[REQ_ERR: SSL] [KTrafficClient] Something is wrong. Enable debug mode to see the reason. Los naranjos de la Mezquita. – Cosas de Cordoba

Los naranjos de la Mezquita.

Tras el horror nuclear que asoló Hiroshima el 6 de agosto de 1945, un sacerdote jesuita japonés, profundamente conmovido por la devastación y la pérdida de vidas humanas, buscó un símbolo que pudiera representar la resiliencia, la esperanza y la paz. Supo entonces de un lugar al otro lado del mundo, en el sur de España, donde los naranjos florecían desde hacía siglos en un espacio cargado de espiritualidad: el Patio de los Naranjos de la Mezquita de Córdoba.

Aquel jesuita pidió semillas de esos naranjos milenarios para plantarlos en su país natal, en un jardín dedicado a la memoria de las víctimas de la bomba atómica, pero también como símbolo de renacimiento y reconciliación. Los naranjos cordobeses, nacidos en un lugar de diálogo entre culturas y religiones, cruzaron medio mundo para echar raíces en suelo japonés, en un gesto de humanidad y consuelo.

El Patio de los Naranjos, conocido en época andalusí como el patio de las abluciones, era originalmente un espacio porticado y abierto, diseñado para permitir la oración colectiva de los fieles antes de entrar a la mezquita. En sus galerías se impartían clases y se celebraban juicios. Tras la conquista cristiana de Córdoba en 1236, el patio fue transformado: se cegaron los arcos y se adaptó al nuevo culto.

La primera referencia documentada a la presencia de naranjos en el patio data de 1512, aunque es probable que su cultivo comenzara incluso antes. En el siglo XVIII se enriqueció con nuevos elementos vegetales, como olivos y cipreses, que añadieron diversidad simbólica y cromática al conjunto.

Hoy, el patio cuenta con 98 naranjos, alineados en hileras con precisión casi geométrica, que ofrecen sombra, perfume y una visión atemporal de Córdoba. Árboles que han sido testigos silenciosos de siglos de historia, y que, gracias al gesto de un religioso japonés, también han echado raíces en la memoria de la humanidad como emblemas de paz Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-