombre de Francisco de Sales Ramírez y Gámiz permanece ligado a uno de los episodios más dramáticos de la Córdoba de la Guerra de la Independencia.
Su historia une varios espacios de la ciudad: la casa de la calle Pedregosa donde fue detenido, la Corredera donde se ejecutó la sentencia y la parroquia de San Pedro donde quedó enterrado y donde su memoria fue posteriormente honrada.
La tragedia de aquel 15 de septiembre de 1810 muestra también el valor simbólico que adquirieron las plazas, las iglesias y las calles de Córdoba durante la ocupación francesa. La ciudad se convirtió en escenario de una guerra que no solo se libraba en los campos de batalla, sino también en las conversaciones, en las noticias que circulaban de boca en boca y en el miedo cotidiano de sus habitantes.
Francisco de Sales Ramírez y Gámiz quedó así incorporado a la memoria cordobesa como el sacerdote que pagó con su vida la difusión de una noticia sobre la llegada de partidas formadas en favor de la independencia española ropas. Su muerte, documentada por la orden de ejecución y conservada en la memoria de la ciudad a través de sus cronistas y de su lápida en San Pedro, constituye uno de los episodios más significativos de la Córdoba ocupada de 1810.
Este es uno de los 82 grabados de Goya que forma parte de los Desastre de la Guerra, los realizo entre 1810 y 1015, en ellos describe la brutalidad entre la población civil y los militares franceses. Son una crítica inmisericorde a la brutalidad humana.