
Julio César fue uno de los personajes más importantes de la historia de Roma y del mundo antiguo. General, político y escritor, y sus acciones contribuyeron a la caída de la República romana y al nacimiento del Imperio.
César destacó por sus campañas militares, especialmente en la conquista de las Galias, y por su gran habilidad política. Tras una guerra civil contra Pompeyo, se convirtió en dictador de Roma.
Su poder generó temor entre algunos senadores y finalmente fue asesinado el 15 de marzo del 44 a.C. en el Senado romano.
En el año 61 a.C., Julio César fue nombrado gobernador de la Hispania Ulterior, territorio que incluía gran parte de la futura Bética. Durante su estancia dirigió campañas militares contra pueblos locales que resistían el dominio romano. Además, logró victorias que le dieron prestigio militar y riqueza, y consiguió el dinero necesario para pagar sus grandes deudas en Roma. Esta etapa fue clave para el desarrollo de su carrera política.
Cuando comenzó la guerra civil entre César y Pompeyo, muchas ciudades de Hispania apoyaron a Pompeyo. Tras derrotarlo en Grecia, César volvió a Hispania para enfrentarse a los partidarios pompeyanos. El conflicto culminó en el año 45 a.C. con la Batalla de Munda.
Esta batalla fue la última gran batalla de la guerra civil. César venció definitivamente a los seguidores de Pompeyo y aseguró el control romano del territorio.
La Bética fue importante para Julio César por varias razones. Fue uno de los primeros territorios que gobernó, allí consiguió fama militar y recursos económicos, y además fue el escenario de la última batalla decisiva de su guerra civil. Por ello, Hispania y especialmente la Bética tuvieron un papel relevante en su ascenso al poder.
La relación entre Julio César y la Bética fue muy estrecha. La región influyó en su carrera política y militar y fue escenario de uno de los momentos decisivos de su vida: la victoria final en la guerra civil.
Córdoba fue una de las ciudades más importantes de la provincia romana de la Bética. En época romana se llamaba Corduba y era un importante centro político, económico y cultural. Con el tiempo llegó a ser la capital de la provincia.
Julio César tuvo una relación directa con Córdoba durante las guerras civiles romanas. Cuando estalló la guerra civil entre César y Pompeyo, muchas ciudades de Hispania apoyaron al bando pompeyano. Córdoba fue uno de los lugares clave en este conflicto, ya que era un centro estratégico y político de la región.
Después de derrotar a Pompeyo, César regresó a Hispania para enfrentarse a sus seguidores. Durante esta campaña, Córdoba fue ocupada por las fuerzas cesarianas. La ciudad sufrió conflictos internos entre partidarios de César y de Pompeyo, pero finalmente quedó bajo el control de César.
Tras su victoria definitiva en la cercana Batalla de Munda, César consolidó el dominio romano en la región. Córdoba pasó a ser una ciudad plenamente integrada en su poder, lo que favoreció su desarrollo dentro del Imperio romano.
Córdoba, pues, tuvo un papel importante en la guerra civil de Julio César en Hispania. Al ser una ciudad estratégica de la Bética, fue fundamental para dominar el sur de la península ibérica. Soledad Carrasquilla Caballero. Sccc.-
Escultura de Julio César obra de Nicolas Coustou realizada en el s. XVII. Museo del Louvre