
Artículo de prensa con el manifiesto de la Junta Republicana de 1931 publicado en La Voz de Córdoba
El 14 de abril de 1931, Córdoba vivió una jornada histórica cargada de simbolismo y esperanza. Ese día, en plena ebullición política a nivel nacional, el entonces alcalde de la ciudad, Eloy Vaquero Cantillo, proclamó oficialmente la Segunda República Española desde la céntrica plaza de las Tendillas, en un acto que fue recibido con entusiasmo por la población. La noticia de la caída de la monarquía y el triunfo de las candidaturas republicanas en las elecciones municipales del 12 de abril se había propagado rápidamente por todo el país, y Córdoba no fue una excepción.
La proclamación de la República se produjo de forma pacífica y festiva, tanto en Córdoba como en muchas otras ciudades españolas, marcando el inicio de una nueva etapa política presidida por Niceto Alcalá-Zamora, natural de la vecina provincia de Granada. El cambio de régimen fue asumido con rapidez por las autoridades municipales cordobesas, que en cuestión de horas comenzaron a tomar decisiones orientadas a romper con los símbolos y estructuras heredadas del régimen monárquico.
Una de las primeras medidas del nuevo Ayuntamiento fue el cambio de los símbolos nacionales, izando la bandera tricolor (rojo, amarillo y morado) en lugar de la tradicional rojigualda, y adoptando el Himno de Riego como nueva melodía representativa. La bandera republicana ondeó por primera vez en la ciudad desde el balcón del Molino de San Antonio, en el Campo de la Verdad, en la amanecida del mismo 14 de abril, siendo este uno de los primeros lugares cordobeses en exhibirla de manera pública.
Además, el nuevo consistorio impulsó reformas inmediatas que respondían al espíritu transformador del nuevo régimen. Entre ellas destacó la creación de Comisiones Asesoras Ciudadanas, un novedoso mecanismo de participación que integraba concejales, representantes de la ciudadanía y delegaciones obreras, con el objetivo de fomentar una gestión más democrática y cercana de los asuntos municipales. Estas comisiones permitieron que sectores tradicionalmente marginados de la vida política, como la clase trabajadora, comenzaran a tener voz directa en las decisiones que afectaban a la ciudad.
El ambiente de ese día fue de euforia popular, esperanza y celebración, reflejo del profundo deseo de cambio que recorría la sociedad española en aquel momento. La llegada de la Segunda República en Córdoba supuso no solo un relevo institucional, sino el inicio de un proceso de modernización política y social, que intentaría abordar cuestiones tan fundamentales como la educación, la secularización del Estado, la justicia social o la participación ciudadana.
Hoy, al recordar aquel 14 de abril, no solo evocamos un momento político, sino también la fuerza de una ciudadanía que creyó en la posibilidad de construir un país más libre, igualitario y justo desde abajo, desde las plazas y desde los balcones de ciudades como Córdoba. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-