[REQ_ERR: SSL] [KTrafficClient] Something is wrong. Enable debug mode to see the reason. Que privilegia el cielo y dora el día. – Cosas de Cordoba

Que privilegia el cielo y dora el día.

Poema a Córdoba en la Ronda de Isasas

Este soneto de Luis de Góngora, titulado “Córdoba”, es una de las composiciones más sentidas y equilibradas del poeta cordobés, y una muestra perfecta de su amor por su ciudad natal, así como de su maestría en el lenguaje poético del Siglo de Oro.

El poema es una oda patriótica y elegíaca a Córdoba, vista como símbolo de grandeza pasada y de gloria eterna. Góngora no describe una Córdoba concreta o cotidiana, sino una Córdoba idealizada, casi mítica, elevada por su historia, su belleza natural y su nobleza.

El tono es solemne, de admiración y melancolía: una mezcla de orgullo por el esplendor de la ciudad y nostalgia por los tiempos que ya no son.

El soneto sigue la forma clásica: dos cuartetos y dos tercetos endecasílabos, con rima consonante.

En los cuartetos, Góngora construye una imagen grandiosa de Córdoba a través de una serie de exclamaciones: el muro, las torres, el río Guadalquivir, el llano y las sierras.

En los tercetos, introduce la emoción personal: la nostalgia del poeta y el deseo de que, si alguna vez olvida a su ciudad, no vuelva a verla más.

Aunque es un poema de su primera época, anterior al culteranismo más complejo de su obra posterior, ya se percibe su búsqueda de musicalidad y elevación léxica.

El uso de apóstrofes (“¡Oh excelso muro!”), enumeraciones, paralelismos y el tono solemne crean una sensación de magnificencia.

El Guadalquivir es llamado “gran rey de Andalucía”, y la ciudad se presenta como “flor de España”: imágenes que refuerzan su carácter simbólico y universal.

El último terceto es de una belleza contenida y sincera:

“si entre aquellas ruinas y despojos…

tu memoria no fue alimento mío,

nunca merezcan mis ausentes ojos…”

Aquí Góngora confiesa que su identidad está ligada a Córdoba: si alguna vez deja de nutrirse de su recuerdo, no merece volver a verla. Es un juramento de amor y fidelidad hacia su tierra.

Córdoba es un poema donde Góngora combina la grandeza clásica con la emoción íntima. No hay aquí la oscuridad barroca de su Polifemo o sus Soledades, sino una pureza formal y un equilibrio que recuerdan a Garcilaso, pero con una fuerza expresiva que ya anuncia al Góngora más personal.

En resumen, es un homenaje lírico y patriótico a su ciudad, que la eleva a símbolo de la gloria andaluza a la vez, un retrato de la profunda nostalgia del exilio interior del poeta. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-