
San Rafael de Antonio del Castillo: el Arcángel que preside el gobierno de Córdoba
Este magnífico cuadro del Arcángel San Rafael fue encargado en 1652 a Antonio del Castillo y Saavedra por el Ayuntamiento de Córdoba, con el propósito de que presidiera la sala donde se celebraban los cabildos municipales. No era, por tanto, una pintura destinada únicamente a la contemplación religiosa: San Rafael debía estar presente simbólicamente en el lugar donde se tomaban las decisiones que afectaban a la ciudad.
La elección del Arcángel no resulta casual. San Rafael era considerado desde siglos atrás protector de Córdoba, y su devoción había adquirido una enorme importancia entre los cordobeses. Su presencia en la sala capitular convertía al santo en una especie de protector celestial de la ciudad y de sus gobernantes.
El lienzo, de gran formato, presenta al Arcángel de frente, con una pierna adelantada y las alas parcialmente desplegadas, creando una figura monumental que domina visualmente el espacio. En su mano derecha sostiene el pez, uno de sus atributos tradicionales, relacionado con el episodio narrado en el Libro de Tobías, donde Rafael acompaña al joven Tobías durante su viaje y le indica cómo utilizar determinadas partes del pez que había capturado.
El pintor representa al Arcángel con una presencia serena pero poderosa. No aparece únicamente como una figura celestial distante, sino como un protector que parece dirigirse directamente a quienes contemplaban el cuadro.
Y aquellos que se sentaban bajo su mirada no eran simples espectadores. Eran los miembros del Cabildo de Córdoba, responsables de gobernar la ciudad.
La historia de este San Rafael tuvo además un episodio curioso muchos años después de su creación.
El cuadro había sido concebido expresamente para el Ayuntamiento y durante generaciones permaneció ligado a la vida institucional de Córdoba. Sin embargo, en un determinado momento se planteó retirar el lienzo del lugar para el que había sido encargado.
La decisión provocó oposición y finalmente el Ayuntamiento tuvo que desistir de retirarlo y mantenerlo en su emplazamiento.
Y no deja de resultar simbólico. En 1652, el Ayuntamiento había acudido a Antonio del Castillo para encargar una imagen de San Rafael que presidiera la sala de sus cabildos.
Siglos después, cuando se planteó apartarla, la propia tradición y el valor histórico de la obra terminaron imponiendo su permanencia. Porque aquel lienzo ya no era solamente un cuadro. Formaba parte de la memoria del Ayuntamiento de Córdoba. Había contemplado durante siglos las reuniones, deliberaciones y decisiones de los representantes de la ciudad. Había sobrevivido a cambios políticos, reformas del edificio y transformaciones de la propia Córdoba. Retirarlo significaba romper una relación que se había mantenido durante casi cuatro siglos.
Por eso, la permanencia del San Rafael de Antonio del Castillo tiene un significado que va más allá de su valor artístico. No solamente pertenece a la historia de la pintura barroca cordobesa; pertenece también a la historia institucional de Córdoba.
El Arcángel que Antonio del Castillo pintó en 1652 para proteger simbólicamente a la ciudad terminó siendo protegido por la propia ciudad. Y quizá esa sea una de las mejores historias que puede contar un cuadro: durante siglos, San Rafael presidió el Ayuntamiento de Córdoba.
Cuando quisieron retirarlo, Córdoba decidió que debía quedarse.
El autor de esta obra, Antonio del Castillo y Saavedra, nacido en Córdoba en 1616 y fallecido en la misma ciudad el 2 de febrero de 1668.
Es considerado el principal representante de la escuela barroca cordobesa y uno de los grandes pintores andaluces del siglo XVII.
Su formación estuvo vinculada al ambiente artístico cordobés y a la tradición pictórica heredada de maestros anteriores. A lo largo de su carrera realizó numerosas pinturas religiosas, paisajes, dibujos y obras destinadas a iglesias y conventos.
Castillo supo combinar la tradición naturalista con las nuevas tendencias del barroco, utilizando una pintura en la que adquieren especial importancia la luz, el movimiento, la expresión de los personajes y el paisaje.
Su producción estuvo estrechamente vinculada a Córdoba, ciudad en la que desarrolló prácticamente toda su trayectoria.
Y precisamente por eso resulta especialmente significativo que fuera el Ayuntamiento quien le encargara este San Rafael.
No era solamente uno de los pintores más importantes de la ciudad. Era el pintor al que Córdoba confiaba la representación de su propio protector.
La relación entre San Rafael y Córdoba tiene una historia mucho más profunda.
La tradición cordobesa vincula al Arcángel con la protección de la ciudad durante las epidemias, especialmente con las grandes epidemias de peste que afectaron a Córdoba en la Edad Moderna.
La devoción alcanzó tal importancia que San Rafael terminó convirtiéndose en una de las imágenes más características de la ciudad.
De ahí que encontremos su figura repetida en numerosos lugares de Córdoba: iglesias, retablos, pinturas, esculturas y, especialmente, en los conocidos triunfos de San Rafael, monumentos que todavía forman parte del paisaje urbano cordobés.
El Arcángel terminó convirtiéndose casi en una presencia permanente en la ciudad. San Rafael en las calles, San Rafael en las iglesias y San Rafael también en el Ayuntamiento.
La ubicación del cuadro tiene además un significado que merece ser destacado.
Durante el siglo XVII, religión y vida pública estaban profundamente unidas. La sala donde se reunían los representantes municipales no era un espacio completamente separado de las creencias religiosas. Colocar allí al Arcángel significaba recordar que las decisiones humanas debían estar acompañadas por la protección divina. San Rafael pues contemplaba las deliberaciones del Cabildo.
Los regidores discutían los asuntos de Córdoba bajo la mirada de su protector.
Por eso, el cuadro de Antonio del Castillo no debe contemplarse únicamente como una obra de arte. También es un testimonio de la Córdoba del siglo XVII, de su mentalidad, de sus instituciones y de la profunda vinculación existente entre la ciudad, su Ayuntamiento y la religión.
Antonio del Castillo murió en Córdoba el 2 de febrero de 1668, en una vivienda situada en la actual calle Muñices, número 27.
El Ayuntamiento colocó posteriormente una placa conmemorativa en recuerdo del pintor en la casa vinculada a sus últimos días.
Y Córdoba tampoco ha olvidado su nombre. Una de sus calles lleva hoy el nombre de Antonio del Castillo, manteniendo vivo el recuerdo de quien fue uno de los grandes artistas nacidos en la ciudad. Así, casi cuatro siglos después de que pintara aquel San Rafael para el Cabildo, la ciudad continúa conservando la memoria del artista. Y quizá haya algo especialmente hermoso en ello: Antonio del Castillo pintó al protector de Córdoba para que presidiera las decisiones de la ciudad: El Arcángel permaneció. El Cabildo cambió. Los siglos pasaron. Pero la mirada de San Rafael continuó formando parte de la memoria de Córdoba. Un pintor cordobés. Un Arcángel protector. Una ciudad. Y un cuadro que convirtió la sala de gobierno en un espacio bajo la protección de San Rafael. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-