
El día 26 de Marzo de 1091 muere la princesa Wallada Bint al Mustakfi o Wallada Almostacfi (El mismo día que los Almorávides toman Córdoba). Había nacido en la Capital del califato en el año 994. Hija de Muhámmad III, decimoprimer califa, y octavo perteneciente a la dinastía Omeya del califato de Córdoba. Su madre fue una esclava llamada Amin’am y su nodriza y maestra la esclava negra Safia
La niñez de Wallada coincide con el esplendor de Almanzor, y su adolescencia con los conflictos que señalan el final del Califato
Muhámmad III es asesinado cuando Wallada tiene 17 años y al carecer de descendientes varones, la hija hereda, y esto le permite gozaba de una libertad y capacidad de acción prescindiendo de toda tutela masculina. En su casa de Córdoba ofrecía instrucción en la poesía y el canto a hijas de familias poderosas y a esclava; al mismo tiempo que abre sus salones a tertulias donde acuden literatos y poetas.
Entre sus alumnas destacó por su talento Muhya Bint Al Tayyani, una joven de condición muy humilde (hija de un vendedor de higos) a la que acogió en su casa y que terminó denigrándola en crueles sátiras y destruyendo su relación con Zaydum, el hombre que más amo.
Su posición privilegiada en lo social le da un carácter excepcional, aunque la personalidad de Wallada, sensible y refinada, culta y de gran talento poético, hubiese destacado de todos modos. Fue la más célebre de las escritoras andalusíes
A los 20 años conoció al poeta Ibn Zaydum que marcó para siempre su vida, con él mantiene una relación en secreto ya que estaba vinculado a los Banu Yahwar, linaje rival de los Omeyas al que ella pertenecia. Su historia de amor y desamor con este noble de excelente posición, de gran influencia política y el intelectual más elegante y atractivo del momento, se convirtió en una leyenda. Fue el choque de dos vanidades literarias, en la que ella tomó la iniciativa. Tras unos amores apasionados, pronto se acabo el idilio.
Cuando rompió su relación con Ibn Zaydum, empezó a relacionarse el visir Ibn Abdus el hombre fuerte de Córdoba, rival político y enemigo personal de Ibn Zaydun, al que privó de sus bienes y acabó metiendo en la cárcel. En esa época de cautiverio físico y amoroso escribió Ibn Zaydun sus poemas más famosos, aunque Wallada no quiso volver a verlo. Eso es lo que creó realmente la leyenda. Ibn Zaydun, tras recobrar la libertad, recorría de noche los palacios arruinados de Medina Al Zahara, símbolos de una pasión destruida. Cuenta la leyenda que toda Córdoba lo vio errante y ojeroso, enfermo de amor, y supo de sus poemas sumisos, implorando el perdón que nunca le fue concedido.
De la relación entre Ibn Zaydum y Wallada nacieron varios de los poemas que se conservan de ella, poemas que tuvieron la misión de ser cartas entre los amantes, dos expresan los celos, la añoranza y los deseos de encontrarse; otro, la decepción, el dolor y el reproche; cinco son duras sátiras contra su amante, al que reprocha entre otras cosas tener amantes masculinos, y el último alude a su libertad e independencia.
Apenas se conservan nueve poemas de Wallada por los que se le adjudica, cierta fama de atrevida y mordaz y subida de tono, en sus versos, seguramente unidas a las represalias de sus enemigos, motivaron que pasara a la historia como inmoral y libertina, a lo cual contribuye el hecho de que no se casó nunca, y se le conocieron varios amantes.
Se atrevia a participar en competencias masculinas, y a terminar poemas inconclusos mostrando con libertad su rostro. A la moda de Bagdad. Versos suyos bordaba en la orla de su vestido o en túnicas transparentes, al lado izquierdo rezaba: “Por Allah, que merezco cualquier grandeza y sigo orgullosa mi camino.” Y en el lado derecho decía: “doy gustosa mi mejilla a mi enamorado y doy mis besos a quien los quiera.”
Este comportamiento la lleva a ser denominada “perversa”, y los integristas la juzganon con dureza.
Sin embargo, muchos defienden su honestidad; por ejemplo Ibn Hazm y el visir Ibn Abdus.
Arruinada en su fortuna y su crédito, Wallada recorrió los reinos de Córdoba y Sevilla, exhibiendo su talento, pero siempre volvió a Ibn Abdús, en cuyo palacio acabó viviendo, bajo cuya protección le sobrevivió, siempre altiva y hermosa, hasta cumplidos los 80 años. sccc
Fotografía de Wallada de José Luis Muñoz.

no amarías, ni hubieses preferido, a una esclava mía.
Has dejado la rama que fructifica en belleza
y has cogido rama que no da frutos.
Sabes que soy la luna de los cielos,
pero has elegido, para mi desgracia, sombrío planeta.
Wallada.