
“Ni cautivos ni desarmados”. “Ni nos entregamos ni nos vamos de España”.
El 6 de enero de 1944, día de Reyes, se produjo uno de los episodios más trágicos de la guerrilla antifranquista en la provincia de Córdoba. Como consecuencia de la traición de Juan Olmo García, conocido como El Abisinio, la Guardia Civil logró localizar y cercar el cortijo de Mojapiés, situado en el término municipal de Montoro, donde se ocultaba la partida de guerrilleros anarquistas conocida como “Los Jubiles”.
Esta partida formaba parte del entramado de resistencia armada que, tras la derrota republicana en 1939, continuó combatiendo al régimen franquista en zonas rurales y serranas de Andalucía. Integrada mayoritariamente por jornaleros y militantes libertarios perseguidos, Los Jubiles sobrevivían en condiciones extremas, apoyándose en una red de enlaces y refugios, constantemente acosados por las fuerzas de seguridad del Estado.
La delación de El Abisinio, colaborador de la Guardia Civil, permitió a las autoridades conocer con precisión el paradero del grupo. En la madrugada del 6 de enero, el cortijo fue rodeado por efectivos de la Guardia Civil, iniciándose un enfrentamiento armado que concluyó con la muerte de todos los miembros de la partida, a excepción de uno.
El único superviviente fue José Moreno Salazar, apodado Quincallero, natural de Bujalance (Córdoba), quien resultó gravemente herido durante el tiroteo. Incapaz de continuar la huida, fue detenido y trasladado bajo custodia, convirtiéndose en el único testigo directo de la caída definitiva del grupo. Su captura supuso el cierre de uno de los últimos focos guerrilleros de inspiración anarquista activos en la campiña cordobesa en aquellos años.
La operación fue presentada por las autoridades franquistas como un éxito en la lucha contra el “bandolerismo”, término utilizado oficialmente para deslegitimar cualquier forma de resistencia armada. Sin embargo, desde una perspectiva histórica, la aniquilación de Los Jubiles se inscribe en el contexto de la represión sistemática de la posguerra, marcada por ejecuciones, delaciones forzadas, miedo y una dura persecución de antiguos combatientes y militantes republicanos.
El episodio del cortijo de Mojapiés simboliza el ocaso de la guerrilla libertaria en la provincia de Córdoba, así como la fragilidad de estos grupos, permanentemente expuestos a la traición y al cerco policial. También pone de relieve el drama humano de una generación derrotada que, incluso años después del final oficial de la guerra, siguió pagando con su vida el precio de la resistencia.
Hoy, este suceso forma parte de la memoria histórica de la provincia, recordando una etapa oscura en la que la violencia, el silencio y el miedo marcaron la vida cotidiana de muchos pueblos andaluces. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-
Relieve en mármol de la fosa de la Memoria Histórica del cementerio de Andújar.

Los hermanos Jubiles: Juan, Francisco y Sebastián Rodríguez Muñoz