
El 26 de agosto de 1808, llegaron a Loja (Granada) 4.500 prisioneros franceses bajo el mando del general Vedel. Estos hombres pertenecían al ejército del general Dupont, derrotado en la célebre Batalla de Bailén, la primera gran victoria del ejército español contra las tropas napoleónicas durante la Guerra de Independencia. A este contingente inicial se sumaron más de 7.000 soldados franceses procedentes de Cádiz, lo que elevó el número total de prisioneros a cerca de 13.500 en sucesivas remesas.
Según las condiciones pactadas en las Capitulaciones de Andújar tras la rendición de Dupont, los prisioneros franceses debían ser enviados de vuelta a Francia desde Cádiz en barcos británicos, a cambio de un intercambio con soldados españoles cautivos en suelo francés. Sin embargo, este acuerdo nunca se cumplió. La guerra y las tensiones internacionales hicieron que el gobernador militar de Cádiz tomara la decisión de trasladar a los prisioneros a la inhóspita isla de Cabrera, situada en el archipiélago balear, hasta que se firmara la paz.
Cabrera, una isla de apenas 16 km², desprovista de recursos naturales suficientes para sostener a una población tan numerosa, se convirtió en un auténtico infierno para los prisioneros. Sin acceso adecuado a agua potable, alimentos o refugio, los prisioneros franceses comenzaron a sufrir rápidamente las consecuencias de la desnutrición, las enfermedades y el abandono.
En este escenario de desesperación, se sabe que muchos recurrieron a prácticas extremas para sobrevivir. Testimonios y relatos históricos señalan que un grupo conocido como «los tártaros», que se separó del resto y se refugió en cuevas, practicó el canibalismo y la coprofagia. Estas condiciones han llevado a algunos historiadores a calificar este episodio como el primer campo de concentración de la historia.
Durante los casi seis años que duró el cautiverio, las condiciones siguieron empeorando. De los 13.500 prisioneros enviados inicialmente a Cabrera, solo unos 3.000 lograron sobrevivir hasta el final de la guerra. Finalmente, el 16 de mayo de 1814, tras la derrota de Napoleón y el regreso de Fernando VII al trono de España, los supervivientes fueron liberados y pudieron regresar a Francia.
El cautiverio en Cabrera es un episodio que ilustra la brutalidad de la Guerra de Independencia, tanto en el campo de batalla como en sus consecuencias. Aunque los prisioneros franceses sufrieron condiciones atroces, este evento también refleja las tensiones y limitaciones logísticas de una España devastada por la guerra. Cabrera quedó marcada en la historia como un símbolo de sufrimiento y resistencia, y sus supervivientes se convirtieron en testigos de un capítulo oscuro en las guerras napoleónicas. soledad Carrasquilla caballero. sccc.-
Monolito en recuerdo: “A la memoire des Françoise à Cabrera”.
«Adiós peñascos, adiós montañas,
Grutas, desiertos, antros horribles;
Dejamos vuestras tristes campiñas
Para volver al hogar feliz.
Podemos cantar a coro
Que la paz nos resucitará;
Pues se regresa del otro mundo
Cuando se viene de Cabrera.»
Desconozco el autor.