[REQ_ERR: COULDNT_RESOLVE_HOST] [KTrafficClient] Something is wrong. Enable debug mode to see the reason. El tapón de Matalascañas – Cosas de Cordoba

El tapón de Matalascañas

La Torre de la Higuera: la “Piedra” que, según la leyenda, sostiene el Atlántico

Cuenta la leyenda que el gran bloque de piedra que emerge en la playa de Castilla, en Matalascañas, conocido popularmente como la Torre de la Higuera, la Peña o simplemente la Piedra, cumple una misión casi mágica: impedir que el agua del océano Atlántico se escape. Según esta tradición popular, si algún día desapareciera, el mar se vaciaría por completo. Esta hermosa historia, transmitida de generación en generación entre los habitantes de la costa onubense, ha contribuido a convertir este singular monumento en uno de los símbolos más característicos del litoral de Huelva.

En realidad, lo que hoy contemplamos no es una roca natural, sino los restos de una antigua torre almenara, derribada hace siglos y caída sobre la arena. De la construcción original apenas quedan sus cimientos volcados, que sobresalen de la playa con una silueta inconfundible. Su aspecto inclinado y su aislamiento frente al mar han alimentado durante mucho tiempo la imaginación popular, hasta el punto de convertirla en una de las imágenes más reconocibles de la costa atlántica andaluza.

La torre fue mandada construir por Felipe II en 1577, dentro del amplio sistema defensivo organizado por la Monarquía Hispánica para proteger el litoral de los continuos ataques de corsarios y piratas berberiscos. Durante los siglos XVI y XVII, las incursiones procedentes del norte de África constituían una amenaza constante para las poblaciones costeras: los piratas desembarcaban con rapidez, saqueaban aldeas, capturaban prisioneros y desaparecían antes de que pudiera organizarse una defensa eficaz.

Para hacer frente a este peligro, se levantó una red de torres vigías o torres almenaras a lo largo de la costa andaluza. Estas fortificaciones estaban situadas a distancias estratégicas, de modo que pudieran comunicarse entre sí mediante señales de humo durante el día y de fuego durante la noche. Así, cuando una torre avistaba naves enemigas, transmitía la alarma a la siguiente, y la noticia recorría en pocos minutos decenas de kilómetros de litoral. En el tramo comprendido entre Sanlúcar de Barrameda y Mazagón se construyeron cinco de estas torres, integradas en un sistema mucho más amplio que se extendía por toda la fachada atlántica andaluza.

La Torre de la Higuera formaba parte de esa cadena defensiva que se desplegaba desde Gibraltar hasta Ayamonte, con el objetivo de vigilar el mar, proteger a las poblaciones costeras y salvaguardar el tráfico marítimo. Aunque cada torre presentaba características propias, todas respondían a una misma función: servir de punto de observación y de aviso ante cualquier incursión enemiga.

Se cree que la torre quedó destruida a consecuencia del devastador terremoto de Lisboa de 1755, uno de los mayores seísmos de la historia de Europa. El movimiento sísmico y el posterior tsunami afectaron gravemente a toda la costa atlántica de la Península Ibérica, provocando daños materiales y numerosas víctimas en Huelva, Cádiz y otras localidades del litoral. El derrumbe de la torre debió de producirse entonces, quedando sus restos volcados sobre la playa tal como hoy los vemos.

Con el paso del tiempo, la antigua fortificación perdió su función militar y pasó a convertirse en un auténtico emblema paisajístico y sentimental de Matalascañas. Hoy, la Torre de la Higuera es uno de los monumentos más fotografiados de la provincia de Huelva y un símbolo inseparable de la playa de Castilla y del entorno de Doñana. Su silueta inclinada, recortada sobre la arena y el mar, recuerda tanto la fuerza destructora de la naturaleza como la importancia estratégica que tuvo durante siglos la defensa de la costa andaluza.

Así, entre la leyenda y la historia, la Torre de la Higuera sigue despertando la curiosidad de quienes la contemplan. Para unos, es la piedra que sostiene el Atlántico; para otros, el testimonio silencioso de una red de vigilancia costera levantada para defender Andalucía de los ataques del mar y de la guerra. En cualquier caso, su presencia continúa siendo uno de los grandes iconos del patrimonio histórico y natural de la costa onubense. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-