
El origen del nombre de este enclave se debe a Benito Arias Montano, erudito, teólogo, orientalista y bibliotecario real en el Monasterio de El Escorial al servicio de Felipe II. Figura fascinante del Siglo de Oro español, fue una de las mentes más brillantes de su tiempo y desempeñó un papel fundamental en la edición de la Biblia Políglota de Amberes, un ambicioso proyecto filológico impulsado por la Monarquía Hispánica para consolidar el conocimiento de las Sagradas Escrituras en sus lenguas originales. Su vasto conocimiento abarcaba desde las lenguas semíticas hasta la medicina, la botánica y la filosofía, aunque su interés por disciplinas como la astrología y la alquimia alimentó muchas leyendas en torno a su figura.
Se dice que, durante su estancia en la Peña de Alájar, Arias Montano realizó importantes estudios y hallazgos que quedaron ocultos entre los códices y tratados que recopiló en la Biblioteca de El Escorial, algunos de ellos aún por descifrar. De acuerdo con la tradición, su retiro en este lugar no solo respondía a una búsqueda de tranquilidad para sus investigaciones, sino también a un profundo impulso espiritual que lo llevó a sumergirse en la contemplación y la mística.
Sin embargo, el valor de este paraje sagrado se remonta a tiempos aún más antiguos. Según la tradición, ya en el siglo V fue refugio de San Víctor, un ermitaño que habría encontrado en la soledad de la sierra el entorno ideal para el rezo y la meditación. En los siglos siguientes, con la llegada del islam a la península, en las proximidades de la Peña surgió la alquería de Alájar, cuyo nombre, de origen árabe, significa «la piedra» o «las rocas», una clara referencia a la prominencia geográfica de la zona.
Durante el período andalusí, estas tierras formaban parte del territorio de la Cora de Niebla, un distrito administrativo que abarcaba buena parte de la actual provincia de Huelva. Aunque las pequeñas comunidades rurales solían organizarse en función de intereses agrícolas o estratégicos, el desarrollo de Alájar y su entorno respondió también a motivos religiosos. A pesar de la islamización del territorio, ciertos espacios de la sierra (Como las ermitas de Córdoba) mantuvieron su carácter de lugares de retiro y contemplación, una tradición que se reforzó con la posterior cristianización de la región.
Con la conquista cristiana de la zona en el siglo XIII, la devoción religiosa se afianzó y dio lugar a la construcción de santuarios y ermitas, como la ermita de Nuestra Señora de los Ángeles, que se convertiría en un importante centro de peregrinación. La Peña, con su fuerte carga simbólica y espiritual, siguió atrayendo a personas movidas por el deseo de retiro y ascetismo, entre ellas el propio Arias Montano en el siglo XVI.
Este arraigo religioso influyó en la identidad de la zona, dando forma a una estructura social y cultural que ha perdurado a lo largo de los siglos. A diferencia de otras localidades cuyo crecimiento estuvo marcado por razones defensivas o comerciales, Alájar y su entorno evolucionaron en torno a la espiritualidad, consolidándose como un espacio de culto y recogimiento.
Hoy en día, la Peña de Arias Montano sigue siendo un lugar de especial relevancia histórica, cultural y paisajística. Su mirador ofrece unas vistas espectaculares de la Sierra de Aracena y Picos de Aroche, un entorno natural de gran riqueza ecológica y la memoria de Benito Arias Montano sigue viva en el imaginario popular.
Este magnífico enclave, el pasado y el presente conviven en armonía con la naturaleza de la sierra. La Peña, que en su día acogió la contemplación y el estudio de Arias Montano, sigue siendo un símbolo de misticismo y espiritualidad, un lugar donde la historia, la leyenda y la belleza del paisaje se entrelazan de manera única. Soledad Carrasquilla caballero. sccc.-