
Esta letra pertenece a uno de los romances de amor y guerra, género poético de gran difusión en la tradición oral hispánica. En él se narra la historia de un caballero que, tras la guerra de Granada, regresa a su hogar solo para descubrir que su esposa ha muerto durante su ausencia. El dramatismo del relato, con su contraste entre la gloria bélica y la tragedia íntima, encarna a la perfección el espíritu de los viejos romances, donde la épica y el sentimiento amoroso se entrelazaban en un mismo canto.
Gerald Brenan, en su Lírica popular, menciona dos canciones de este tipo; una de ellas es casi idéntica a la que nos ocupa. Data del siglo XIV y forma parte de las coplas de Catalina de Granada, enmarcadas en el contexto de las guerras entre granadinos y castellanos. Existen diversas versiones, algunas del siglo XV y otras del XVI. Entre los autores que las recopilaron o transcribieron se encuentran el licenciado Mejía de la Cerda, Guillén de Castro y Luis Vélez de Guevara.
Siglos más tarde, aquellos versos inspiraron una cancioncilla popular que las niñas solían entonar en corro, adaptando la vieja tradición oral a un hecho contemporáneo: la muerte de María de las Mercedes de Orleans, la primera esposa de Alfonso XII, fallecida prematuramente apenas cinco meses después de la boda. El pueblo, conmovido por la tragedia, evocó la desdicha del monarca en esta coplilla infantil, convirtiéndola en un eco moderno de aquel romance medieval.
La fuerza simbólica de esta historia, donde se funden la fatalidad del destino y el amor truncado por la muerte, trascendió aún más en el siglo XX gracias al cine. En 1958, el director Luis César Amadori llevó a la gran pantalla la película ¿Dónde vas Alfonso XII?, protagonizada por Vicente Parra y Paquita Rico, que recreaba con tono romántico y sentimental la historia de Alfonso y María de las Mercedes. La cinta popularizó aún más la leyenda en el imaginario colectivo español, consolidando el vínculo entre el viejo romance fronterizo, la canción infantil y la memoria histórica de una de las parejas más recordadas de la monarquía española.
Así, la sencilla letra de un romance medieval, nacida en tiempos de guerras de frontera y transmitida de generación en generación, acabó por entrelazarse con un suceso real del siglo XIX y con la cultura popular del XX, demostrando la perdurabilidad de la tradición oral y su capacidad de transformarse para dar voz a las emociones colectivas de cada época. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.

Alfonso XII y María de las Mercedes, el día de su boda
Coplilla que cantaba las niñas jugando al corro:
¿Dónde vas, Alfonso XII,
dónde vas triste de tí?
Voy en busca de Mercedes
que hace tiempo no la ví.
Si Mercedes ya se ha muerto,
muerta está que yo la vi,
cuatro duques la llevaban
por las calles de Madrid,
Su carita era de cera
y sus manos, de marfil,
y el velo que la cubría,
de color carmesí.
Al subir por la escalera
una sombra negra vi,
cuanto más me retiraba
más se aproximaba a mí.
No te retires, Alfonso,
no te retires de mí,
que soy tu esposa Mercedes
que te vengo a recibir.