
Escultura de Mario César de las Cuevas, elaborada en bronce patinado de 3,50 metros de altura, de corte poco clásico, señala directamente al castillo y que se encuentra situado sobre una peana de dos metros de diámetro que supone el mar del que emergen dos atunes, un detalle de la importancia que tuvo la almadraba de Sancti Petri.
Templo de Hércules Gaditano: santuario del fin del mundo antiguo
El Templo de Hércules Gaditano, considerado uno de los grandes santuarios del mundo antiguo, se levantaba en las antiguas islas Gadeiras, frente a la costa atlántica de la actual Sancti Petri, en la provincia de Cádiz. Sus orígenes se remontan a los tiempos del asentamiento fenicio, cuando los navegantes de Tiro erigieron un templo dedicado a Melkart, su principal divinidad protectora, símbolo de la fuerza solar y del poder marítimo.
Durante la dominación cartaginesa, el culto a Melkart se mantuvo con idéntico fervor. Sin embargo, con la llegada de los romanos, el dios fenicio fue asimilado a Hércules, adoptando el nombre latino con el que el templo pasaría a la posteridad. Así, el santuario se convirtió en un centro de devoción universal, visitado por generales, reyes y comerciantes de todo el Mediterráneo.
El emplazamiento del templo, próximo al estrecho de Gibraltar, alimentó desde la Antigüedad la leyenda de las Columnas de Hércules, límite del mundo conocido. Los fenicios las llamaron en su origen Columnas de Melkart; los griegos las reinterpretaron como las Columnas de Heracles, y los romanos perpetuaron ese mito como símbolo de frontera y descubrimiento.
En este confín donde el Atlántico se encontraba con el Mare Nostrum, la figura de Hércules-Melkart representaba la unión de Oriente y Occidente, de lo divino y lo humano, del esfuerzo heroico y la eternidad del mar.
El geógrafo Estrabón, en el siglo I a. C., refiere en su Geografía que los tirios fundaron Gadeira, erigiendo el santuario a Melkart en la parte oriental de la isla y la ciudad en la occidental. Según la tradición, el templo habría sido fundado en tiempos de la guerra de Troya, lo que subraya su carácter mítico y su antigüedad venerable.
Las fuentes clásicas describen un complejo monumental formado por varias edificaciones, entre las que destacaba un edificio principal con un gran patio central. Se accedía a él por una puerta flanqueada por dos columnas, donde un relieve en bronce representaba los Doce Trabajos de Hércules.
En el interior, los sacerdotes mantenían encendido el fuego perpetuo, símbolo de la presencia divina. También destacaba un pozo de agua dulce, aún existente, cuyo nivel subía y bajaba en sentido inverso al de las mareas, fenómeno que asombraba a los visitantes de la Antigüedad. El historiador latino Pomponio Mela mencionaba además que bajo el templo se hallaban los restos de Hércules, así como reliquias míticas: el cinturón de Teucro o el árbol de Pigmalión.
El santuario fue testigo de episodios decisivos de la historia antigua. Se dice que Aníbal, siendo niño, juró en su interior odio eterno a Roma ante su padre Amílcar Barca, y que años después, antes de su marcha a Italia, volvió a postrarse ante Melkart para pedirle la victoria.
También Julio César acudió al templo hacia el año 68 a. C. Allí, según cuenta la tradición, lloró ante la estatua de Alejandro Magno, lamentando no haber igualado a su edad las hazañas del macedonio. En el año 45 a. C. regresó al santuario, donde ofreció sacrificios y obtuvo apoyo financiero de los sacerdotes para su campaña contra los hijos de Pompeyo en la batalla de Munda.
De este modo, el templo gaditano no solo fue lugar de culto, sino también escenario de decisiones políticas y militares que marcaron el destino del Mediterráneo.
El esplendor del templo se prolongó durante siglos, hasta que los almorávides lo destruyeron en el año 1146, movidos por la búsqueda de sus supuestos tesoros. Sobre sus ruinas fenicias y romanas se levantaron, en el siglo XIII, el faro y el castillo de Sancti-Petri, fortificaciones que continuaron utilizando sus sillares.
La erosión del mar, el expolio de piedra para nuevas construcciones y los ataques sucesivos acabaron borrando casi por completo el antiguo santuario. Sin embargo, su recuerdo perduró en las crónicas medievales y en la toponimia.
Durante la invasión napoleónica, el castillo de Sancti-Petri fue reutilizado como bastión defensivo de Cádiz, reviviendo simbólicamente la función protectora del lugar.
Una tradición piadosa medieval afirma que el apóstol Santiago visitó la isla de Sancti-Petri para erradicar el culto pagano y consagrar el templo al cristianismo en honor de San Pedro, de donde habría derivado su nombre actual. Así, el espacio sagrado de Melkart se habría transformado en lugar de culto apostólico, reflejando la continuidad espiritual entre el mundo antiguo y el cristiano.
Muchos siglos después, el eco del Templo de Hércules resonó de nuevo en el arte. En este mismo escenario, el compositor Manuel de Falla concibió, ya en el siglo XX, su obra inacabada “La Atlántida”, inspirada en los mitos del mar y de las civilizaciones desaparecidas.
De este modo, el viejo santuario gaditano, que unió a Melkart y Hércules, a fenicios y romanos, y a historia y leyenda, sigue representando el punto de encuentro entre Oriente y Occidente, entre el mito y la memoria. Allí, donde se pensó que acababa el mundo, nació una de las más duraderas imágenes del alma mediterránea. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-