[REQ_ERR: COULDNT_RESOLVE_HOST] [KTrafficClient] Something is wrong. Enable debug mode to see the reason. Bronce de Lascuta – Cosas de Cordoba

Bronce de Lascuta

El Bronce de Lascuta: dos mil trescientos años de historia entre Alcalá de los Gazules y Roma

Hay documentos que parecen pequeños por su tamaño, pero enormes por lo que cuentan. El Bronce de Lascuta es uno de ellos.

Se trata de una pequeña placa de bronce, de aproximadamente 25 por 14 centímetros, provista de una anilla lateral, que contiene una inscripción en latín arcaico y que constituye uno de los testimonios escritos romanos más antiguos encontrados en la península Ibérica. Su importancia histórica es extraordinaria porque permite contemplar, a través de un documento original, cómo Roma intervenía en las relaciones de poder existentes entre las comunidades de la Hispania meridional.

La pieza está fechada en el 189 antes de Cristo, durante los primeros momentos de la presencia romana en la península, cuando Roma todavía estaba consolidando su dominio sobre los territorios que posteriormente formarían parte de la provincia de la Bética.

El documento recoge un decreto del general romano Lucio Emilio Paulo, quien intervino en el conflicto existente entre Asta Regia, una de las grandes comunidades de la zona, y los habitantes de Lascuta, identificada tradicionalmente con un asentamiento situado en las proximidades de la actual Alcalá de los Gazules.

Y aquí aparece la parte más interesante. La inscripción establece que los habitantes de Lascuta quedaban liberados de la situación de dependencia en la que se encontraban respecto a Asta.

En términos sencillos, Roma reconoce una nueva situación jurídica para los lascutanos.

El decreto se ha relacionado con el apoyo prestado por Lascuta a las tropas romanas durante el conflicto contra los astenses.

Por ello, el bronce puede interpretarse como una muestra del modo en que Roma utilizaba recompensas, privilegios y concesiones jurídicas para consolidar alianzas y debilitar a sus adversarios.

No estamos todavía ante la Bética plenamente romanizada que conoceremos siglos después.

Estamos ante una Roma que está construyendo su poder en Hispania.

Y el Bronce de Lascuta nos permite contemplar uno de esos momentos.

Existe una interpretación contemporánea que resulta especialmente atractiva para Alcalá de los Gazules.

Si Lascuta se identifica con el territorio de la actual Alcalá, el decreto de Lucio Emilio Paulo podría contemplarse simbólicamente como una especie de carta de emancipación política, mediante la cual Lascuta deja de estar sometida a Asta.

De ahí que en ocasiones se haya presentado como una especie de «carta fundacional» o «acta de independencia» de Alcalá de los Gazules.

Sin embargo, históricamente conviene poner una pequeña cautela.

No podemos trasladar literalmente conceptos políticos actuales como «municipio», «segregación» o «independencia» al mundo romano del siglo II a. C.

El documento habla de una determinada situación jurídica y de dependencia, no de la creación de un municipio moderno.

Pero la comparación resulta extraordinariamente sugerente: hace más de 2.300 años, Roma reconocía a los habitantes de Lascuta una nueva condición frente al poder de Asta Regia.

Y la historia del Bronce de Lascuta tiene todavía otro capítulo fascinante: su propio descubrimiento.

Tradicionalmente se ha contado que apareció en 1866 o 1867 en la Mesa del Esparragal, cerca de Alcalá de los Gazules, en las proximidades de antiguas explotaciones mineras y restos arqueológicos.

Según esta versión, unos carboneros encontraron la pieza y posteriormente la vendieron a un diplomático belga, Ladislas Lazeski, que terminó sacándola de España.

El bronce acabó en Francia y posteriormente ingresó en las colecciones del Museo del Louvre, donde continúa conservándose.

Pero esta versión tradicional ha sido cuestionada. ¿Y si el bronce apareció en la propia Alcalá?

El investigador Gabriel Almagro Montes de Oca ha planteado una hipótesis muy diferente y extraordinariamente interesante.

