Ampliación de la Mezquita de Córdoba de Abd al-Rahman II

Plano de la planta de tres ampliaciones de la Gran Aljama de Córdoba.
Abderramán II y las ampliaciones de la Mezquita de Córdoba
Durante el largo y próspero reinado de Abderramán II (822–852), la Mezquita aljama de Córdoba fue objeto de dos importantes ampliaciones que reflejan tanto el crecimiento de la comunidad musulmana como el esplendor cultural del emirato omeya andalusí. La primera de estas ampliaciones tuvo lugar en el año 833 y afectó al ancho del edificio, mientras que la segunda, realizada en el año 848, se centró en su profundidad, extendiéndose desde las gruesas columnas conocidas como ary’ul hasta alcanzar la nueva qibla.
La intervención de 848 supuso la demolición del primitivo muro de la qibla, cuyos restos aún son visibles hoy en día bajo la forma de grandes pilares, integrados en la estructura posterior. Esta reforma permitió prolongar las arquerías en ocho nuevas crujías, lo que añadió unos 26 metros al edificio en dirección sur. Los elementos arquitectónicos empleados en esta ampliación respetaron el estilo instaurado por la fase fundacional de Abderramán I: arcos de herradura de doble nivel con alternancia de dovelas rojas y blancas, que confieren a la sala de oración su inconfundible ritmo visual. No obstante, se introdujeron novedades, como los denominados capiteles de pencas, realizados expresamente para esta fase y que destacan por su singular ornamentación vegetal.
Asimismo, Abderramán II impulsó la construcción de dos pórticos en el sahn (patio de abluciones) y procedió a su cerramiento mediante saqqifas o galerías cubiertas, con lo que el conjunto alcanzó una mayor monumentalidad y funcionalidad. Las obras fueron dirigidas por los eunucos Nasr y Masrur, y supervisadas por el cadí Muhammad ibn Ziyad, lo que refleja el alto nivel organizativo y técnico de la administración omeya.
Uno de los elementos más relevantes de esta reforma fue el nuevo mihrab, cuyos cimientos se hallan hoy bajo la Capilla de Villaviciosa. Esta alquibla monumental sobresalía al exterior del muro meridional y estaba concebida con un arco de herradura monumental sostenido por cuatro columnas con sus correspondientes basas y capiteles. Estas piezas fueron tan valoradas que Al-Hakam II decidió conservarlas e integrarlas en su posterior y célebre reforma del siglo X.
La cuestión de la orientación de la qibla, sin embargo, fue objeto de un conocido debate teológico y astronómico. Si bien algunos cosmógrafos propusieron corregir su orientación —al considerar que miraba demasiado hacia el oeste en lugar del sudeste hacia La Meca—, la propuesta encontró la oposición de buena parte del pueblo y del estamento religioso. Se cuenta que fue el alfaquí Abu Ibrahim quien zanjó la disputa con estas palabras: «El que sigue la tradición, acierta; fracasa el que se entrega a las novedades». Así, se mantuvo la orientación original, considerada canónica por su antigüedad y aceptación popular, aunque errónea desde un punto de vista astronómico.
Gracias a las excavaciones realizadas en el siglo XX por el arquitecto Félix Hernández, sabemos que el mihrab de Abderramán II supuso un precedente directo del que siglos más tarde construiría Al-Hakam II, ya que ambos comparten una concepción similar en planta, aunque el segundo alcanzaría un desarrollo y fastuosidad excepcionales.
De este modo, las reformas de Abderramán II no solo respondieron a necesidades prácticas de ampliación del espacio sagrado, sino que también consolidaron el carácter simbólico y espiritual de la Mezquita aljama de Córdoba como corazón religioso, político y cultural de al-Andalus. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc,.