[REQ_ERR: SSL] [KTrafficClient] Something is wrong. Enable debug mode to see the reason. Proyecto Islero – Cosas de Cordoba

Proyecto Islero

El sueño de convertir a España en una potencia nuclear comenzó durante la Dictadura, sobrevivió a la Transición y solo acabó después del Golpe de Estado de Antonio Tejero.

Carrero Blanco, el Proyecto Islero y un atentado con ecos nucleares

El Proyecto Islero, el ambicioso y secreto plan para dotar a España de armamento nuclear, alcanzó su punto más alto en 1973, bajo la presidencia de Luis Carrero Blanco. Este marino, arquitecto de la continuidad del régimen. fue el principal defensor del desarrollo de una bomba atómica española.

El objetivo era claro: asegurar una política de defensa autónoma, sin depender de la OTAN ni de Estados Unidos, dotando a España de capacidad disuasoria frente a amenazas estratégicas como Marruecos, en un momento en el que Ceuta, Melilla, el Sáhara Occidental y las Islas Canarias se percibían en peligro.

Para entonces, España ya tenía capacidad técnica —gracias a la ayuda francesa y al acceso indirecto a tecnología estadounidense tras el accidente de Palomares en 1966— para fabricar entre dos y tres bombas de plutonio al año. Además, disponía de uno de los mayores yacimientos de uranio de Europa.

En este contexto, Carrero Blanco en diciembre de 1973 se reúne con Henry Kissinger, secretario de Estado de EE. UU. Durante la entrevista, Carrero exigió garantías de defensa en caso de conflicto con Marruecos o cualquier otro actor hostil. Ante la negativa de Kissinger, Carrero —según varios informes— le mostró un dosier clasificado sobre el Proyecto Islero, revelando que España estaba en condiciones de fabricar armas nucleares si se veía amenazada.

La reacción estadounidense fue inmediata. Kissinger abandonó precipitadamente Madrid. Al día siguiente, el 20 de diciembre de 1973, Carrero Blanco fue asesinado en el centro de la capital en un atentado espectacular ejecutado por ETA.

¿Una ejecución con implicaciones internacionales? La versión oficial atribuye el atentado a la organización armada ETA, que había preparado durante meses la operación con apoyo logístico en Madrid. Sin embargo, la magnitud del ataque, la precisión quirúrgica del operativo, y sobre todo, el contexto geopolítico han llevado a muchos autores e investigadores a plantear que el asesinato de Carrero Blanco pudo ser alentado o facilitado por actores internacionales, especialmente por los servicios de inteligencia estadounidenses.

El propio historiador Ángel Viñas y otros estudiosos han señalado que Carrero, con su proyecto nuclear, representaba una amenaza al statu quo occidental en plena Guerra Fría. El miedo de EE. UU. no solo era que España fabricara armas nucleares, sino que con ello reclamara un papel propio en el Mediterráneo, fuera del paraguas de la OTAN.

El asesinato truncó en seco tanto su continuidad como jefe del gobierno como el impulso político del Proyecto Islero. Aunque su sucesor, Arias Navarro, trató de revivir el programa con la intención de fabricar hasta 36 bombas de fisión, el proyecto entró en declive. En 1981, se abandonó definitivamente bajo presión de EE. UU., cuando España se vio forzada a firmar los acuerdos de no proliferación nuclear del OIEA.

En 1987, con el ingreso en la CEE como prioridad, el gobierno del PSOE cerró Islero para siempre con la firma del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP).

Un proyecto sepultado bajo los escombros de un coche bomba

La coincidencia temporal entre la reunión con Kissinger, la amenaza nuclear esgrimida por Carrero y su asesinato han alimentado durante décadas una interpretación alternativa al relato oficial. Para muchos, el Proyecto Islero murió el mismo día que su principal valedor fue lanzado por los aires en la calle Claudio Coello de Madrid.

En definitiva, el atentado contra Carrero Blanco no solo truncó una carrera política, sino que puso fin al intento más serio de España por convertirse en una potencia nuclear. El sueño de Islero fue sepultado junto a su impulsor, en un atentado cuya sombra sigue proyectándose sobre los archivos aún clasificados de la Guerra Fría. Soledad Carrasquilla Cabellero, sccc.

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