
El peligro de ser piloto del “Cártel del Fuego”
Ser piloto de extinción de incendios forestales es una de las profesiones más arriesgadas de la aviación civil. Vuelos a baja altura, maniobras extremas, visibilidad reducida por el humo, altas temperaturas y aeronaves cargadas al límite convierten cada salida en una apuesta contra el destino. En ese escenario, muchos nombres han quedado grabados para siempre en la memoria de sus pueblos y en la historia silenciosa de la lucha contra el fuego.
Antonio Fernández, conocido popularmente como “El Carloto aéreo”, nació en La Carlota y fue vecino de Aldea Quintana, en la provincia de Córdoba. El 1 de enero de 2011 perdió la vida mientras pilotaba un Air Tractor AT-802 de la empresa cordobesa FAASA, durante labores de control y extinción de un incendio forestal en la comuna de Santa Juana, en la región chilena del Biobío. Aquel día, el cielo chileno se convirtió en su último campo de batalla, en una profesión que no admite errores ni treguas.
Cinco años después, el 28 de diciembre de 2016, otro andaluz corrió la misma suerte. Ricardo García-Verde Osuna, de 47 años, natural de Écija, falleció también en Chile mientras volaba para la misma compañía. Su avioneta, un Air Tractor AT-802, matrícula CC-CCJ, se estrelló poco antes de las 18:00 horas en el sector de Colcura, cuando se dirigía a apoyar las labores del cuerpo de bomberos en un incendio forestal. La empresa FAASA operaba en aquel momento bajo contrato con la chilena Forestal Arauco. Las causas del siniestro nunca llegaron a esclarecerse plenamente, como ocurre en demasiadas ocasiones.
Estos dos nombres no son una excepción. Según la documentación revisada por eldiario.es Andalucía, basada en informes de la Comisión de Investigación de Accidentes e Incidentes de Aviación Civil (CIAIAC) —organismo dependiente del Ministerio de Fomento—, desde el año 2000 se han producido 18 accidentes mortales relacionados con la extinción aérea de incendios. El balance es estremecedor: 27 personas fallecidas y 113 heridas en 95 accidentes con víctimas de diversa consideración.
Los pilotos no han sido las únicas víctimas. En estos siniestros también han perdido la vida copilotos y bomberos forestales transportados hasta el corazón de las llamas. Sindicatos del sector y asociaciones de víctimas llevan años denunciando la precariedad, la presión operativa y la falta de mejoras estructurales en un sistema donde, demasiadas veces, el factor humano acaba pagando el precio más alto.
En la entrada del aeropuerto de Córdoba se alza una escultura dedicada a los pilotos contra incendios. En ella se reconoce el rostro de uno de estos hombres del aire, símbolo de todos los que despegan sabiendo que tal vez no regresen.
En el sector circula una frase tan cruda como reveladora: «La pieza más barata de un helicóptero es la de carne y hueso».
Esa sentencia resume, con brutal honestidad, el verdadero peligro de ser piloto del llamado “Cártel del Fuego”, donde la urgencia económica y la presión operativa conviven con el heroísmo cotidiano.
Antonio Fernández, El Carloto aéreo, y Ricardo García-Verde Osuna quedaron unidos para siempre, hermanados en la vida y en la muerte. Sus nombres siguen planeando, simbólicamente, sobre el cielo de Andalucía, sobre el curso cercano del Guadalquivir, recordándonos que detrás de cada incendio apagado hay hombres que se jugaron —y a veces perdieron— la vida para que otros pudieran seguir adelante. Soledad Carrasquilla caballero. sccc.-

Placa explicativa de la razón del monumento.

Todo un detalle ponerle a la escultura el rostro del «Carloto aéreo”.