[REQ_ERR: SSL] [KTrafficClient] Something is wrong. Enable debug mode to see the reason. Otras fuentes de la Batalla del Campo de la Verdad – Cosas de Cordoba

Otras fuentes de la Batalla del Campo de la Verdad

Conocida en un principio como la Batalla de los Piconeros, ya que, según cuenta la tradición, fueron las personas de este gremio quienes, con sus hocinos, decidieron la victoria final en el Campo de la Verdad a favor de los partidarios de Enrique de Trastámara.

Las fuentes castellanas sobre la Batalla del Campo de la Verdad parecen sacadas más de una leyenda que de un hecho histórico. Quizás los documentos granadinos nos acerquen un poco más a este acontecimiento, que ayudó a cambiar la historia de Castilla, donde los nobles conservaron sus “mercedes” y privilegios, los cuales no pudieron ser abolidos completamente hasta la primera mitad del siglo XIX, cuando, por primera vez, se derogaron en las Cortes de Cádiz el 18 de marzo de 1812.

Sobre la Batalla del Campo de la Verdad, los relatos de los historiadores castellanos presentan lagunas, contradicciones y, sobre todo, hechos inexplicables. Algunas de estas dudas se ven aliviadas con los relatos de algunos autores musulmanes, como Ibn al-Jatib, visir del reino de Granada, quien transmite a otros soberanos y jefes islámicos las victorias conseguidas por los ejércitos de su reino.

La primera carta diplomática que hace referencia a Córdoba entre Granada y Fez, dirigida al jefe de La Meca en octubre de 1369, dice lo siguiente:

“Sitiamos la ciudad de Córdoba, metrópoli de estas ciudades infieles, mansión de abundantes beneficios, y estuvimos a punto de destruir su defensa inexpugnable, de dispersar a su multitud congregada y de añadir la fiesta de su conquista a la religión bienhechora, si no lo hubieran impedido las lluvias y el plazo fijado por el Destino. Nos retiramos de ella después de que el combate hiciera temblar la elevada montaña, y luego de prometer nuestra vuelta, contando con la voluntad divina. Esperamos poder enviar las albricias de su conquista a las ciudades del islam y ofrecer generosamente el don precioso de esta noticia a los reyes que existan en aquellas tierras.”

En una segunda carta dirigida al sultán de Fez, Abú Fares Abdelaziz, Mohamed V describe con más detalle la lucha. En ella informa sobre la campaña contra Córdoba y su alianza con Pedro I, quien esperaba el socorro musulmán:

“Capital de las ciudades infieles, asiento de guerreros famosos, abundante en bondades, comarca cuyo tiempo es anterior al conocimiento del islam, una columna que no se hace caer al primer golpe. El rey Pedro esperaba nuestro socorro y nuestra ayuda, queriendo sacar de los renuevos del islam su porción de beneficio y demandando rasgar su religión con nuestro auxilio y esfuerzo. Se hallaba acampado en el exterior de aquella villa y con él estaban los que habían permanecido bajo su autoridad, su obediencia y unión. Nuestro encuentro con él fue en forma tal que llevó el consuelo a los ojos de los musulmanes y dio fe del brillo y esplendor de nuestra nación religiosa.”

El relato continúa describiendo la batalla: “Ya había avanzado de los defensores de la ciudad un cuerpo de tropas protegido con mallas muy numeroso que se apoyaba en los muros del puente mayor con una guardia descubierta que le cubría las espaldas, compuesta de arqueros y bravos soldados en número considerable. Entonces, corrió contra ellos la caballería ligera de los musulmanes y los rechazaron y vencieron, los desbarataron y dispersaron, los destrozaron con los sables…”

No obstante, la llegada de la lluvia cambió el rumbo de la contienda: “Cuando aceleramos el combate y habíamos ordenado diversas embestidas para castigar a la ciudad de una manera ejemplar, sin que hubiésemos contado con el mayor o menor tiempo para hacerla cesar, hizo Dios que descendiese la lluvia, cuyo tiempo estaba prescrito de antemano, y se hizo igual por su diluvio el terreno alto con el bajo. Fue grande el esfuerzo con este motivo, y sobrevino el quedar arma al brazo y las manos con dificultad para luchar. Durante cinco días, sus murallas no se libraron de ser embestidas, ni sus puertas de repetidos asaltos. Se esperaba verdaderamente la conquista prometida. A no haberlo impedido la lluvia, ciertamente se hubiese cumplido la promesa y la conquista.”

En otra carta dirigida al sultán de Fez, Mohamed V, por medio de su visir Ibn al-Jatib, describe las nuevas algaras y devastaciones realizadas al retirarse del sitio de Córdoba, por los términos de esta capital y de la de Jaén. Este relato es interesante, pues menciona la segunda expedición del rey de Granada sobre Córdoba, ya sin la presencia de Pedro I.

El asesinato de Pedro I en Montiel a manos de su hermanastro Enrique de Trastámara puso fin a estos acontecimientos, que habían puesto a Córdoba en grave riesgo de volver al islam. Por ello, sus defensores —ayudados por la Providencia en forma de lluvia— recibieron el título de “ganadores de la ciudad”, para distinguirlos de los conquistadores, título que se les ha otorgado desde entonces.

En esta imagen de Córdoba parece inspirarse en la Batalla del Campo de la Verdad, donde, bajo un dosel, podría estar representado el rey castellano Pedro I mientras conversa con sus aliados granadinos, Mohamed V, en el mencionado enfrentamiento contra los partidarios cordobeses de Enrique de Trastámara.

La ilustración de 1642 nos ofrece una perspectiva de Córdoba desde la margen izquierda del río Guadalquivir. Tras cruzar el puente, se pueden apreciar los denominados Corrales que existían en la época en el Campo de la Verdad, la Torre de la Calahorra protegiendo la entrada a la ciudad, al otro lado del río a la capital de Imperio Musulmán de Occidente en torno su Aljama y al fondo, Sierra Morena y la salida a la Vía Augusta, mandada construir por Augusto sobre la vía Heráclea de la que ya nos hablaba Polibii en el siglo II anterior a nuestra era, antigua calzada romana que ha existido como único camino desde la meseta a la baja Andalucía hasta pasada la primera mitad del siglo XX. Este grabado «CORDUBA IN HISP.» “Vista de la ciudad de Córdoba”. Se trata de una obra compuesta por ochocientas vistas de ciudades o paisajes del mundo. Fue publicado en la ciudad alemana de Nuremberg en el año 1642 y pertenece a la «Sciographica Cosmica» de Núremberg. Este grabado lo realizo Daniel Meisner, artista bohemio y topógrafo alemán que trabajo en una serie de grabados en el siglo XVII. De la citada colección de 800 dibujos, 26 pertenecen a vistas de la península ibérica. La mayoría de los dedicados a la península connotan negatividad, enmarcado dentro de las guerras de religión del XVII y en un ambiente protestante como el de Nuremberg. Soledad Carrasquilla caballero. sccc.-