
Fotografía de cabeza romana que se encuentra en el Museo Arqueológico de Córdoba. Posible retrato de primer Cesar realizando en mármol que procedente del cortijo de Alcurrucén, en Pedro Abad. El hallazgo de esta escultura nos recuerda la relación de este cortijo con la antigua ciudad romana de Sacili Martialis. Con esta escultura se encontraron tres bustos imperiales que, por su origen y cronología semejante entre tiberiana tardía y claudia temprana, tal vez hubiesen constituido un grupo estatuario que en su día estuvo situado en la antigua ciudad de Sacili.
El 19 de agosto del año 14 d. C., en la ciudad de Nola (Campania), fallecía Cayo Octavio Turino, conocido universalmente como Octavio Augusto, primer emperador de Roma y uno de los personajes más influyentes de la historia universal.
Había nacido en Roma el 23 de septiembre del 63 a. C.. Hijo de Atia —sobrina de Julio César—, fue adoptado póstumamente por su tío abuelo, lo que le situó en la primera línea de la política romana. Tras el asesinato de César en los idus de marzo del 44 a. C., Octavio se convirtió en su heredero político y espiritual. Su ascenso no estuvo exento de guerras civiles: derrotó a Marco Antonio y Cleopatra en la célebre batalla de Accio (31 a. C.), convirtiéndose en dueño absoluto del mundo romano.
En el año 27 a. C., el Senado le concedió el título de Augusto, que desde entonces sería utilizado por los emperadores. A lo largo de su reinado, que se prolongó durante 41 años, Augusto consolidó un régimen que, aunque conservaba las formas republicanas, era en realidad una monarquía encubierta. Se presentó como garante de la paz, la moral y las tradiciones, iniciando el largo periodo de prosperidad conocido como la Pax Romana.
Tras su muerte, el Senado lo divinizó, y su cuerpo fue trasladado a Roma, donde fue incinerado en el Campo de Marte. Desde ese momento pasó a ser venerado como Divus Augustus, filius divi (“el dios Augusto, hijo del divino”), inaugurando una tradición que convertiría al emperador en una figura sagrada.
En Hispania, Augusto jugó un papel decisivo. Fue él quien culminó la conquista de los pueblos del norte, sometiendo a cántabros y astures en una dura campaña que marcó el final de la resistencia indígena. Tras ello, reorganizó el territorio hispano en tres provincias: Tarraconense (al norte y este). Lusitania (oeste). Bética (sur).
Además, impulsó un vasto programa de colonización y romanización, fundando ciudades destinadas a veteranos de sus legiones. Entre ellas destacan: Emerita Augusta (Mérida), Caesaraugusta (Zaragoza), Astigi (Écija), Illici (Elche), Tucci (Martos) y Acci (Guadix). Estas colonias no solo afianzaban la presencia romana, sino que servían de ejemplo de urbanismo, instituciones y vida romana para todo el territorio.
Uno de los grandes beneficiados de esta reorganización fue Córdoba, capital de la provincia Bética, que quedó bajo administración del Senado. La ciudad, que ya había sido Colonia Patricia desde tiempos de César, recibió una refundación augústea que transformó profundamente su fisonomía.
Durante este periodo la ciudad se expandió hacia el río Guadalquivir, adaptando su trazado urbano a un modelo plenamente romano. Se reorganizó el viario y se construyeron nuevos espacios públicos. Se levantó un majestuoso teatro, con la intervención directa del emperador y de familias de la élite local como los Persini Marii y los Annaei, vinculados a la explotación minera. Se construyó un acueducto (Aqua Augusta) que abastecía de agua a la ciudad. Probablemente se inició también la edificación de un anfiteatro, uno de los mayores de la Hispania romana. Se acuñaron monedas con la leyenda Colonia Patricia, prueba del favor imperial y de la importancia simbólica de Córdoba dentro de la Bética.
Con estas obras, Córdoba se consolidó como una de las ciudades más relevantes de Hispania, ejemplo del urbanismo romano y centro administrativo de la provincia.
Más allá de sus conquistas, Augusto dejó en Córdoba y en toda Hispania una impronta que duraría siglos: El fortalecimiento de las instituciones romanas. La integración de las élites locales en la vida política romana. La construcción de infraestructuras y monumentos que transformaron para siempre el paisaje urbano.
Su muerte en el año 14 d. C. no fue solo el final de un hombre, sino el inicio de una tradición: la de la monarquía imperial romana, que se prolongaría durante siglos bajo la sombra de su figura. .-Soledad Carrasquilla Caballero. sccc

Cabeza colosal esculpida en mármol del emperador Augusto. Por su formato cabría pensar en que fuese un acrólito. Encontrada en Santiponce. Se encuentra en el museo arqueológico de Sevilla.

Maqueta en escayola del templo romano de Córdoba del siglo I. Museo Arqueológico de Córdoba.