
Escultura en Jimena de la Frontera que representa el dibujo de un barco de las pinturas de la cueva rupestre Laja Alta fechada hace -6000.
Este tipo de embarcaciones navegaron por el río, que aún no se llamaba Betis ni Guadalquivir, pero si ayudaba a los habitantes de sus orillas a transportar la plata hasta Gadeira desde la minas de Sierra Morena.
Tartessos y los orígenes de la navegación en Occidente
Tartessos, identificada con el sur de la península ibérica, ha sido desde siempre objeto de fascinación histórica y arqueológica. Este territorio, asociado a una próspera civilización mencionada por autores griegos y romanos, pudo haber heredado una antigua tradición marítima originada en el entorno del Estrecho de Gibraltar. Este paso estratégico, que conecta el Mediterráneo con el Atlántico, habría sido clave en el desarrollo temprano de la navegación por su papel como corredor de intercambio cultural y comercial.
Considerada por algunos investigadores como el primer reino organizado de Europa occidental, Tartessos fue célebre por su riqueza —especialmente en metales como el oro y la plata— y por su activo comercio con pueblos mediterráneos, en particular con los fenicios. Dichos intercambios dependían en gran medida de una capacidad marítima avanzada, lo que sugiere que las habilidades de navegación y construcción naval en la región eran no solo sofisticadas, sino también herederas de una tradición milenaria que podría remontarse al Neolítico.
La construcción de embarcaciones capaces de navegar por aguas abiertas, como las representadas en la Cueva de la Laja Alta (Jimena de la Frontera, Cádiz), implica siglos —si no milenios— de desarrollo técnico y organizativo. Ello requería un conocimiento profundo de materiales como la madera, las fibras vegetales para fabricar velas, y la comprensión de las corrientes marinas y los vientos dominantes.
Las pinturas rupestres de la Laja Alta muestran embarcaciones de notable sofisticación técnica, con remos y velas perfectamente diferenciados, lo que revela un conocimiento avanzado de la navegación y la construcción naval. Estas representaciones no son un hecho aislado: su existencia indica que la cultura que las creó poseía una tradición marítima consolidada, capaz de organizar flotas y gestionar rutas comerciales.
Lo más significativo de estas pinturas no es solo su antigüedad —en torno a 6.000 años—, sino lo que sugieren acerca de los orígenes de la navegación en el Mediterráneo y el Atlántico. Aunque las dataciones actuales las sitúan en el Calcolítico, podrían reflejar la memoria cultural de una tradición marítima mucho más antigua, quizá iniciada hacia el 8.000 a. C. o incluso antes. Esta posibilidad encajaría con la hipótesis de que la navegación en esta región tiene raíces muy profundas, anteriores a las primeras civilizaciones históricas.
Durante mucho tiempo se asumió que los grandes avances de la humanidad —entre ellos la navegación— se originaron exclusivamente en el Oriente Próximo. Sin embargo, descubrimientos como las pinturas de la Laja Alta plantean que Occidente, y concretamente el entorno del Estrecho de Gibraltar, pudo desempeñar un papel crucial en el desarrollo de la tecnología marítima. En este contexto, la idea de un Ex Occidente Lux cobra sentido: algunas innovaciones fundamentales de la civilización podrían haber surgido en Europa occidental, paralelamente o incluso independientemente de las orientales.
El Estrecho de Gibraltar, como punto de contacto entre dos mares, actuó probablemente como un laboratorio natural de innovación marítima. Sus corrientes, mareas y vientos ofrecían un entorno ideal para que las comunidades prehistóricas experimentaran con nuevas técnicas de navegación y construcción de embarcaciones.
Las escenas de la Cueva de la Laja Alta pueden interpretarse como una manifestación artística de la memoria colectiva de un pueblo profundamente vinculado al mar. No solo documentan una práctica cotidiana, sino que reflejan la dimensión simbólica y cultural del mar como fuente de vida, de riqueza y de expansión. Navegar no era solo desplazarse: era conectar mundos y abrir caminos hacia nuevas oportunidades económicas y culturales.
Si estas representaciones guardan relación con tradiciones orales que más tarde pudieron inspirar a los egipcios o a los relatos sobre civilizaciones marítimas perdidas, su importancia trasciende lo local. Estaríamos ante un testimonio visual de las primeras rutas de intercambio cultural entre el Mediterráneo occidental y otras regiones, evidenciando que la navegación fue un fenómeno global mucho antes de lo que suele creerse.
La evidencia de la Laja Alta —junto con otros posibles indicios de navegación temprana en Occidente— tiene el potencial de redefinir nuestra comprensión de los orígenes de la civilización marítima. No se trata solo de barcos y rutas, sino de cómo estas innovaciones permitieron la expansión del conocimiento, el comercio y la cultura.
Si aceptamos la hipótesis de que la navegación comenzó mucho antes de lo que recogen los registros históricos, y que Occidente desempeñó un papel fundamental en ese proceso, las implicaciones serían profundas: la historia de la civilización humana debería reescribirse reconociendo que tanto Oriente como Occidente fueron cuna de grandes avances tecnológicos y culturales. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-

Barcos pintados en un abrigo a 27 kilómetros en línea recta del Estrecho de Gibraltar. La Laja Alta se ha convertido en un referente nacional e internacional de los estudios de la navegación prehistórica.