
Fotografía de la reproducción de la portada del álbum donado por la Comisión Organizadora de la Asamblea Regional Andaluza de 1933 al Real Círculo de la Amistad de Córdoba. Se trata de las alegorías del Trabajo y la Ciencia actuando como proyecto de escudo de Andalucía. Realizada en cuero repujado por el cordobés Rafael Soldevill. Se encuentra en el Archivo Provincial de Córdoba como deposito del Archivo Fotográfico Romero de Torres.
El día 1 de enero de 1919, Blas Infante firmó en el Círculo de la Amistad de Córdoba, junto a otros representantes de varios Centros Andaluces, el histórico Manifiesto andalucista de Córdoba. Este documento, piedra angular del andalucismo moderno, definía con claridad el concepto de Andalucía como una nacionalidad histórica dentro de una España federal, planteando una visión profundamente renovadora de la estructura territorial del Estado.
La Asamblea de Córdoba reunió a miembros de diversos Centros Andaluces procedentes de distintas provincias, entre ellos los de Cádiz, Sevilla, Málaga, Granada y la propia Córdoba. Estas entidades, nacidas al calor del regeneracionismo de principios del siglo XX, actuaban como núcleos culturales, cívicos y políticos que promovían la conciencia andaluza y defendían un proyecto común de autonomía y justicia social para la región.
Entre los firmantes y participantes, además de Blas Infante, se encontraban destacados andalucistas como Antonio Ariza Ariza (Córdoba), Manuel Cordero Rodríguez (Jerez de la Frontera), José Medina Rebollo (Granada), Antonio Amigueti Díaz (Sevilla) y Enrique Marín Ramos (Málaga), entre otros. Todos ellos coincidían en una crítica profunda al centralismo estatal, pero también al caciquismo local y a las estructuras oligárquicas que habían bloqueado el desarrollo económico, cultural y social de Andalucía durante décadas.
El manifiesto, redactado en un momento de gran efervescencia política tras la Primera Guerra Mundial y en plena crisis del sistema de la Restauración, fue una declaración de principios y de ruptura con el modelo de Estado vigente. Se denunciaban los efectos del abandono institucional sobre las clases populares andaluzas —campesinos, jornaleros, obreros— y se reclamaba una Andalucía libre, con instituciones propias, bajo un marco federal que reconociera su personalidad histórica y cultural.
Como expresó el propio Blas Infante en uno de sus pasajes más contundentes:
“Sentimos llegar la hora suprema en que habrá que consumarse definitivamente el acabamiento de la vieja España (…). Declarémonos separatistas de este Estado que, con relación a individuos y pueblos, conculca sin freno los fueros de la justicia y del interés y, sobre todo, los sagrados fueros de la Libertad (…). Ya no vale resguardar sus miserables intereses con el escudo de la solidaridad o la unidad, que dicen nacional”.
Estas palabras, lejos de ser una simple proclama ideológica, reflejan la profundidad de un pensamiento político arraigado en la defensa de la identidad andaluza, de su cultura, de su historia y de su derecho a gobernarse a sí misma. Córdoba, elegida como sede para esta asamblea, no fue una elección casual: su centralidad geográfica y su peso simbólico e histórico como antigua capital califal y núcleo de convivencia de culturas, reforzaban su papel como eje articulador de las aspiraciones del pueblo andaluz.
Hoy, un azulejo colocado en uno de los patios del Círculo de la Amistad de la capital cordobesa recuerda la celebración de aquella Asamblea de 1919. Aquel acto visionario habría de esperar más de seis décadas para que algunas de sus reivindicaciones fueran parcialmente atendidas con la consecución de la autonomía andaluza en 1981, tras una intensa movilización popular que culminó en el referéndum del 28 de febrero.
Más de un siglo después de aquel histórico encuentro, Córdoba sigue ocupando un lugar clave en la vertebración territorial de Andalucía. Su posición estratégica, su capital humano y su legado como sede del primer manifiesto político moderno del andalucismo convierten a la ciudad en un referente indispensable para comprender y proyectar el presente y futuro de la Autonomía andaluza.
El legado de Blas Infante —reconocido oficialmente como Padre de la Patria Andaluza— sigue vivo hoy en las instituciones y en la conciencia colectiva de Andalucía. El propio Estatuto de Autonomía aprobado en 2007 recoge expresamente los principios del andalucismo histórico y reivindica la Asamblea de Córdoba de 1919 como uno de los antecedentes fundamentales del autogobierno andaluz. Las palabras de Infante y sus compañeros siguen resonando como una llamada a la justicia, la igualdad y la libertad de los pueblos. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-
.