[REQ_ERR: SSL] [KTrafficClient] Something is wrong. Enable debug mode to see the reason. Castillo de El Vacar – Cosas de Cordoba

Castillo de El Vacar

El Castillo de El Vacar: centinela del Guadiato y de la antigua ruta hacia Córdoba

A unos treinta kilómetros de Córdoba, siguiendo la carretera N-432 en dirección a Badajoz, se alzan sobre una colina los restos del castillo de El Vacar, una de las fortalezas andalusíes más singulares y enigmáticas de la provincia. Situado a unos seiscientos metros de altitud, domina visualmente el valle del Guadiato hacia el este y controla el corredor natural que comunica la campiña cordobesa con Sierra Morena y Extremadura. Desde su cima se contemplan amplias panorámicas del río Guadiato, del embalse de Puente Nuevo y de las sierras circundantes.

Conocido históricamente como Dar al-Baqar, Acaba al-Bacar, Acabalbacar, Mano de Hierro o Aljaraz, la fortaleza constituye uno de los elementos defensivos más destacados del sistema militar andalusí en el norte de Córdoba. Actualmente está protegido como Bien de Interés Cultural (BIC) con la categoría de Monumento.

La importancia estratégica del lugar es muy anterior a la construcción del castillo. Diversos hallazgos arqueológicos en sus alrededores han proporcionado fragmentos de cerámica ibérica decorada y restos de sigillata romana, lo que demuestra una ocupación del cerro desde época altoimperial.

Algunos investigadores han identificado este enclave con la antigua mansión romana de Mellaria o Melloría, situada en la vía que unía Corduba con Augusta Emerita, una de las principales rutas de comunicación de la Hispania romana. Durante siglos, este paso natural fue utilizado por comerciantes, viajeros, ejércitos y ganados trashumantes.

La construcción del castillo suele fecharse en época miral, quizá bajo el gobierno de al-Hakam II. Su función principal habría sido controlar la ruta que conectaba Córdoba con Badajoz y el occidente peninsular, un corredor estratégico conocido posteriormente como parte de la Ruta de la Plata.

Su importancia quedó demostrada durante las convulsiones que siguieron al final del Califato. Según las crónicas, por estos parajes actuó hacia el año 1010 Sulaymán al-Musta’in, uno de los protagonistas de la guerra civil que acabó destruyendo el poder omeya. En esta zona, el bisnieto de Abderramán III logró sofocar una de las insurrecciones bereberes que amenazaban la estabilidad del territorio.

La fortaleza volvió a adquirir protagonismo durante la expansión castellana hacia el valle del Guadalquivir.

En 1235, Fernando III atravesó este paso natural procedente de Benavente en su avance hacia Córdoba. El castillo controlaba uno de los accesos septentrionales más importantes a la antigua capital del Califato.

Tras la conquista de Córdoba en 1236, el monarca otorgó a la ciudad diversas fortalezas fronterizas para asegurar su defensa y poblamiento. Entre ellas figuraban Cuzna, Espiel, Dar al-Baqar y Alcolea.

Durante siglos, El Vacar permaneció vinculado al concejo cordobés. Todavía en 1646, bajo el reinado de Felipe IV, se documenta el nombramiento de Gonzalo de Cea como alcalde del Bacar, con amplias atribuciones judiciales. Entre sus competencias figuraban la administración de justicia y la aplicación de castigos tan severos como la horca, el cuchillo, la cárcel, el cepo, los azotes o los grillos.

La subida al castillo resulta relativamente cómoda gracias a una suave pendiente que conduce hasta el recinto principal.

La fortaleza ocupa una superficie interior aproximada de 3.300 metros cuadrados y presenta una planta cuadrangular irregular adaptada a la topografía del terreno.

Lado sur: aproximadamente 49 metros. Lado norte: unos 50 metros. Lado oeste: alrededor de 59 metros. Lado este: cerca de 65 metros.

Los muros fueron construidos mediante grandes cajas de tapial de hormigón de cal reforzado con grava y fragmentos cerámicos. Alcanzan un grosor aproximado de 1,70 metros y conservan sectores de hasta tres metros y medio de altura en el interior y más de cinco metros en algunos puntos exteriores.

La fortaleza estaba defendida por ocho torres: Cuatro torres angulares. Cuatro torres intermedias situadas en el centro de cada lienzo. Las torres sobresalen del recinto mediante zarpas escalonadas, una característica habitual en la arquitectura militar andalusí.

La entrada principal se abre en el muro sur, junto a la torre sureste. Carece de dintel conservado y presenta una disposición sencilla, sin elementos monumentales.

La torre noreste del muro oriental ha sido identificada por algunos autores como una posible torre albarrana, aunque no existe unanimidad entre los especialistas. Por su parte, la torre suroeste conserva una pequeña oquedad que podría haber servido como estancia auxiliar o puesto de vigilancia.

Uno de los aspectos más llamativos de El Vacar es que no responde al modelo clásico de castillo medieval.

En el interior no existen evidencias visibles de edificaciones permanentes, viviendas, almacenes o dependencias residenciales. Tampoco aparece una torre del homenaje ni se ha identificado ningún aljibe.

Esta ausencia ha generado numerosas hipótesis entre los investigadores. Algunos consideran que más que un castillo residencial pudo tratarse de un recinto militar de vigilancia destinado a albergar una pequeña guarnición temporal encargada de controlar el paso estratégico del Guadiato.

Otros autores plantean que las estructuras interiores pudieron desaparecer por completo debido a siglos de abandono, reutilización de materiales y erosión.

No existen restos claros de escaleras de acceso a los adarves, aunque junto a la puerta principal se aprecia un engrosamiento del muro que podría corresponder a una antigua escalera.

Todavía son visibles varias troneras abiertas en los muros. Algunas parecen originales, mientras que otras fueron probablemente practicadas siglos después durante la Guerra de la Independencia contra las tropas napoleónicas o incluso durante la Guerra Civil Española.

Los estudios arqueológicos han demostrado que los muros estuvieron originalmente revestidos con mortero de cal y decorados mediante falsos despieces pintados en tonos ocres y blancos, una técnica ornamental característica de la arquitectura califal.

Tras perder su función militar, el castillo inició un lento proceso de decadencia.

Durante siglos fue utilizado como refugio ocasional para pastores y ganado, transformándose en un gran redil de ovejas. Esta reutilización contribuyó a la desaparición de muchas estructuras interiores y aceleró el deterioro del conjunto.

Sin embargo, la fortaleza recuperó cierta importancia estratégica durante la invasión napoleónica a comienzos del siglo XIX, cuando las tropas utilizaron diversos puntos elevados de la sierra para labores de vigilancia y control del territorio.

Hoy únicamente se conservan los muros perimetrales y los restos desmochados de sus ocho torres. La ausencia de excavaciones arqueológicas sistemáticas impide responder a muchas preguntas sobre su origen, evolución y función exacta.

Pese a ello, el castillo de El Vacar sigue siendo una de las fortalezas más interesantes del norte de Córdoba. Su posición privilegiada, su singular arquitectura y las incógnitas que aún lo rodean lo convierten en un extraordinario testimonio de la Córdoba califal y de la importancia histórica del corredor del Guadiato como puerta natural entre Andalucía y la Meseta.

Desde su cima, entre los restos de tapial y las piedras desgastadas por el tiempo, todavía puede comprenderse por qué durante más de mil años este lugar fue considerado una de las llaves del acceso a Córdoba. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-

Restos del castilllo de El Vacar