[REQ_ERR: SSL] [KTrafficClient] Something is wrong. Enable debug mode to see the reason. Diego Rodríguez Lucero – Cosas de Cordoba

Diego Rodríguez Lucero

En la villa de Moguer nació, en una fecha indeterminada del siglo XV, Diego Rodríguez Lucero, uno de los inquisidores más controvertidos y temidos de la historia de Córdoba. Bachiller en Leyes y licenciado en Teología, son escasos los datos sobre su vida antes de su llegada a Córdoba, aunque ya aparece desempeñando funciones inquisitoriales en lugares como Jerez de la Frontera.

A finales del siglo XV, tras la dimisión del inquisidor Guiral —acusado de malversación, fraudes y extorsiones—, el arzobispo de Sevilla, Diego de Deza, nombró a Lucero inquisidor de la diócesis de Córdoba en 1499. Se estableció en la calle Encarnación nº 7 y pronto comenzó a ganarse la enemistad tanto de sus colegas como de la población.

El ambiente en la ciudad era ya tenso, pero su actuación lo agravó rápidamente. Uno de los primeros episodios simbólicos de su enfrentamiento con los cordobeses fue la retirada de un monolito romano que le molestaba; tras ser repuesto por los vecinos, ordenó arrojarlo al río Guadalquivir.

Apodado pronto como “el Tenebrero”, Lucero destacó por su extrema dureza en la persecución de supuestos judaizantes. Su actuación se caracterizó por el uso sistemático de la tortura, la manipulación de testimonios y la obtención de confesiones forzadas.

Entre sus prácticas más denunciadas se encontraba la de instruir a los presos en doctrinas judaicas antes de interrogarlos, con el fin de fabricar pruebas de herejía. Estas actuaciones provocaron una oleada de acusaciones, muchas de ellas contra personas de reconocido prestigio y familias influyentes.

El episodio más brutal tuvo lugar el 22 de diciembre de 1504, cuando se celebró en el Campo Santo de los Mártires el que se considera uno de los autos de fe más cruentos de la Inquisición española: 107 personas fueron quemadas en el Marrubial.

Otros autos anteriores ya habían sido igualmente sangrientos: 81 ejecutados el 13 de febrero de 1501. 27 ejecutados el 1 de mayo de 1502

En apenas unos años, se calcula que más de 277 personas fueron relajadas (entregadas a la hoguera), aunque algunas fuentes sugieren cifras aún mayores.

Uno de los casos más significativos fue la persecución del arzobispo de Granada, Hernando de Talavera, defensor de una política más moderada hacia los conversos. Al no poder procesarlo, Lucero encarceló a miembros de su familia.

El clima de terror generó un profundo rechazo en Córdoba. Las quejas fueron elevadas a instancias superiores, incluyendo al rey Fernando el Católico y al papa Julio II, aunque inicialmente sin éxito debido al respaldo político del que gozaba el inquisidor.

La situación estalló finalmente el 9 de noviembre de 1506, cuando el pueblo de Córdoba, apoyado por sectores de la nobleza, se levantó en armas, asaltó las cárceles inquisitoriales y liberó a unos 400 presos. Lucero logró huir por una puerta trasera del Alcázar.

Tras estos acontecimientos, se convocó una congregación en Burgos en 1508 para investigar lo sucedido. Las conclusiones señalaron graves irregularidades en la actuación del tribunal cordobés: Testimonios falsificados. Acusaciones sin fundamento. Abusos sistemáticos de poder

Se ordenó la liberación de presos y la eliminación de registros infamantes. Lucero fue expulsado de la Inquisición y se le prohibió volver a ocupar cargos inquisitoriales.

La actuación de Lucero no puede entenderse sin considerar varios factores: luchas entre partidarios de Fernando el Católico y Felipe el Hermoso. Obsesión por la pureza de sangre y persecución de conversos. Ambición de ascenso dentro de la jerarquía inquisitorial y posible apropiación de bienes confiscados

También se denunciaron abusos personales graves, incluyendo extorsión, enriquecimiento ilícito e incluso comportamientos inmorales.

La crisis provocada por Lucero supuso uno de los primeros grandes cuestionamientos internos de la Inquisición. Aunque no se reconocieron plenamente los errores, sí se introdujeron reformas para limitar los abusos.

Su figura quedó marcada como símbolo de los excesos del Santo Oficio, y su actuación dejó una huella profunda en la memoria histórica de Córdoba. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-