
Emplazada sobre el monte de mayor elevación del entorno, esta villa toma su nombre actual de dicha característica geográfica. Se barajan varias hipótesis sobre el origen de su antiguo nombre, Ulio: podría derivar del vocablo turdetano ulia, que significa «monte», o bien hacer referencia al nombre del rey fundador de la ciudad, Sículo I o Sículo II.
Desde tiempos prehistóricos, los habitantes de Ulio utilizaron el vaso campaniforme y depositaron exvotos ibéricos en sus tumbas. Mil años después, la ciudad tomó partido por Julio César en la batalla de Munda, lo que le valió diversas recompensas, como la donación de tierras y la exención de impuestos. En agradecimiento por su fidelidad, César le otorgó el título de Fidentia, que desde entonces formaría parte de su nombre. Tras la victoria definitiva de César sobre los hijos de Pompeyo, la ciudad vivió un período de esplendor. El Bellum Hispaniense, atribuido a Aulo Hircio, relata que Ulia fue la única ciudad de la Bética que permaneció fiel a Julio César durante la guerra civil.
Los restos arqueológicos de la época romana en Montemayor son abundantes, destacándose materiales bélicos, monedas acuñadas en Ulia, esculturas y fragmentos de inscripciones. No obstante, con la decadencia del Imperio Romano, la ciudad sufrió un declive, del que se tienen pocas referencias en los siglos posteriores.
Desde los primeros tiempos del cristianismo en la Bética, Ulia contó con una catedral y tuvo como obispo, a mediados del siglo II, a San Cuadrado. Sin embargo, durante la dominación visigoda, la ciudad entró en una etapa de decadencia, de la cual no se conservan referencias arqueológicas ni documentales.
Durante el Emirato de Córdoba, Montemayor pasó a formar parte de la Cora de Córdoba, adoptando el nombre andalusí de Ulyat Kanbaniya. El geógrafo Al-Sahqundí menciona sus tierras como una región de abundante y excelente trigo.
Tras la conquista de Córdoba por los castellanos, el territorio fue otorgado a Fernán Núñez de Témez, primer tronco de la Casa de los Fernández de Córdoba en Andalucía. Más tarde, esta familia se dividiría en las grandes Casas Capitales de Córdoba: Aguilar o Priego, Cabra, los Donceles o Comares y Alcaudete. Como pago por su participación en la conquista, Fernando III de Castilla recompensó a Fernán Núñez con tierras.
Uno de los monumentos más emblemáticos de Montemayor es la torre del castillo, reconstruida en el siglo XIV por Martín Alfonso de Córdoba por orden del rey Alfonso XI de Castilla. Este castillo está considerado uno de los mejores ejemplos de arquitectura militar en la provincia de Córdoba.
La concesión real autorizaba a Martín Alfonso de Córdoba, conocido como «el Bueno», a construir un castillo en su villa de Montemayor con la condición de poblar la heredad, ya que se trataba de una zona fronteriza en constante conflicto con el Reino de Granada.
El castillo de Montemayor fue erigido sobre los terrenos de la antigua Ulia, utilizando restos de la ciudad romana y materiales de acarreo de la fortaleza andalusí de Soricaria. Prueba de ello son los numerosos fragmentos de columnas, piedras de molino y otros elementos arquitectónicos hallados en sus cimientos y muros. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-