
La Chanca de Conil, antigua almadraba de Conil de la Frontera, constituye uno de los conjuntos industriales y pesqueros más importantes del litoral andaluz y uno de los grandes testimonios históricos de la cultura del atún rojo en el Estrecho de Gibraltar.
Su origen se remonta a finales del siglo XIII. Comenzó a construirse en 1299 y quedó terminada a comienzos del siglo XIV por mandato de Alonso Pérez de Guzmán, después de que el rey Fernando IV de Castilla le concediera el monopolio de la pesca del atún rojo en estas costas atlánticas. Aquella concesión convirtió a Conil en uno de los grandes centros atuneros de la Corona castellana.
Sin embargo, la tradición almadrabera de la zona era muchísimo más antigua. La pesca del atún rojo en el entorno del Estrecho probablemente comenzó en época tartésica y fue desarrollada posteriormente por los fenicios, grandes navegantes y comerciantes del Mediterráneo oriental que introdujeron avanzadas técnicas de navegación, salazón y conservación del pescado.
Más tarde, los romanos potenciaron enormemente esta actividad económica, como demuestran las cercanas ruinas de Baelo Claudia, donde aún hoy pueden contemplarse las factorías de salazón y garum vinculadas a la explotación atunera del litoral gaditano. El garum, apreciadísima salsa elaborada con vísceras de pescado fermentadas, fue exportado desde Hispania a todo el Imperio romano.
Aunque parte de estas infraestructuras quedaron destruidas o abandonadas tras las invasiones germánicas y el periodo visigodo, la actividad pesquera volvió a cobrar importancia durante al-Ándalus. Los andalusíes mantuvieron y perfeccionaron muchas técnicas relacionadas con la pesca y la conservación del atún, favoreciendo nuevamente la actividad económica de las costas del sur peninsular.
Con la conquista castellana se produjo inicialmente un cierto debilitamiento del sector, consecuencia de la inestabilidad política y militar de la frontera, pero pronto la Corona comprendió el enorme valor económico de las almadrabas del Estrecho. La concesión otorgada a Guzmán el Bueno consolidó definitivamente la explotación organizada del atún rojo en Conil.
La Chanca fue reconstruida y ampliada durante el siglo XVI, cuando la actividad atunera alcanzó una enorme importancia económica. Hasta entonces gran parte del trabajo se realizaba directamente en la playa, pero el crecimiento de las capturas hizo necesario centralizar las tareas en un gran recinto industrial capaz de organizar todo el proceso.
Durante siglos, La Chanca fue el corazón económico y laboral de Conil. En sus dependencias se desarrollaba toda la actividad relacionada con la almadraba: el despiece del atún, las labores de ronqueo, la salazón y conservación del pescado, así como el almacenamiento y preparación de redes, cabos y embarcaciones.
El complejo contaba con piletas de salazón, almacenes de sal, salas de pertrechos, espacios para guardar artes de pesca, barcas y materiales, además de amplios patios interiores donde trabajaban multitud de oficios vinculados al mar.
Por aquellos patios pasaron generaciones enteras de carpinteros de ribera, calafates encargados de impermeabilizar embarcaciones, rederos que reparaban las enormes redes de la almadraba, ronqueadores expertos en el despiece del atún, saladores, mozos de pila y jornaleros que daban vida a una de las industrias pesqueras más importantes de Andalucía.
La propia palabra “ronqueo” procede del sonido ronco que produce el cuchillo al rozar el espinazo del atún durante el despiece, una técnica artesanal que aún hoy continúa practicándose.
La actividad de La Chanca se mantuvo en funcionamiento hasta finales del siglo XIX, cuando comenzaron los cambios industriales y económicos que transformaron progresivamente las tradicionales almadrabas andaluzas.
Tras dejar de utilizarse como instalación atunera, el edificio tuvo usos muy diversos. Fue empleado como almacén, cuartel de la Guardia Civil, establo y cuadra, reflejando el progresivo abandono de un conjunto histórico que durante siglos había sido esencial para la economía local.
Finalmente, en 1971 quedó definitivamente cerrado y en desuso. Durante décadas permaneció deteriorándose lentamente frente al Atlántico, hasta que comenzaron proyectos de recuperación patrimonial que permitieron valorar nuevamente su enorme importancia histórica, etnográfica e industrial.
Hoy, La Chanca de Conil es considerada uno de los grandes símbolos de la memoria marinera gaditana y un testimonio excepcional de siglos de cultura almadrabera vinculada al atún rojo en las costas del sur de la Península Ibérica. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-
Conil vista del la Torre de Guzmán, desde donde se puede ver en el horizonte los suaves montes de Vejer que hace algún tiempo lucias las aspas de sus molinos de viento,