[REQ_ERR: SSL] [KTrafficClient] Something is wrong. Enable debug mode to see the reason. Manuel Tarazona Ayala – Cosas de Cordoba

Manuel Tarazona Ayala

El 13 de agosto de 1936 moría en Córdoba, fusilado en el Cuartel de Marrubial (Lepanto), el capitán Manuel Tarazona Ayala, ejecutado por haber permanecido fiel a la legalidad constitucional de la Segunda República en los días más oscuros del golpe militar. Tenía apenas 35 años. Su nombre, hoy casi olvidado, encarna la trayectoria de muchos oficiales jóvenes que, pese a haber combatido en Marruecos y forjado su carrera en unidades de élite, decidieron defender la legitimidad democrática hasta las últimas consecuencias.

Nacido en Madrid en 1901, ingresó con solo 17 años en la Academia de Infantería de Toledo, cantera de una generación marcada por la guerra de Marruecos. Ascendió a alférez en 1921 y fue destinado a Melilla en plena efervescencia bélica. Durante las campañas del Rif sirvió en la Legión y en Regulares, participando en numerosos combates. En 1924 resultó herido en una pierna y un año después estuvo presente en el desembarco de Alhucemas, una de las operaciones anfibias más importantes de la historia militar española. Su valor y experiencia le valieron varias condecoraciones.

En el momento del golpe de Estado, Tarazona estaba destinado en Córdoba al frente de una compañía de Guardias de Asalto, la fuerza policial más preparada y leal al orden republicano. La madrugada del 18 de julio, organizó junto al teniente Antonio Navajas Rodríguez-Carreterola —que ese mismo día se pasaría a los sublevados— y 240 Guardias de Asalto la defensa del Gobierno Civil, uno de los puntos clave para frenar la insurrección militar.

El coronel Cascajo, ya decidido a unirse a los sublevados, llamó al gobernador civil Antonio Rodríguez de León para comunicarle su cese y la declaración del estado de guerra, exigiendo la rendición inmediata de los edificios oficiales. Ante la negativa del gobernador, Cascajo ordenó el asalto.

A última hora de la tarde del 18 de julio comenzó un intenso intercambio de fusilería entre los guardias leales y las fuerzas insurrectas que avanzaban por el centro de Córdoba. El enfrentamiento fue decisivo: los artilleros sublevados, apostados en la zona entonces conocida como Glorieta de los Artilleros (actual cruce entre Ronda de los Tejares y el Bulevar del Gran Capitán), dispararon un cañonazo contra el edificio, que puso fin a la resistencia.

Tras la entrada forzosa, los golpistas detuvieron al capitán Manuel Tarazona, al gobernador civil, al presidente de la Diputación, al diputado Manuel Castro Molina, así como a los políticos republicanos José Guerra Lozano, Joaquín García Hidalgo (exdiputado) y Pedro Ruiz Santaella, presidente de Unión Republicana. Algunos consiguieron escapar, como el alcalde Manuel Sánchez Badajoz y el diputado Vicente Martín Romera.

Tarazona fue sometido a un consejo de guerra sumarísimo —ritual habitual en los primeros días del golpe— y condenado a muerte por “auxilio a la rebelión”, una ironía jurídica repetida en miles de procesos similares: quienes defendían la ley fueron acusados de rebelarse contra los que la estaban destruyendo.

El 13 de agosto, en el paredón del Cuartel de Marrubial, fue fusilado. Con él, Córdoba perdía no solo a un militar profesional y condecorado, sino a un defensor del orden constitucional que eligió permanecer fiel a su juramento.

Hoy, su historia forma parte de la memoria democrática de la ciudad y del país: la de quienes, en medio del caos y del miedo, mantuvieron la lealtad a la legalidad y pagaron con su vida.

Manuel Tarazona Ayala está enterrado en el cementerio de San Rafael.
Frases del capitán Tarazona de aquel aciago 18 de Julio:
“Vengo de capitanía. He podido escapar de allí alegando que me encontraba enfermo. No hay tiempo que perder. Las tropas están ya en la calle y tenemos que hacerle frente. Hay que defender al Gobierno.»
«No pude escuchar, y le contesté”: «-No conozco más razones, ni más compañerismo que la legalidad y las autoridades legítimas” (Contesto al comandante de la Guardia Civil Luis Zurdo cuanto trato de persuadirlo como compañero)
La emisora de Radio Córdoba ya tomada por los sublevados comenzó a hacer llamadas como la siguiente:
«¡Capitán Tarazona, capitán Tarazona!. Se le recuerda el Código de Justicia Militar y la responsabilidad que contrae, si no se entrega con las fuerzas a su mando, cuando en realidad el responsable era el Gobernador Civil, Tarazona solo estaba a sus órdenes. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-