[REQ_ERR: SSL] [KTrafficClient] Something is wrong. Enable debug mode to see the reason. Limpiar el suelo en la Mezquita de Córdoba – Cosas de Cordoba

Limpiar el suelo en la Mezquita de Córdoba

Fotografía de la reportera Isabel Steva Hernández, conocida como Colita.  premio Nacional de Fotografía en 2014. Distinción que, han conseguido 9 mujeres en sus 29 años de vida y que Isabel rechazó.

Solo unos años antes del siglo XXI, es decir sobre los 90, aún se limpiaba así la solería de la Mezquita de Córdoba y con lejía.

Aquí explico cómo me dicen que se hace la limpieza de la Mezquita de Córdoba , lo que no me explico, ni me explican, es como quitan del suelo la cera de los pasos que se pasean entre sus columnas, y el humo de las velas e incensarios, que se deposita en las viguería y entablado de madera de su techumbre.

La solería de la Mezquita-Catedral de Córdoba se limpia con un proceso cuidadoso para preservar sus materiales históricos.

Limpieza en seco utilizando aspiradora especial o cepillos de cerdas suaves para eliminar el polvo sin dañar las superficies. Limpieza con agua desmineralizada: Se emplea agua sin minerales para evitar depósitos calcáreos que puedan deteriorar la piedra y el mármol.

Uso de jabones neutros: En zonas más sucias, se aplica jabón neutro diluido y se frota suavemente con bayetas de microfibra o cepillos suaves.

Secado inmediato: Es clave retirar la humedad con paños absorbentes para evitar filtraciones en las juntas y prevenir la aparición de moho.

Productos específicos para mármol y piedra: En algunos casos, se aplican productos especializados aprobados por restauradores para proteger el suelo sin alterar su pátina histórica.

Evitar productos agresivos: No se usan lejías, ácidos ni detergentes fuertes, ya que pueden dañar la piedra caliza y el mármol.

El proceso está supervisado por expertos en conservación del patrimonio para garantizar que el suelo de la Mezquita-Catedral se mantenga en óptimas condiciones sin alterar su valor histórico.

Durante el siglo XX, la limpieza de la solería de la Mezquita-Catedral de Córdoba evolucionó conforme a los avances en conservación patrimonial. Se pueden distinguir varias etapas en los métodos empleados:

Principios del siglo XX : Métodos tradicionales. Se barría con escobas de palma o de mijo para retirar el polvo y la suciedad. Se fregaba con agua y jabones naturales, como jabón de Marsella o de aceite de oliva. En algunas ocasiones, se usaban cepillos de cerdas naturales para frotar las losas. Se empleaban trapos húmedos para repasar y dar brillo a las piedras pulidas, como el mármol.

Mediados del siglo XX: Se comenzó a usar agua con detergentes sintéticos suaves para una limpieza más efectiva. Aparecieron ceras y productos específicos para el mármol y la piedra, aunque su uso era limitado en edificios históricos. Se utilizaban fregonas y trapos más modernos, aunque aún se hacía limpieza manual en muchas zonas. Se seguían aplicando técnicas tradicionales, como el secado inmediato para evitar humedades.

Finales del siglo XX: Métodos de conservación preventiva. Se implementaron medidas para reducir la suciedad, como restringir ciertas áreas al turismo masivo. Se introdujeron aspiradoras industriales con filtros especiales para minimizar el polvo sin dañar el   suelo. Se promovió el uso de agua desmineralizada y jabones neutros en la limpieza diaria. Se realizaron estudios científicos sobre el impacto de los productos químicos en la piedra caliza y el mármol.

En esta época se consolidó la idea de que la limpieza debía ser no invasiva y respetuosa con los materiales originales, evitando productos agresivos que pudieran alterar la pátina histórica del suelo.

Durante su etapa como mezquita La solería era principalmente de piedra caliza y mármol, materiales resistentes pero porosos. Se barría con escobas de fibras naturales. Se limpiaba con agua y trapos o esponjas, especialmente antes de la oración. En zonas importantes, se usaban perfumes o esencias en el agua, como agua de rosas.

 La limpieza estaba asociada a la pureza ritual del islam. Se realizaba con frecuencia, especialmente antes de las oraciones del viernes.

 Época cristiana medieval La mezquita fue consagrada catedral después de la toma de Córdoba por Fernando III, cambiando de usos litúrgicos.  Se empezó a adaptar el espacio a los rituales cristianos, lo que incluyó instalar capillas, sillerías, altares, etc. Para su limpieza se mantuvieron técnicas tradicionales, escobas, agua, trapos. Se introdujeron elementos como la arena fina o serrín, que se esparcían por el suelo para absorber la suciedad y luego se barrían. En días solemnes, se limpiaba a fondo para procesiones y celebraciones.

En la Edad Moderna con la ampliación de la Capilla Mayor y el Coro se añadieron suelos nuevos en algunas zonas mármol y azulejos. La limpieza se hacía manual con barrido diario, Fregado con agua y trapos en zonas nobles. Uso puntual de jabones en zonas de mármol.

