
Aixa bint Ahmad al-Qurtubiyya, la gran poetisa de la Córdoba califal
Entre las mujeres más cultas y brillantes de la Córdoba del siglo X destaca la figura de Aixa bint Ahmad al-Qurtubiyya, conocida por sus contemporáneos simplemente como la Poetisa. Nacida en Córdoba durante el esplendor del Califato omeya, era hija de Ahmad ibn Qadí, jurista vinculado a la corte de Abderramán III, circunstancia que le permitió recibir una educación excepcional para su tiempo.
La Córdoba en la que vivió Aixa era una de las ciudades más importantes del mundo occidental. Capital del Califato fundado por Abderramán III, reunía bibliotecas, escuelas, traductores, filósofos, médicos, músicos y poetas procedentes de todo el ámbito islámico. En aquel ambiente de refinamiento intelectual, algunas mujeres de familias acomodadas lograron acceder a una sólida formación y participar activamente en la vida cultural.
Aixa destacó pronto por su dominio de la lengua árabe, por sus conocimientos literarios y por una extraordinaria capacidad para la composición poética. Las fuentes medievales la describen como una mujer culta, de gran inteligencia y fuerte personalidad. Sus poemas fueron muy apreciados en la corte cordobesa, donde se encontraba entre las versificadoras preferidas del califa.
Los cronistas señalan que sus composiciones combinaban sensibilidad y firmeza de carácter. Era capaz de expresar sentimientos delicados con gran elegancia, pero también de defender con decisión sus opiniones. Su fama trascendió los límites de Córdoba y se extendió por al-Ándalus, siendo citada por numerosos autores posteriores como ejemplo de excelencia literaria femenina.
Desgraciadamente, gran parte de su producción se ha perdido. Como ocurrió con muchos escritores andalusíes, el paso del tiempo, las guerras y la desaparición de numerosas bibliotecas provocaron que apenas hayan llegado hasta nosotros algunos fragmentos de su obra. Actualmente solo se conservan tres composiciones atribuidas con seguridad a Aixa bint Ahmad.
Uno de los versos más conocidos expresa la fugacidad de la vida y de la fortuna humana:
“Todo lo que existe tiene un plazo señalado;
cuando llega su término, desaparece.
Así sucede con los hombres,
así sucede con los reinos”.
En otro de sus poemas reflexiona sobre la condición humana y la inevitabilidad del destino:
“No te fíes de los días felices,
pues cambian como cambia el viento.
Ninguna dicha permanece,
ningún poder es eterno.”
También se le atribuyen versos donde muestra la profundidad espiritual característica de la poesía andalusí:
“La paciencia es la mejor compañera del alma;
quien sabe esperar,
encuentra alivio en aquello
que Dios tiene dispuesto para él.”
Aunque escasos, estos fragmentos permiten apreciar la calidad literaria de una autora que gozó de enorme prestigio entre sus contemporáneos.
La figura de Aixa constituye además un valioso testimonio del papel que algunas mujeres desempeñaron en la vida intelectual de al-Ándalus. Junto a otras cordobesas ilustres como Lubna de Córdoba o Wallada bint al-Mustakfi, forma parte de una tradición femenina culta que contribuyó al extraordinario desarrollo cultural de la Córdoba islámica.
Su nombre aparece recogido en repertorios biográficos medievales como ejemplo de mujer sabia, poeta y erudita. Gracias a esas referencias conocemos hoy la existencia de una escritora que, desde la Córdoba, logró alcanzar una fama que se extendió por toda la península ibérica y que aún perdura más de mil años después. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-
El la fotografia unos de sus versos