
Escultura yacente del mausoleo de Manuel María Trujillo y Jurado en la Iglesia abacial de Alcalá la Real.
Un reformador franciscano en la Ilustración española.
El 1 de marzo de 1814, falleció en Alcalá la Real Manuel María Trujillo y Jurado, un destacado religioso y reformador franciscano de la Ilustración. Había nacido el 1 de enero de 1728 en Baena (Córdoba) y dedicó su vida al servicio eclesiástico, a la reforma de su orden y a la asistencia social.
Desde joven, Trujillo y Jurado ingresó en la Orden de San Francisco, donde destacó rápidamente por sus conocimientos teológicos y su espíritu reformador. A lo largo de su vida ocupó diversos cargos de gran relevancia: Guardián del convento de Alcaudete. Secretario del ministro provincial, P. Quesada. Custodio de la Provincia Franciscana. Comisario General de Indias, un cargo de gran responsabilidad que le permitió supervisar las misiones franciscanas en América. Obispo de Albarracín, aunque su mandato fue breve y terminó en controversia.
El 6 de diciembre de 1800, fue elegido Ministro Provincial de Granada por unanimidad en el capítulo celebrado en el Convento de la Madre de Dios de Lucena.
A partir de 1799 y hasta su fallecimiento en 1814, ejerció como abad de la Abadía de Alcalá la Real, donde desarrolló una intensa labor pastoral y social.
Uno de los episodios más relevantes de su carrera fue su enfrentamiento con las autoridades civiles y eclesiásticas, que terminó con su destitución como obispo de Albarracín. Trujillo y Jurado fue sustituido en el cargo y relegado a ser asistente del nuevo prelado, en lo que muchos interpretaron como una maniobra política para apartarlo del poder.
A pesar de este revés, continuó con su labor en la Orden Franciscana y en la Abadía de Alcalá la Real, donde dejó su huella más duradera.
Uno de sus mayores logros fue la fundación de instituciones destinadas a la asistencia social y la caridad. Impulsó la creación de las Casas de Misericordia de Alcalá la Real y Priego de Córdoba, establecimientos que ofrecían refugio y ayuda a los más necesitados, en línea con las reformas ilustradas que promovían la asistencia a pobres y enfermos.
También fue uno de los impulsores de la Hermandad del Dulce Nombre de Jesús, una cofradía con fines piadosos y de beneficencia.
En 1810, otorgó testamento, incluyendo en él el Real Reglamento de funcionamiento de las Casas de Misericordia que había fundado, asegurando así su continuidad y organización.
Manuel María Trujillo y Jurado fue una figura clave en la España ilustrada del siglo XVIII y principios del XIX, combinando su labor religiosa con un fuerte compromiso social. Su legado perdura en las instituciones que ayudó a crear, reflejo de su visión reformista dentro de la Iglesia y de su constante lucha por la justicia y la caridad en tiempos convulsos. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-

