
Rafael Mesa “El Guerra”, nace el 11 de enero de 1944 en el popular barrio del Campo de la Verdad, a orillas del Guadalquivir y junto a la histórica Torre de la Calahorra, en la ciudad de Córdoba. Desde su infancia se empapó del aire castizo del barrio, del sonido de las fraguas, del martilleo de las herrerías, y del eco de los cantes que, como un susurro antiguo, recorrían las calles de su entorno.
Tras completar los estudios primarios, a los catorce años comenzó su formación como aprendiz en una herrería, donde además de forjar hierro, fue curtiendo oído en el cante que brotaba espontáneo de los oficios y los patios. Aprendió también el oficio de mecánico, y en 1962 ingresó en la fábrica de CENEMESA, una de las industrias más significativas de la Córdoba de mediados del siglo XX. Allí trabajó hasta su jubilación en 1996, recorriendo buena parte de la geografía española como montador de mecanismos de paralaje, oficio técnico que supo compaginar con su vocación flamenca.
Su pasión por el flamenco comenzó en la adolescencia, alentada por la figura del maestro Enrique del Rosal, quien años más tarde sería catedrático de Flamencología en el Conservatorio de Música de Madrid. Pero fueron las vivencias más cercanas las que forjaron su estilo: su maestro herrero Juan Osuna; el aficionado José Carrasquilla, participante en el II Concurso Nacional de Cante Flamenco de 1956; y especialmente Pepe Lora, quien lo introdujo de lleno en los cantes de Córdoba, especializándolo en palos como la soleá de Córdoba, la alegría, y otras variantes locales.
Uno de los momentos decisivos en su trayectoria artística fue su participación en las charlas flamencas organizadas por el estudioso Pedro Palop entre 1965 y 1970. Estas conferencias ilustradas servían tanto para divulgar como para dignificar el arte jondo, siendo Rafael Mesa el encargado de interpretar los cantes generales, mientras que Pepe Lora se centraba en los cantes cordobeses. Estas actuaciones semididácticas ayudaron a consolidar su presencia como cantaor serio y versado.
Rafael Mesa ha sido un cantaor fundamentalmente no profesional, es decir, alejado de los grandes circuitos comerciales, pero intensamente valorado en el ámbito de las peñas flamencas. Entre ellas destacan la Peña «Los Bordones», ubicada en Casa el Gordillo, y la Peña Flamenca Campo de la Verdad, verdadero hervidero del cante cordobés. También frecuentó el Rincón del Cante, donde entabló amistad con el castizo Ángel Barrilero Carmona, otro apasionado del flamenco.
Debido a su trabajo técnico, visitó numerosas localidades, especialmente en Cataluña, donde tuvo contacto con peñas como la de Badalona. En estos círculos, compartió momentos y escenarios con críticos y aficionados como Rafael Morales Montes, figura esencial del flamenco cordobés.
En su haber está uno de los hitos del flamenco litúrgico cordobés: la promoción de la primera Misa Flamenca celebrada en la ciudad, el 19 de marzo de 1971, en la Iglesia de San José y Espíritu Santo del Campo de la Verdad. Presidida por el párroco Bartolomé Menor Borrego, fue un acto de fusión entre lo sagrado y lo jondo, testimonio de la versatilidad expresiva del flamenco.
Una de sus últimas apariciones públicas más significativas tuvo lugar durante la Noche Blanca del Flamenco de Córdoba, el 20 de junio de 2009, en un enclave tan simbólico como la Torre de la Calahorra, volviendo así al lugar donde había comenzado su andadura vital.
Rafael Mesa «El Guerra», apodado así quizá en homenaje simbólico a Rafael Guerra Bejarano, no fue un cantaor de masas, pero sí un transmisor fiel de la tradición flamenca cordobesa, con un profundo conocimiento de los estilos y un sentido del compás y del duende marcado por su experiencia vital y laboral. Hoy, aún con vida, permanece en el recuerdo y el respeto de los aficionados como una figura senequista, reflexiva, con cierto aire reservado que se transforma en cercanía cuando el ambiente es el adecuado. Aún sigue siendo “El Guerra” un referente del cante hecho con verdad, con raíces y con alma. Soledad Caeeasquilla caballero. sccc.-