En el siglo XIX con el auge del romanticismo y primeras restauraciones se inicia la conciencia patrimonial. Limpieza es más controlada, se evitaban productos agresivos. Uso de cal en algunas zonas para desinfección (algo que hoy se considera dañino).

A Principios del siglo XX la limpieza manual, como ya se venía haciendo: escobas, trapos, agua, jabón natural. Se introducen productos químicos, aunque sin mucho criterio conservacionista (a veces se dañaban los materiales).

 Cerca del siglo XXI, aparecen las máquinas de limpieza (fregonas industriales, aspiradoras). Se usaban ceras abrillantadoras en mármoles (hoy desaconsejadas). Comienza el estudio del impacto de la humedad y productos sobre el mármol calizo.

Se impone la conservación preventiva. Reducción del uso de productos agresivos. Agua desmineralizada, jabones neutros. Estudios de laboratorio sobre materiales. Supervisión institucional, intervención de Patrimonio Histórico y restauradores especializados.

 Siglo XXI la limpieza es científica y respetuosa con el patrimonio. Limpieza diaria con microfibras, aspirado suave. Productos específicos para piedra caliza y mármol. Nada de ceras ni abrillantadores industriales. Se monitoriza humedad, temperatura y tránsito de visitantes.

Restauradores certificados actúan en zonas especialmente delicadas. Uso de tecnologías láser o ultrasonidos en limpiezas puntúale.

Periodo andalusí La limpieza y mantenimiento de la mezquita corrían a cargo del estado es decir, eran fondos públicos del tesoro andalusí (bayt al-māl).  Había un responsable del edificio (náẓir o mutawallī) y personal dedicado, como mozos de limpieza y guardias.

Relación con la comunidad: En ocasiones, los fieles también contribuían con limpiezas voluntarias antes de celebraciones importantes.

Tras la conquista cristiana, la mezquita fue convertida en catedral y pasó a depender del Cabildo Catedralicio, asumiendo los costes de mantenimiento, incluida la limpieza. El dinero provenía de Rentas eclesiásticas (tierras, donaciones, diezmos). Aportaciones de nobles y mecenas. Ofrendas y limosnas de fieles.

Se contrataron trabajadores para tareas de mantenimiento, muchas veces ligados a la Iglesia (sacristanes, mozos de coro, etc.).

 En la Edad Moderna y Contemporánea La Catedral continuó bajo el control del Cabildo Catedralicio, que siguió financiando su limpieza. En algunos momentos (como en el siglo XIX), el Estado español intervino con subvenciones para restauraciones o mantenimiento general del edificio por su valor patrimonial.

En los siglos Siglo XX y XXI la limpieza es pagada por El Cabildo Catedralicio de Córdoba, que gestiona el templo desde hace siglos con fondos propios del Cabildo: Ingresos por venta de entradas turísticas. Tienda y actividades culturales. Donaciones y limosnas. Además, hay aportaciones públicas puntuales.

 Subvenciones de la Junta de Andalucía, el Ministerio de Cultura o el Ayuntamiento de Córdoba para labores de conservación y restauración (no tanto para limpieza diaria, sino para trabajos técnicos especializados).

En algunas campañas de restauración específicas, se han involucrado fondos europeos.

El Cabildo Catedralicio contrata a personal propio o a través de empresas externas especializadas en limpieza de bienes patrimoniales. Este personal se encarga de Limpieza diaria de suelos, bancos, pasillos, capillas. Retirada de polvo y control de suciedad provocada por el tránsito turístico. Uso de equipos especiales (aspiradoras con filtros HEPA, mopas de microfibra, agua desmineralizada, etc.) Para zonas delicadas (como mármoles, solería histórica, relieves, mosaicos), se recurre a restauradores titulados y a veces a equipos multidisciplinares. Conservadores-restauradores de piedra. Laboratorios de análisis de materiales (para estudios de limpieza química o mecánica).

Estos trabajos no son diarios, pero se realizan en campañas periódicas (cada ciertos años o según necesidades detectadas).

Ciertas limpiezas o restauraciones están supervisadas por: La Junta de Andalucía (Delegación de Cultura y Patrimonio Histórico). Instituciones académicas, como la Universidad de Córdoba o el Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico (IAPH). A veces también interviene el Ministerio de Cultura, especialmente si hay subvenciones estatales o fondos europeos.

Se garantiza que no se dañe el patrimonio siguiendo protocolos basados en principios de mínima intervención y reversibilidad. Los productos deben ser neutros, sin residuos y no agresivos (por ejemplo, nada de lejía ni amoníaco).Todo el trabajo se documenta y se hace con control fotográfico, fichas técnicas y estudios previos.

Limpieza diaria se hace suelos, zonas de acceso, zonas de culto. Limpieza semanal o quincenal: zonas menos transitadas. Limpiezas puntuales especiales: antes de grandes celebraciones religiosas, visitas institucionales o conmemoraciones.

Las Campañas de conservación cada cierto número de años, según el deterioro observado. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-

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