
Monumento a Sebastián de Belalcázar en Santiago de Cali Se trata de una escultura elaborada en bronce y con la que en 1936 se celebraron los 400 años de fundada Santiago de Cali. La mano izquierda de conquistador se posa sobre su espada Férrea una “Tizona” fabricada en Córdoba y su mano derecha señala con el índice el Oeste, indicando por donde se encuentra el camino al pacífico.
En 1480 nació Sebastián Moyano de Cabrera, más tarde conocido como Sebastián de Belalcázar, en la localidad cordobesa de Belalcázar, de la cual tomó el apellido que pasaría a la historia. Su vida se desarrolló en pleno proceso de expansión imperial castellana en ultramar, y él mismo se convirtió en uno de los más destacados militares, exploradores y conquistadores del siglo XVI, llegando a ostentar los títulos de Adelantado y Gobernador vitalicio de Popayán. Murió en Cartagena de Indias en 1551, sin llegar a regresar a España para defenderse de las acusaciones judiciales que pesaban sobre él.
La tradición señala que Belalcázar habría abandonado su ciudad natal siendo muy joven, huyendo tras matar accidentalmente un mulo, temiendo el castigo judicial y buscando fortuna en el Nuevo Mundo. Se ha planteado que pudo embarcar hacia las Indias Occidentales en 1498, en el tercer viaje de Cristóbal Colón, aunque su presencia documentada con seguridad no aparece hasta las primeras expediciones de comienzos del siglo XVI.
Sebastián de Belalcázar formó parte en 1514 de la expedición de Pedrarias Dávila, uno de los grandes capitanes de la conquista del Caribe y Tierra Firme, participando en la fundación y consolidación de nuevas poblaciones. Allí obtuvo el título de capitán, comenzando una carrera militar ascendente.
Poco después se unió a Francisco Hernández de Córdoba, con quien participó en campañas de conquista en Centroamérica. La influencia que ejerció en estos territorios le llevó a desempeñar cargos administrativos:
Fue alcalde de la ciudad de León (Nicaragua), donde permaneció hasta 1527.
Participó en las disputas internas por el control del territorio, llegando incluso a viajar a Honduras en el marco de los conflictos entre gobernadores y facciones rivales.
En el Darién tuvo ocasión de conocer a Francisco Pizarro y Diego de Almagro, quienes preparaban la expansión hacia los dominios del Imperio Inca. Belalcázar se unió a ellos y participó en la conquista del Perú, distinguiéndose lo suficiente como para que Pizarro lo recompensara con un mando propio.
Tras la caída del Tahuantinsuyo, Pizarro lo nombró gobernador de la provincia correspondiente a la actual República del Ecuador. Desde allí organizó nuevas expediciones y emprendió la fundación de ciudades, entre ellas una especialmente significativa, San Francisco de Quito, ciudad establecida en honor de los misioneros franciscanos, cuyo símbolo permanece en el escudo capitalino mediante el distintivo cordón franciscano.
Pero Quito no fue entregada fácilmente. Hasta poco antes había sido la ciudad más septentrional del Imperio Inca, y al aproximarse Belalcázar, el general inca Rumiñahui ordenó incendiarla, enviando la mayor parte del tesoro hacia las montañas de los Andes para evitar que cayera en manos castellanos.
Belalcázar trató de consolidar el dominio castellano sobre la región andina y, al mismo tiempo, dirigió nuevas campañas hacia el norte, adentrándose en lo que hoy es Colombia. Allí escuchó noticias insistentes sobre un poderoso cacique que se cubría el cuerpo de oro durante ceremonias solares en un territorio llamado Cundinamarca. Según la tradición, Belalcázar exclamó: «Vamos a ver ese Dorado.»
El mito del El Dorado movió a numerosos expedicionarios, y Belalcázar recorrió con sus tropas, la región de Pasto, Los valles de los ríos Cauca y Magdalena, Altiplanos y sabanas del interior.
En estas campañas fundó numerosas poblaciones que serían fundamentales en la organización colonial, como, Santiago de Guayaquil, Ampudia, Popayán, Anserma, Guayaqui, Neiva y Santiago de Cali
En la sabana de Bogotá se encontró con Gonzalo Jiménez de Quesada, conquistador procedente del interior, y ambos hicieron su entrada conjunta en Santa Fe, desde donde embarcaron a España para reclamar derechos y cargos ante la Corona.
El monarca Carlos I, impresionado por sus méritos, le concedió amplias tierras y jurisdicciones. En un documento oficial se le reconocía: «…por cuanto vos Capitán Sebastián de Belalcázar, continuando vuestros servicios con gente a pie y de a caballo a vuestra costa, habéis descubierto, conquistado y poblado las ciudades de Popayán y Santiago de Cali y villas de Anserma, Guanacas, Neiva y otras provincias… es nuestra merced y voluntad que por todos los días de vuestra vida seáis nuestro Gobernador y Capitán General de dichas ciudades.»
Con este nombramiento, Belalcázar regresó triunfante a América como Adelantado y Gobernador de Popayán.
De regreso al Nuevo Mundo, supo que el conquistador Jorge Robledo había fundado ciudades en Antioquia sin su permiso, como Antioquia, Anserma y Cartago. Aunque Robledo intentó llegar a un acuerdo diplomático, Belalcázar lo mandó apresar y ejecutar en 1546.
Este hecho provocó un proceso judicial de enormes repercusiones. La viuda de Robledo denunció a Belalcázar por asesinato. El rey envió un visitador real para juzgar los hechos.
Belalcázar fue condenado a muerte in absentia, acusado no solo de la ejecución de Robledo, sino también de malos tratos a los indígenas y participación en conflictos violentos entre conquistadores.
çPese a ello, el veterano adelantado apeló directamente al rey y obtuvo permiso para viajar a España a defenderse.
Viejo, enfermo y desgastado tras décadas de campañas, Belalcázar emprendió el viaje hacia la península, pero no consiguió llegar. Falleció en Cartagena de Indias en 1551, antes de embarcar, cerrando una vida marcada por la guerra, la conquista y la ambición imperial.
Con su muerte terminó la carrera de uno de los conquistadores más influyentes del Nuevo Reino de Granada y el actual Ecuador, cuyas fundaciones aún perduran como grandes ciudades de Hispano America. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-

Ruta de Sebastián de Belalcáza

Estatua de Sebastián de Belalcázar del escultor español Victorio Macho colocada en Cali con motivo del 4º centenario de su fundación.