Manolete en México, en una reunión con sus paisanos republicanos en el exilio.

Fotografía realizada en la embajada de Ecuador en Méjico, en ella podemos ver a Manolete, Jaén Morente, Pedro Garfias, Juan Rejano y Francisco Azorín.
Lejos de su tierra, en pleno exilio tras la derrota de la Segunda República, un grupo de destacados cordobeses se reúne en la Embajada de Ecuador en México, en el año 1945, junto a personalidades de diversos ámbitos de la cultura española, para rendir homenaje al historiador Antonio Jaén Morente.
México no solo ofreció refugio a los exiliados españoles: les dio voz, espacio y dignidad.
Aquel día se compartieron memorias y esperanzas. A la cita acude también Manolete, el gran torero de Córdoba. Aunque ajeno al exilio político, Manolete se muestra cercano. Escucha, observa. Su presencia es un gesto de respeto hacia quienes lo han perdido casi todo, salvo la palabra. La escena, más allá de lo anecdótico, representa un cruce de caminos entre dos mundos: el del arte popular y el de la intelectualidad republicana en el exilio.
Manolete se encuentra rodeado de algunos de sus paisanos exiliados, figuras destacadas de la cultura y la política republicana. A pesar de su fama y su aparente lejanía del compromiso político, escucha con respeto y sincero interés las conversaciones cargadas de nostalgia, memoria y convicciones.
Entre los asistentes al homenaje a Antonio Jaén Morente se encuentran historiadores y políticos, también cordobeses, exiliados tras la Guerra Civil y catedráticos en universidades mexicanas. Reflexionan sobre la España perdida y el papel de la cultura como forma de resistencia.
Le acompaña el poeta y periodista Juan Rejano, cuya obra exhala el dolor del exilio y la firmeza de sus ideales. Habla con pasión de la Córdoba republicana, que lleva tatuada en el alma. Está también Francisco Azorín Izquierdo, arquitecto y político reformista, figura clave en la Córdoba de la Segunda República, que aporta una mirada estructurada sobre el porvenir y la reconstrucción moral de España desde el destierro. Finalmente, Pedro Garfias, poeta de la Generación del 27 y símbolo de la diáspora republicana, autor del desgarrador poema “Entre España y México”, recita algunos versos entre copa y copa, con voz grave y emocionada.
En ese ambiente, el diálogo fluye entre anécdotas de la tierra natal, recuerdos de la vida anterior a la guerra y reflexiones sobre la identidad, la derrota y el compromiso. Manolete, aunque alejado de la militancia activa, se muestra humano, solidario, consciente del drama que ha sacudido a su país. No es solo el ídolo taurino; en ese momento, es un cordobés más, compartiendo mesa, palabras y silencios con quienes, desde el exilio, mantienen viva la esperanza de una España libre y justa.
Está Antonio Jaén Morente, historiador, catedrático, exministro de Instrucción Pública durante la República, ahora profesor en universidades mexicanas. Analiza la historia de España con una mirada lúcida, pedagógica y profundamente comprometida.
A su lado, Juan Rejano, redactor en el diario El Nacional y alma de la revista Romance, pone palabras al dolor del destierro y a la lucha perdida. Sus versos hablan de Córdoba como se habla de una madre ausente.
Francisco Azorín Izquierdo, arquitecto modernista y defensor del municipalismo, comparte su visión de la ciudad y la república como espacios de justicia, aún desde el otro lado del océano.
Y, por supuesto, Pedro Garfias, que recita con voz rota:
“México, nos diste el agua / y el pan de cada día…”
Manolete no habla mucho. No lo necesita. Su sola presencia, en un entorno tan cargado de memoria y compromiso, demuestra que la cultura no tiene una sola forma de expresarse. También el torero, ídolo de las masas, puede ser símbolo de identidad y raíz compartida.
Aquel encuentro no fue casual. Fue historia. Un episodio apenas contado que habla del exilio, del diálogo entre mundos y del papel de la cultura —sea alta, popular, escrita o vivida— como puente entre quienes comparten una patria arrebatada.
Recordar también es resistir. Soledad Carrasquilla caballero. sccc.-