[REQ_ERR: SSL] [KTrafficClient] Something is wrong. Enable debug mode to see the reason. Condena a muerte a Blas Infante – Cosas de Cordoba

Condena a muerte a Blas Infante

 El 4 de mayo de 1940, el denominado Tribunal de Responsabilidades Políticas —creado por el régimen franquista tras el final de la Guerra Civil— dictó en Sevilla una sentencia que resulta hoy profundamente simbólica: la condena a muerte de Blas Infante Pérez de Vargas… cuatro años después de haber sido ya ejecutado.

Blas Infante, considerado el “Padre de la Patria Andaluza”, había sido asesinado sin juicio previo el 11 de agosto de 1936, en los primeros compases de la contienda. Fue detenido días antes en su domicilio de Coria del Río y posteriormente fusilado en las inmediaciones de Sevilla, víctima de la represión que se desató tras el golpe militar.

La resolución de 1940 no tenía ya un efecto real sobre su vida, pero sí respondía a la lógica represiva del nuevo Estado: legitimar jurídicamente, aunque fuera de manera retroactiva, la eliminación de quienes habían sido considerados adversarios ideológicos. Este tipo de sentencias póstumas buscaban no solo castigar, sino también despojar de legitimidad política y moral a figuras como Infante, además de permitir la incautación de bienes y la persecución de sus familiares.

El Tribunal de Responsabilidades Políticas había sido instituido en 1939 con el objetivo de depurar a todos aquellos que hubieran mostrado apoyo, real o supuesto, a la legalidad republicana. Su actuación se caracterizó por procedimientos sumarios, escasas garantías jurídicas y una clara intencionalidad política.

En el caso de Blas Infante, la acusación se centraba en su papel como ideólogo del andalucismo y en su defensa de una identidad andaluza propia dentro de un marco federal. Su pensamiento, reflejado en obras como Ideal Andaluz, fue reinterpretado por el régimen como una amenaza al nuevo orden, pese a su carácter profundamente cultural, social y regeneracionista.

La paradoja de condenar a muerte a un hombre ya ejecutado ilustra hasta qué punto la represión franquista no se limitó a la violencia física, sino que también buscó controlar el relato histórico y borrar la memoria de quienes representaban proyectos alternativos para España.

Con el paso del tiempo, la figura de Blas Infante ha sido recuperada y reivindicada. Hoy es reconocido oficialmente como símbolo del andalucismo, y su legado forma parte esencial de la identidad contemporánea de Andalucía. Aquella sentencia de 1940, lejos de borrar su memoria, ha quedado como testimonio de una época en la que la justicia fue utilizada como instrumento de persecución política. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-