
La masonería en la independencia hispanoamericana: Miranda, Cádiz y San Martín en una misma trama atlántica
La independencia de América Hispana no fue un estallido aislado ni un acto improvisado, sino el resultado de un complejo entramado de ideas, redes y conspiraciones que cruzaron continentes. En ese escenario, la masonería desempeñó un papel decisivo: no tanto como sociedad secreta en sentido estricto, sino como espacio de sociabilidad ilustrada, lugar de formación política y plataforma de coordinación transatlántica.
Tres nodos destacan en esta trama: Francisco de Miranda, la ciudad de Cádiz y José de San Martín. Sus historias, aunque diferentes, se entrelazan para revelar una arquitectura revolucionaria cuya base fue la circulación internacional de ideas y personas.
Miranda fue el primer gran estratega de la emancipación americana, un revolucionario global que supo convertir sus viajes en una red de alianzas.
Iniciado en logias británicas y francesas, participó en la Guerra de Independencia de Estados Unidos, convivió con Washington y Jefferson, y tomó parte en la Revolución Francesa. Comprendió antes que nadie que la lucha por la independencia debía organizarse más allá de las fronteras coloniales.
Para ello creó círculos masónicos y sociedades afines como la Gran Reunión Americana, donde se elaboraron planes para liberar América del Sur. Para Miranda, las logias eran máquinas políticas: discretas, disciplinadas, transnacionales y unidas por un lenguaje común de libertad, igualdad y fraternidad.
En Londres articuló una red que conectaba a criollos, militares, exiliados y simpatizantes. Muchas de las ideas que luego moverían a Bolívar y San Martín nacieron en esos proyectos visionarios que él diseñó.
Mientras Miranda operaba desde Europa, la ciudad de Cádiz se convirtió en un punto crucial para la conspiración atlántica. Asediada por los franceses y convertida en refugio de liberales, Cádiz reunió a comerciantes, criollos americanos, oficiales, ilustrados y conspiradores.
En ese ambiente floreció la Sociedad de los Caballeros Racionales, mencionada en la célebre carta de 1811 enviada desde Londres por Carlos de Alvear, figura clave del movimiento emancipador y cercano a Miranda.
Aunque su carácter masónico no está totalmente documentado, su estructura y propósito —debate político, discreción ritual y acción coordinada— encajan plenamente con el espíritu de las logias.
Cádiz funcionó como puente marítimo entre Europa y América, pero también como puerto intelectual, donde las ideas del liberalismo, los derechos del ciudadano y la soberanía popular circularon con libertad. Allí se formaron muchos de los oficiales criollos que luego llevarían la revolución a América.
La Constitución de 1812, nacida entre cañonazos, proporcionó un marco ideológico que legitimó la ruptura colonial a ambos lados del Atlántico.
Entre los militares que pasaron por Cádiz se encontraba José de San Martín, cuya trayectoria masónica y política es inseparable de su formación gaditana. Iniciado en logias de la ciudad —como la Logia Integridad— y posteriormente miembro de las sociedades lautarinas, San Martín descubrió en esos círculos una ética de disciplina, sacrificio y servicio al bien común.
La masonería le ofreció algo que iba más allá de la sociabilidad: un proyecto continental.
La idea de liberar no solo su tierra natal, sino articular una independencia global desde el Río de la Plata hasta el Perú.
Sus campañas —el cruce de los Andes, la coordinación con O’Higgins, la expedición al Perú— reflejan un pensamiento estratégico que comparte el método, la discreción y el idealismo propio de las logias donde se formó.
Si Miranda fue el visionario que trazó el mapa y Cádiz el puerto donde confluyeron las voluntades, San Martín fue el ejecutor moral y militar del proyecto. Su conducta austera, su renuncia al poder y su salida silenciosa de la escena política encarnan el modelo de “caballero del deber” que tantas logias admiraban.
La independencia hispanoamericana fue posible porque existió una red atlántica de ideas y actores: Miranda, sembrando el proyecto y articulando las primeras redes. Cádiz, facilitando la cohesión ideológica y organizativa en tiempos de guerra y transformación. San Martín, llevando las ideas a la práctica y convirtiéndolas en victorias decisivas.
La masonería les proporcionó un lenguaje común, una estructura de apoyo y un horizonte político compartido. No fue la única fuerza de la independencia, pero sí una de las claves que explican su dimensión internacional. Soledad carrasquilla Caballero. sccc.-

Monumento al general San Martín en la plaza de San Jose de Cadiz

Cementerio de la Carraca donde está enterrado Francisco Miranda y al fondo la pricion de Cuatro Torres, donde murió.

Constitución el 19 de marzo de 1812, madre de la independencia americana.

Signos de la masonería