[REQ_ERR: SSL] [KTrafficClient] Something is wrong. Enable debug mode to see the reason. Rafael Guerra Bejarano – Cosas de Cordoba

Rafael Guerra Bejarano

Es considerado uno de los grandes del toreo y se distingue no solo por su maestría en la lidia, sino también por su peculiar personalidad, la cual acentuaba con frases coloquiales y populares que han perdurado en la memoria colectiva. Algunas de estas expresiones que se le atribuyen son: «Ca uno es ca uno», «Lo que no pue sé no pue sé y ademá es imposible» o «Hay gente pa tó», frases que reflejaban su carácter directo y su visión pragmática de la vida.

Nació en Córdoba el 13 de marzo de 1862 en el seno de una familia humilde. Su padre trabajaba en el Matadero Viejo y era conocido como «El Llavero», apodo que Rafael heredó en su infancia y utilizó en diminutivo durante sus primeros años en la cuadrilla de los Niños Cordobeses, siendo conocido entonces como «Llaverito».

Ya en 1882 ingresó en la cuadrilla de Fernando Gómez anunciándose desde entonces como «Guerrita».

Su primer novillo lo mató a la edad de 16 años, por aquel entonces era todavía «Llaverito». Fue «Lagartijo», a quien el padre de Guerrita ayudo en sus primeros tiempos como torero, el que le dio la alternativa en la plaza de Madrid el 20 de septiembre de 1887.

Lo mismo que su maestro y amigo, Lagartijo, fue Guerrita un torero muy completo y heredero del Califato que ostentaba el primero. En su larga vida profesional toreó un total de 892 corridas y estoqueó 2.577 toros.

El 20 de septiembre de 1887, en la plaza de toros de Madrid, tomó la alternativa de manos de «Lagartijo», el torero a quien su padre había ayudado en sus inicios. Esta alternativa marcó el inicio de una de las trayectorias más exitosas en la historia de la tauromaquia. Guerrita destacó por ser un torero completo, con gran dominio de los tres tercios y un estilo que combinaba elegancia y eficacia. Su éxito fue arrollador, llegando a ostentar el título de «Califa del Toreo», en sucesión de su maestro y amigo Lagartijo.

En su larga carrera profesional, Guerrita toreó un total de 892 corridas y estoqueó 2.577 toros, cifras que reflejan su intensa actividad en los ruedos. Durante esos años, viajó a diversas plazas tanto en España como en el extranjero, consolidando su fama. El mismo año de su alternativa, 1887, firmó un contrato para torear en La Habana, donde tenía previstas 14 corridas. Sin embargo, en enero sufrió una grave cogida que estuvo a punto de costarle la vida: un toro le infirió una cornada en el cuello, lo que puso en peligro su carrera y su integridad física.

Pese a este y otros percances, Guerrita se mantuvo en la élite del toreo hasta finales de siglo. Finalmente, el 16 de octubre de 1899, en la última corrida de la Feria del Pilar en Zaragoza, anunció su retirada definitiva de los ruedos, dejando tras de sí una huella imborrable en la tauromaquia. Desde entonces, se dedicó a sus negocios, a su familia y a la gestión del Club Guerrita, un club social que se hizo muy popular en Córdoba y que reunió a personalidades de la época.

Su legado en el mundo del toreo perdura, siendo recordado no solo por su destreza en la plaza, sino también por su carácter indomable y sus célebres frases, que siguen formando parte del imaginario popular taurino. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-

El Guerra, oleo de Julio Romero de Torres. Colección particular, depósito en Museo Julio Romero de Torres
Romero de Torres realizar una serie de retratos de los grandes toreros de la época, retrata a Guerrita, retirado ya de los ruedos. La obra es uno de los emblemas de la pintura taurina y representa al torero con el capote de paseo al hombro junto a las escaleras de su casa. El cuadro fue encargado por López de Alvear presidente del club Guerrita. 

Rafael Guerra Bejarano, con cordobés a la cabeza

En Córdoba coincidieron en una cacería el rey Alfonso XIII y el “Guerrita”, retirado ya de los toros.
El rey llevaba un magnífico automóvil y el torero un coche arrastrado por cuatro jacas.
-Buen coche llevas- le dijo el monarca a Rafael.
-Tampoco es malo el de “zu” Real “Majestá”. Ahora que, a carrera larga, gano yo.
Poco después, puesta en marcha la comitiva, y no obstante haber salido el último, dejó el rey atrás a todos los demás; pero ocurrió que el suntuoso, auto regio sufrió una “panne”, y mientras reparaban la avería llegó “Guerrita” con sus cuatro jacas andaluzas, quien, encarándose con D. Alfonso, dijo muy satisfecho:
-Ya advertí a “zu” Real “Majestá” que, a carrera larga ganaría yo.

Se cuenta que en una montería que compartió con Alfonso XII , este le comentó que le hubiese gustado conocerlo en su etapa en activo como torero. A lo que El Guerra respondio: Pues haber nasio antes Majestad.AlfonsoXIII le comento que le habia conbfundido con unn obispo y le respondio ¡que obispo ni que cuerno! ¡En lo mio he sido el Papa.  

Que gran cartel hubiese sido. Los Gallos Machaquito y el Guerra.

Preparando la pose para que lo pintara Julio Tomero.

El Segundo Califa del toreo su trono de mimbre

Traje negro, chaquetilla corta, camisa blanca. Así lo tenía dispuesto y así fue amortajado.

Mausoleo de Rafael Guerra Bejarano en el cementerio de la Salud de Córdoba