Según su investigación, el Bronce de Lascuta no habría sido encontrado en la Mesa del Esparragal, sino en la propia Alcalá de los Gazules, durante unas obras realizadas en la iglesia parroquial.

La pista fundamental estaría en un documento que, aparentemente, había pasado desapercibido durante mucho tiempo: el libro de ingresos y gastos de la parroquia, conservado para el periodo comprendido entre 1827 y 1909.

En las anotaciones correspondientes al segundo semestre de 1866 aparece un ingreso de 500 reales, descrito como dinero correspondiente a «la mitad del hallazgo que se encontró en la obra nueva que pertenece a esta Parroquia».

Si esta interpretación es correcta, la historia del descubrimiento cambia radicalmente. Ya no estaríamos ante unos carboneros que encuentran casualmente una pieza en un campo alejado. El bronce podría haber aparecido durante unas obras en la propia Alcalá, en terrenos vinculados a la parroquia.

Almagro plantea además que los trabajadores que realizaron las obras pudieron recibir una parte del dinero obtenido por el hallazgo y que el párroco, Francisco de Paula Castro y Moreno, habría intervenido posteriormente en la operación que permitió que la pieza saliera del país.

Es una hipótesis de enorme interés, aunque debe presentarse como tal y distinguirla de la versión tradicionalmente aceptada.

Lo que sí sabemos es que la pieza terminó fuera de España.

Pasó por manos privadas y acabó formando parte de las colecciones francesas, hasta ingresar en el Museo del Louvre, donde permanece como una de las piezas más importantes de la epigrafía romana de Hispania.

Y aquí aparece una de esas paradojas de nuestra historia: uno de los documentos más antiguos relacionados con la presencia romana en el territorio de Cádiz se conserva actualmente lejos de Cádiz.

El pequeño bronce ha sobrevivido durante más de dos milenios. Sobrevivió a Roma. Sobrevivió a los cambios políticos de Hispania. Sobrevivió a la desaparición de Asta Regia. Sobrevivió a la transformación de Lascuta. Y sobrevivió incluso a su propia salida de España.

Durante la década de 1980, el Ayuntamiento de Alcalá de los Gazules intentó conseguir que el Bronce de Lascuta regresara a su lugar de origen.

La respuesta planteada entonces fue la posibilidad de realizar un intercambio por otra pieza arqueológica francesa que estuviera en poder del Estado español.

La operación finalmente no prosperó. Pero Alcalá consiguió algo que, aunque no devolvía el original, tenía un enorme valor simbólico. El Louvre proporcionó al municipio una réplica del Bronce de Lascuta.

Desde entonces, esa reproducción ocupa un lugar destacado en el salón de plenos del Ayuntamiento de Alcalá de los Gazules, mientras que otra copia puede contemplarse en el Museo Arqueológico de Jerez.

Y así, aunque el original permanezca en París, la memoria del documento regresó a su tierra.

Un pequeño bronce que cuenta una historia enorme Quizá lo más extraordinario del Bronce de Lascuta sea precisamente su tamaño. Apenas unos centímetros de metal. Pero en ellos está escrita una parte fundamental de la historia de Andalucía. Está Roma. Está Hispania. Está Cádiz. Está Asta Regia. Está Lascuta. Está Alcalá de los Gazules. Está la política romana. Están las alianzas y las guerras. Está la progresiva transformación de las comunidades indígenas bajo el poder de Roma. Y está también la historia moderna del propio objeto: su descubrimiento, su salida de España, su llegada al Louvre y los intentos de Alcalá por recuperarlo.

Hace más de 2.300 años, Lucio Emilio Paulo escribió en una pequeña lámina de bronce una decisión que cambió la situación de los habitantes de Lascuta. Hoy, aquella pequeña placa sigue hablando. Y aunque el original esté en París, su historia pertenece también a Alcalá de los Gazules, a Cádiz y a Andalucía.

Porque a veces una pequeña pieza de bronce puede contener una historia mucho más grande que ella misma. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-

Fotografia de la placa del Bronce de Lascuta que se encuentra en el Museo del Louvre.