[REQ_ERR: SSL] [KTrafficClient] Something is wrong. Enable debug mode to see the reason. Lo pienso y así lo digo – Cosas de Cordoba

Lo pienso y así lo digo

Córdoba fue la patria de Séneca, de Lucano, de Osio, de Eulogio, de Maimónides, de Hasday ibn Shaprut, de Averroes, de Ibn Arabi y de tantos otros personajes que iluminaron el saber universal con inteligencia, erudición y una visión trascendente que desbordó los límites de su tiempo. Por azares del destino, también es la ciudad donde nacimos, heredera de ese legado excepcional.

En sus piedras y en su memoria se concentran siglos de fe y pensamiento: Astarté y Baal, dioses tartesios; las divinidades clásicas del panteón griego y romano; el Dios de Israel; el Dios cristiano en sus diversas interpretaciones —ortodoxa, arriana, católica—; el Dios del islam… Todos ellos fueron adorados, discutidos, comprendidos y reinterpretados en Córdoba. Pocas ciudades en el mundo pueden presentar un mosaico tan diverso de creencias y tradiciones espirituales.

De ahí que podamos concluir que, por encima de los dioses y de los credos, en Córdoba sobresale el hombre mismo. Su capacidad de diálogo, su tolerancia y su estoicismo se convirtieron en un signo de identidad, en una forma de ser y de entender el mundo. Córdoba fue y puede seguir siendo un espacio donde convivan las diferencias sin necesidad de enfrentamientos, porque la riqueza nace de la pluralidad.

No debemos confrontarnos haciendo proselitismo de nuestras creencias. La fe, en realidad, está íntimamente ligada al lugar donde cada uno nace, a su lengua, a su tradición y a su historia. Como recuerda el Concilio Vaticano II, “todos los caminos son buenos para llegar a Dios”, y el propio Corán nos enseña en la aleya 2:256: “No está permitido forzar a nadie a creer”.

Lo que es bueno para mí no necesariamente tiene que serlo para otro. Pero en el reconocimiento de esa diversidad, y en el respeto a la libertad del otro, encontramos nuestro derecho a ser también respetados. Esa es la verdadera herencia de Córdoba: la ciudad donde los hombres, más allá de sus dioses, aprendieron a convivir bajo el signo de la sabiduría y la tolerancia. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-