
El 23 de enero de 1977, Rafaela María Porras y Ayllón, conocida en la vida religiosa como Rafaela María del Sagrado Corazón de Jesús, fue canonizada solemnemente en Roma por el papa Pablo VI. La ceremonia constituyó un acontecimiento de gran relevancia espiritual y social, especialmente para su localidad natal, Pedro Abad (Córdoba), desde donde se desplazó una nutrida delegación encabezada por la alcaldesa del municipio. Junto a ella acudieron numerosos vecinos, alrededor de cincuenta familiares de la santa, y una destacada representación de la congregación fundada por Rafaela María, presidida por la madre general, Mitsuyo Fukasawa, de origen japonés, lo que evidenciaba ya la dimensión internacional del instituto religioso.
Rafaela María había nacido en Pedro Abad el 1 de marzo de 1850, en el seno de una familia acomodada. Fue hija de Ildefonso Porras, presidente de la Cámara de Pedro Abad, y de Rafaela Ayllón Castillo. El matrimonio tuvo trece hijos, y la infancia de Rafaela María estuvo marcada tempranamente por el sufrimiento: cuando apenas contaba cuatro años, su padre falleció víctima de una epidemia de cólera, y en 1869 murió también su madre, dejando a la familia huérfana.
En 1874, Rafaela María y su hermana Dolores decidieron retirarse al convento de las clarisas de Córdoba, iniciando un camino de discernimiento espiritual. Al año siguiente ingresaron en la congregación de las Hermanas de María Reparadora, donde Rafaela adoptó el nombre de Rafaela María del Sagrado Corazón. Sin embargo, cuando la congregación se trasladó a Sevilla, ambas hermanas permanecieron en Córdoba. Con el apoyo decisivo del obispo Zeferino González y Díaz Tuñón, comenzaron una nueva obra religiosa que daría origen al Instituto de Adoratrices del Santísimo Sacramento e Hijas de María Inmaculada, germen de la futura congregación.
Poco después de la fundación inicial, Rafaela María se trasladó con otras dieciséis religiosas primero a Andújar y posteriormente a Madrid. Allí, el 14 de abril de 1877, recibieron la aprobación diocesana para constituir oficialmente la comunidad de las Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús, dedicada fundamentalmente a la adoración del Santísimo Sacramento y a la educación de niños y jóvenes, con especial atención a los más pobres y desfavorecidos. La congregación fue respaldada por el cardenal Moreno, y el 29 de enero de 1887, el papa León XIII otorgó la aprobación definitiva, lo que permitió un rápido crecimiento y la apertura de nuevas casas en Córdoba, Jerez de la Frontera, Zaragoza, Bilbao, Cádiz y Roma.
Ese mismo año, Rafaela María fue elegida superiora general de la congregación, cargo que desempeñó hasta 1893. No obstante, profundas disensiones internas, especialmente relacionadas con la gestión económica, provocaron su destitución. Su propia hermana Dolores —religiosa con el nombre de sor María del Pilar y tesorera general— la denunció, creyendo que había cometido errores administrativos. Influenciadas por consejeros religiosos, las autoridades eclesiásticas declararon a Rafaela María incapaz de gobernar la congregación y nombraron superiora a su hermana.
Desde entonces, Rafaela María fue apartada de cualquier responsabilidad, retirándose a una vida de silencio y anonimato en una casa de la congregación en Roma, donde vivió olvidada y humillada. Aquel periodo de profunda prueba espiritual solo se vio interrumpido por dos viajes: uno a Loreto y Asís, y otro a España. Su actitud de humildad, obediencia y aceptación del sufrimiento marcaría decisivamente su posterior fama de santidad.
Los últimos ocho meses de su vida los pasó postrada en cama, aquejada de un intenso dolor en la rodilla derecha, que fue consumiendo lentamente su salud hasta su fallecimiento, ocurrido el 6 de enero de 1925, en Roma.
Tras su muerte, las autoridades eclesiásticas reconocieron el error cometido y se inició el proceso de beatificación. Un episodio extraordinario reforzó su reputación de santidad: hacia el final de la Segunda Guerra Mundial, el cementerio romano donde reposaban sus restos fue bombardeado por las fuerzas estadounidenses. Aunque las explosiones afectaron a los alrededores, su tumba quedó intacta. Al exhumar el cuerpo, fue hallado incorrupto y flexible, hecho que causó gran impresión.
Finalmente, el papa Pío XII la beatificó en 1952, y Pablo VI culminó el proceso al canonizarla el 23 de enero de 1977, proclamándola santa de la Iglesia católica. La figura de Santa Rafaela María del Sagrado Corazón de Jesús permanece hoy como ejemplo de humildad, entrega, obediencia y amor al Santísimo Sacramento, así como un motivo de orgullo espiritual e histórico para Pedro Abad, Córdoba y la Iglesia universal. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc,-.
Escultura de Santa Rafaela María en la Basílica de San Pedro del Vaticano. La figura tiene una Biblia entreabierta por el libro de las reclamaciones, sostenida con la mano izquierda levantada, para simbolizar la educación cristiana.

María, fundadora de las Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús.

· Urna funeraria de Rafael María.