[REQ_ERR: COULDNT_RESOLVE_HOST] [KTrafficClient] Something is wrong. Enable debug mode to see the reason. El «Manolete» pequeño pastel que llevó Córdoba por España y América – Cosas de Cordoba

El «Manolete» pequeño pastel que llevó Córdoba por España y América

El Manolete es, en esencia, la versión individual del pastel cordobés: una pieza redonda de hojaldre, de unos 12-14 cm aproximadamente, rellena tradicionalmente de cabello de ángel y terminada con azúcar y canela. En algunas versiones actuales se incorpora también jamón, aunque esto debe distinguirse de la receta básica del pastel cordobés.

Su historia está ligada a la Pastelería San Rafael y a su fundador, el maestro pastelero José Delgado Roldán. La propia pastelería considera el Manolete una creación de su casa, surgida de la relación entre Delgado y el célebre torero cordobés Manuel Rodríguez Sánchez, «Manolete».

La tradición conservada por la pastelería San Rafael cuenta que Manolete era aficionado al pastel cordobés y acostumbraba a llevarlo consigo en sus viajes. Cuando se preparaba para sus desplazamientos a América, habría planteado a José Delgado la posibilidad de llevar algunas porciones para regalarlas a sus amigos mexicanos.

El problema era práctico: el pastel cordobés tradicional era una pieza grande, y las porciones en forma de cuña resultaban incómodas para transportar y conservar.

Delgado tuvo entonces una idea sencilla pero genial: hacer una versión pequeña, redonda y cerrada, que conservara las características del pastel cordobés, pero fuese mucho más fácil de transportar.

Y en homenaje a su ilustre cliente, aquella nueva pieza recibió el nombre de Manolete.

Una versión de esta historia sitúa la creación en 1944. Esta fecha aparece recogida por fuentes cordobesas y en testimonios relacionados con la tradición de la familia Delgado.

Aquí aparece uno de los detalles más interesantes. Durante su estancia en México, Manolete habría conocido un dulce elaborado con chilacayote, una cucurbitácea cuya preparación dulce recuerda en cierto modo al cabello de ángel.

Según la tradición, el torero quedó impresionado por aquella preparación y quiso compartir con sus amigos mexicanos el sabor del pastel cordobés.

Así, el Manolete tendría desde su nacimiento una pequeña historia de ida y vuelta entre Córdoba y México: un dulce cordobés que viajaba a América y que, al mismo tiempo, incorporaba en su historia el recuerdo de una preparación mexicana.

El pequeño pastel empezó a adquirir fama fuera de Córdoba. Según un testimonio recogido por La Voz de Córdoba, Rafael Sánchez Ortiz, «El Pipo», amigo de Manolete, contribuyó a introducirlo en el ambiente taurino madrileño.

La distribución llegó incluso a la célebre Casa Chicote, donde los Manoletes estuvieron expuestos y fueron conocidos inicialmente como «pastel de Córdoba».

La misma fuente afirma que durante décadas llegaron a enviarse a Madrid cientos de unidades semanalmente.

Esto resulta especialmente interesante porque convierte al Manolete no solamente en una especialidad de una confitería, sino en un pequeño embajador gastronómico de Córdoba.

Existe otra explicación, transmitida oralmente, según la cual el nombre habría surgido simplemente porque Manolete era un consumidor habitual del pequeño pastel y, cuando alguien pedía uno para él, bastaba con decir: «Uno para Manolete».

Con el tiempo, el nombre habría terminado identificando al propio dulce.

Esta versión circula desde hace años, pero la explicación que actualmente sostiene la Pastelería San Rafael es la del encargo de una versión más pequeña para transportar durante los viajes americanos.

Por tanto, si escribimos sobre el tema históricamente, yo presentaría la segunda como tradición oral, y la primera como la versión respaldada por la memoria del propio obrador y por testimonios gastronómicos cordobeses.

El pastel cordobés tradicional es fundamentalmente hojaldre y cabello de ángel. Un dulce convertido en símbolo

Hay algo especialmente hermoso en esta historia. El pastel cordobés nació como una pieza grande para compartir. El Manolete, en cambio, nació pequeño para poder viajar. Y terminó haciendo precisamente eso: viajar. De Córdoba a Madrid. De Córdoba a México. De las confiterías cordobesas a las plazas de toros. Y del recuerdo de un torero a las vitrinas de las pastelerías.

Hoy, cuando alguien pide un Manolete en Córdoba, no está pidiendo simplemente un pastel pequeño. Está pronunciando el nombre de uno de los grandes mitos cordobeses. Y detrás de ese nombre hay una historia en la que se encuentran la repostería tradicional, la memoria de Manolete, la relación entre Córdoba y México y la creatividad de un maestro pastelero llamado José Delgado Roldán. Sccc.-

Fuentes: obradorsanrafae. rtve. La voz de Cordoba.