[REQ_ERR: SSL] [KTrafficClient] Something is wrong. Enable debug mode to see the reason. Charla entre el Segundo Califa del toreo y El Caballero Audaz – Cosas de Cordoba

Charla entre el Segundo Califa del toreo y El Caballero Audaz

Declaraciones del Segundo Califa del toreo, Rafael Guerra Bejarano, hechas a José María Carretero “El Caballero Audaz”, sentados en su club Guerrita en la calle Gondomar, mientras paladeaban una copa de Montilla.
¿Por qué se retiró usted en pleno triunfo, lleno de facultades, cuando era indiscutiblemente el máximo prestigio de la tauromaquia?-le pregunta el escritor Montellano:

“Es que conmigo pasaba una cosa rara. Como la gente creía que yo era “el amo del toreo”, resultaba que de todo lo que pasaba en las plazas me hacían responsable a mí. Hasta cuando los toros eran mansos o defectuosos, Guerrita tenía la culpa y la tomaban conmigo… La cosa llegó a su colmo en la corrida del 16 de abril de 1899, en Madrid, en que Reverte y yo teníamos que matar seis toros de Cámara. ¡Fue una mala sombra! Salieron muy mansos y la corrida era un continuo escándalo. El público, como si yo fuera el ganadero, se metía conmigo de una manera desaforada… El quinto toro era un marrajo asesino que llegó a la muleta defendiéndose, buscando el bulto. Yo lo trasteé para sacarlo de las tablas. Con aquel buey era imposible dar pases de lucimiento y de adorno. Pero el público no quiso entenderlo así y me empezó a tirar naranjas y almohadillas en medio de una bronca infernal. Me atinaron con un tremendo naranjazo en la espalda y lo injusto de la agresión me descompuso. Tardé en matar y me dieron un aviso. Aquel día tomé la resolución de no torear más en la corte y empecé a acariciar la idea de retirarme de los toros cuando cumpliera mis compromisos de aquella temporada. Porque yo pensé que el tomarla conmigo obedecía a que al público le cansa tener que aplaudir siempre al mismo artista. A la gente le gusta encumbrar un torero y poderlo hundir cuando quiera, apenas le llame la atención otra novedad. Pero conmigo no les valía. Desde que tomé la alternativa no hicieron más que ponerme toreros enfrente e imaginar competencias. Con Lagartijo, al que yo quería y respetaba como a un maestro; con Mazzantini, con el Espartero, con Reverte, con Fuentes, con el Algabeño, con Emilio Bomba… Pero tuve suerte y amor propio y me mantuve siempre en mi puesto». sccc

Cuadro de El Guerra pintado por Julio Romero de Torres entre los años 1899 y 1900. Oleo y temple sobre lienzo. Formo parte de los retratos de toreros que pinto el Leonardo cordobés. Se encuentra en e l museo Julio Romero de Torres.