[REQ_ERR: SSL] [KTrafficClient] Something is wrong. Enable debug mode to see the reason. Líbranos de los Idus de marzo – Cosas de Cordoba

Líbranos de los Idus de marzo

Julio Cesar había desafiado las órdenes senatoriales de no entrar con las tropas a Roma y protagonizar el famoso cruce del Rubicón, momento en el que, al parecer, pronunció la inmortal frase «Alea iacta est» (la suerte está echada). Inició así una nueva guerra civil, entre los romanos—con esta perspectiva el 15 de marzo del año 44 a.C., (dos años después de la batalla de Mundas en  que César tomaron el control de casi toda las colonias romanas incluidas Itálica y  Corduba ) una jornada marcada por presagios y traiciones, se convirtió en una de las fechas más célebres de la historia: los Idus de marzo, día en que Julio César fue asesinado en el Senado romano.

Ese día, César se dirigió a la Curia de Pompeyo para asistir a una sesión en la que se discutiría su inminente expedición contra los partos, el último gran enemigo de Roma en Oriente. Sin embargo, su esposa, Calpurnia, lo instó desesperadamente a no salir de casa. Durante la noche anterior, había tenido sueños perturbadores que le auguraban peligro. Según algunas fuentes, vio en su pesadilla el techo de su hogar derrumbarse y a César sangrando en sus brazos.

A pesar de las advertencias, y en un acto de desafío al destino, César decidió acudir a la reunión. Algunos augurios parecían confirmarle el riesgo: ese mismo día, un vidente que ya le había advertido del peligro de los Idus de marzo se cruzó con él en el camino. César, con su habitual tono burlón, le dijo: —»Los Idus de marzo ya han llegado». A lo que el vidente respondió con gravedad: —»Sí, pero aún no han acabado».

El Senado estaba repleto de conspiradores. Marco Antonio, su leal general y hombre de confianza, fue astutamente retenido en la antesala para que no interfiriera. César, confiado, tomó asiento. Fue entonces cuando los senadores se lanzaron sobre él con puñales ocultos entre sus túnicas.

El primero en herirlo fue Casca, quien le asestó un corte en el hombro. César, sorprendido, intentó defenderse, pero pronto se vio rodeado por más de 60 conjurados que lo atacaron sin piedad. Entre ellos, Bruto, a quien César había considerado casi como un hijo. Se dice que, al recibir la puñalada de su mano, pronunció la frase en griego “καὶ σύ, ¿τέκνον?» (Kai su, teknon?), que posteriormente se latinizó como «Tu quoque, fili mi» («¿Tú también, Bruto, hijo mío?»).

En total, recibió 23 puñaladas, aunque los historiadores modernos sugieren que solo una de ellas fue mortal. Con su toga ensangrentada, cayó a los pies de la estatua de Pompeyo, su antiguo rival. Irónicamente, ese mismo Pompeyo había sido derrotado por César años atrás, consolidando su dominio sobre Roma.

El asesinato no tuvo el efecto esperado por los conspiradores. En lugar de restaurar la República, el caos se desató en la ciudad. Marco Antonio y Octavio, el futuro emperador Augusto, utilizaron la indignación popular para consolidar su poder y vengar la muerte de César. La República Romana jamás se recuperó y, pocos años después, el Imperio se consolidó bajo la autoridad de Octavio.

El asesinato de Julio César marcó un punto de inflexión en la historia. Su muerte simbolizó el fin de la República y el inicio de una nueva era imperial. A lo largo de los siglos, los Idus de marzo han quedado en la memoria colectiva como una advertencia contra la traición, la ambición desmedida y la fragilidad del poder.

En tiempos modernos, la expresión «los Idus de marzo» se utiliza para referirse a momentos de peligro inminente o traiciones inesperadas. La historia nos recuerda que ni siquiera los líderes más poderosos son inmunes a las conjuras, y que la confianza ciega puede ser fatal.

Como decía Shakespeare en su obra Julio César: «Los hombres en ciertos momentos son dueños de su destino. Si caemos, la culpa no es de nuestras estrellas, sino de nosotros mismos.» Los Idus de marzo no solo pertenecen al pasado. Siguen acechando, ocultos en las sombras de la política, la historia y las traiciones del presente. Soledad Carrasquilla. Sccc

Muerte de César. Cuadro de de Carl Theodor von Piloty.